miércoles, 27 de mayo de 2020

Impermanencia

LA MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE: SÓCRATES, MONTAIGNE, EL BUDA

"LA PREMEDITACIÓN DE LA MUERTE, ES LA PREMEDITACIÓN DE LA LIBERTAD. QUIEN APRENDE A MORIR, DESAPRENDE A SERVIR"

Quizá nada sea tan significativo en la vida como pensar en la muerte. Es posible que la filosofía, la religión e incluso el arte tengan como materia y origen la relación que tiene el ser humano con su impermanencia y con el misterio que la muerte representa para la conciencia. Una de las razones por las cuales el ser humano moderno se encuentra en una crisis –ecológica, intelectual y espiritual– tiene que ver con que la vida moderna, el supuesto progreso y la prosperidad del tecnocapitalismo, ha logrado (aunque no del todo) ocultar la muerte de la vida diaria y ha llenado los espacios de contemplación con entretenimiento. A diferencia de lo que pensaban muchos filósofos helénicos, para quienes la vida era un entrenamiento para la muerte, para nosotros la vida es un entretenimiento mientras llega la muerte. 

Una de las razones por las cuales la pandemia es interesante para la sociedad humana y su futuro es que, a fuerza de hechos lamentables, obliga al ser humano a meditar sobre la muerte y a contemplar qué es realmente importante en la vida. Como ya sugerimos, para Sócrates y para la tradición platónica, la filosofía misma debía entenderse como una preparación para la muerte. La muerte es el momento por excelencia en el que la vida filosófica florece. Un ejemplo de esto lo tenemos en El Fedón, donde uno se admira de la forma en la que Sócrates encara la muerte, con enorme calma y desapego, cumpliendo sus obligaciones –saldando la cuenta con los dioses–, compartiendo su sabiduría con sus amigos y practicando la dialéctica y el ascetismo que conduce a la liberación del alma. Morir con esa calma sin duda es un objetivo en la vida mucho más interesante y valioso que hacer dinero. La confianza de Sócrates estriba en su creencia en la inmortalidad del alma, creencia que intenta incluso demostrar con un argumento lógico.

Pierre Hadot, el gran pensador francés que recobró el espíritu auténtico de la filosofía antigua, notó que la filosofía, si es filosofía, es fundamentalmente un ejercicio espiritual, una forma de vivir y no mero discurso intelectual. Hadot parafrasea a  Sócrates y dice que "entrenar para la muerte es en realidad entrenar para la vida". Lo que hace pensar en la muerte, tener a la muerte siempre presente, pensando en ella, es transformar nuestra relación con la vida. La muerte no sólo es un profundo abismo que yace en el horizonte, también es una luz que puede iluminar el presente, dándole sentido a la vida y motivándonos a ejercitarnos en todo aquello que puede llevarnos a saber morir. 

El filósofo y ensayista francés Michel de Montaigne, quien revivió la escuela escéptica grecolatina –una escuela muy distinta a lo que pensamos popularmente hoy con el término escéptico–, escribió: "No sabemos dónde nos espera la muerte; esperémosla en todas partes. La premeditación de la muerte es la premeditación de la libertad. Quien aprende a morir, desaprende a servir". Montaigne enfatiza que no hay nada qué temer en la muerte y recomienda que no llenemos esta breve vida de tantos planes y proyectos. Es difícil decir en qué consiste esa libertad de la muerte sobre la cual ya no hay "constricciones".  Montaigne abrazó el escepticismo que tiene como fundamento la "suspensión del juicio (o creencia)" (epoché). Pero, por otra parte, en numerosas ocasiones habla como un pensador cristiano y crítica el ateísmo.

Algunos pensadores modernos, ellos mismos inclinados al ateísmo, han leído a Montaigne como un pensador ateo o preateo, en el sentido de que en su época habría sido complicado pronunciarse abiertamente como ateo. De cualquier manera, lo que podemos pensar sin temor a equivocarnos es que para una persona que ha vivido bien y no tiene reproches, apegos o deudas con el mundo, la muerte, ya sea como la antesala de una existencia divina o como la aniquilación, es una forma de libertad.

Por último, quizá sea útil considerar brevemente la forma en la que el pensamiento budista entiende la muerte y por qué considera esencial, como el platonismo o el estoicismo, pensar en la muerte de manera constante. Sabemos que en los monasterios budistas parte esencial del entrenamiento, quizá el pilar central, es la meditación sobre la impermanencia. Los practicantes contemplan su propia muerte –en ocasiones incluso visualizan cadáveres–, la naturaleza compuesta e impermanente de todas las cosas y reflexionan sobre la gran oportunidad que tienen al existir en un cuerpo humano, aunque sea por unos breves momentos.

Para el budismo, la meditación sobre la muerte es la meditación sobre la libertad, pero sólo si es que el practicante "aprende a morir" antes. De otra forma, la muerte es la continuación de la esclavitud, con la posibilidad de incrementar de manera radicalmente mayor la manera en la que sufre esta "esclavitud". Por supuesto, esto descansa en la teoría de la reencarnación, una versión que también es esencial en el pensamiento de Platón.

Aquí la muerte no es vista como algo bueno per se, sino como una enorme oportunidad para, a través de la práctica de la sabiduría, alcanzar finalmente la libertad y salir del calabozo de la existencia cíclica en el cual vivimos, como si fuera la cueva de Platón, engañados por nuestros deseos que atrofian nuestra percepción. Por decirlo de otra manera, la muerte es la prueba final del entrenamiento espiritual, el punto donde nos podemos graduar hacia una total libertad o al menos hacia una vida más propicia para poder eventualmente encontrar la liberación. Tener esto presente, el hecho de esta oportunidad y la naturaleza impermanente de todas las cosas, es la base para poder entrenar y cultivar la calma, la concentración, la virtud moral y la sabiduría que son necesarias para, en el momento de la muerte, tener una mente que se dirige hacia la libertad.

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Así se maneja al mundo

Frase del Día

viernes, 22 de mayo de 2020

Si las licorerías están abiertas ¿por qué no las iglesias?

El Presidente Donald Trump ordena abrir las iglesias, sinagogas y mezquitas.

Consecuencias de la pandemia

Un filósofo surcoreano es tendencia por sus 9 definiciones sobre el Covid-19

Byung-Chul Han es considerado una de las mentes más importantes del momento y se animó a revelar algunos cambios sociales y políticos que están viviendo por la pandemia.


Byung-Chul Han es un filósofo surcoreano reconocido por ser una de las mentes más brillantes del momento. Él no es muy optimista de cara al futuro y asegura que “sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente”.

El hombre de 61 años que nació en Seúl, estudió Filosofía, Literatura y Teología en Alemania. Actualmente vive en ese país. El hombre tiene miedo de que la pandemia sea un arma política para que se impongan  regímenes de vigilancia y cuarentenas biopolíticas, pérdida de libertad, fin del buen vivir o una falta de humanidad generada por la histeria y el miedo colectivo.

El filósofo redactó las 9 definiciones de la pandemia que seducen al mundo: 

1- “El coronavirus está mostrando que la vulnerabilidad o mortalidad humanas no son democráticas, sino que dependen del estatus social. La muerte no es democrática. La Covid-19 no ha cambiado nada al respecto. La muerte nunca ha sido democrática. La pandemia, en particular, pone de relieve los problemas sociales, los fallos y las diferencias de cada sociedad. Con la Covid-19 enferman y mueren los trabajadores pobres de origen inmigrante en las zonas periféricas de las grandes ciudades. Tienen que trabajar. El teletrabajo no se lo pueden permitir los cuidadores, los trabajadores de las fábricas, los que limpian, las vendedoras o los que recogen la basura. Los ricos, por su parte, se mudan a sus casas en el campo".

2- “La pandemia no es solo un problema médico, sino social. Una razón por la que no han muerto tantas personas en Alemania es porque no hay problemas sociales tan graves como en otros países europeos y Estados Unidos. Además el sistema sanitario es mucho mejor en Alemania que en los Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Italia”.

3- “El segundo problema es que la Covid-19 no sustenta a la democracia. Como es bien sabido, del miedo se alimentan los autócratas. En la crisis, las personas vuelven a buscar líderes. El húngaro Viktor Orban se beneficia enormemente de ello, declara el estado de emergencia y lo convierte en una situación normal. Ese es el final de la democracia”.

4- “Con la pandemia nos dirigimos hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud se convierten en objetos de vigilancia digital. El choque pandémico hará que la biopolítica digital se consolide a nivel mundial, que con su control y su sistema de vigilancia se apodere de nuestro cuerpo, dará lugar a una sociedad disciplinaria biopolítica en la que también se monitorizará constantemente nuestro estado de salud”.

5- “El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos. Y vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en última instancia en el miedo a la muerte. Ahora sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplearán para prolongar la vida. En una sociedad de la supervivencia se pierde todo sentido de la buena vida. El placer también se sacrificará al propósito más elevado de la propia salud”.

6- “La pandemia vuelve a hacer visible la muerte, que habíamos suprimido y subcontratado cuidadosamente. La presencia de la muerte en los medios de comunicación está poniendo nerviosa a la gente. La histeria de la supervivencia hace que la sociedad sea tan inhumana. A quien tenemos al lado es un potencial portador del virus y hay que mantenerse a distancia. Los mayores mueren solos en los asilos porque nadie puede visitarles por el riesgo de infección. ¿Esa vida prolongada unos meses es mejor que morir solo? En nuestra histeria por la supervivencia olvidamos por completo lo que es la buena vida”.


7- “Por sobrevivir, sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía. Con la pandemia además se acepta sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales, incluso se prohíben los servicios religiosos. Los sacerdotes también practican el distanciamiento social y usan máscaras protectoras. Sacrifican la creencia a la supervivencia. La caridad se manifiesta mediante el distanciamiento. La virología desempodera a la teología. Todos escuchan a los virólogos, que tienen soberanía absoluta de interpretación. La narrativa de la resurrección da paso a la ideología de la salud y de supervivencia. Ante el virus, la creencia se convierte en una farsa”.


8- “El pánico ante el virus es exagerado. La edad promedio de quienes mueren en Alemania por Covid-19 es 80 u 81 años y la esperanza media de vida es de 80,5 años. Lo que muestra nuestra reacción de pánico ante el virus es que algo anda mal en nuestra sociedad”.

9- “La Covid-19 probablemente no sea un buen presagio para Europa y Estados Unidos. El virus es una prueba para el sistema. Los países asiáticos, que creen poco en el liberalismo, han asumido con bastante rapidez el control de la pandemia, especialmente en el aspecto de la vigilancia digital y biopolítica, inimaginables para Occidente. Europa y Estados Unidos están tropezando. Ante la pandemia están perdiendo su brillo. El virus no detiene el avance de China. China venderá su estado de vigilancia autocrática como modelo de éxito contra la epidemia. Exhibirá por todo el mundo aún con más orgullo la superioridad de su sistema. La Covid-19 hará que el poder mundial se desplace un poco más hacia Asia. Visto así, el virus marca un cambio de era”.


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Hércules y Deyanira

La Venganza de Neso
En una ocasión, Hércules y su cónyuge Deyanira paseaban juntos, cuando se acercaron a un arroyo, donde el Centauro Neso cruzaba a las personas de una orilla a la otra por una retribución. A mitad del trayecto, Neso intentó de secuestrar a Deyanira, y Hércules asesinó al ogro. La pareja vivió feliz por mucho tiempo, hasta que un alejamiento alargado de Hércules causó dudas de su fidelidad en Deyanira. Ella recordó entonces el pronunciamiento que falsamente dijo Neso antes de morir: "Guarda mi sangre como amuleto"; es una fuente poderosa para preservar el amor del hombre amado". La dama, temerosa de perder a su prometido, envió a Hércules un manto empapado de la sangre de Neso, El marido al usarlo, comenzó a sentir fatigosos dolores que el gran guerrero tuvo que hacer una hoguera y arrojarse a ella. Al darse cuenta de la muerte de su amado, Deyanira se suicidó.