domingo, 30 de junio de 2024

Clint Eastwood

No busques el lujo ...

No busques el lujo en relojes ni en pulseras, no lo busques en mansiones ni en veleros, lujo son risas y amigos, lujo es no estar enfermo, lujo es la lluvia en la cara, lujo son abrazos y besos, No busques el lujo en tiendas, ni en regalos, no lo busques en fiestas, ni en eventos, lujo es que la gente te quiera, lujo es que te tengan respeto, lujo es que vivan tus padres, lujo es poder jugar con los nietos, lujo son esas pequeñas cosas, que no se pueden comprar con dinero.


Clint Eastwood actor 94 años.


Kurdistán

Historia del pueblo Kurdo

 

El camino

 Frase del Día



sábado, 1 de junio de 2024

Poemas


TRES POEMAS SOBRE EL MISTERIO DEL ANTES Y EL NACIMIENTO




POR: ALEJANDRO MASSA VARELA 


COMPARTIMOS TRES DE LOS MEJORES POEMAS SOBRE EL ANTES DEL SIEMPRE Y EL A PARTIR DE QUE ES UNA CONCEPCIÓN EN FUTURO. NACER, HABER NACIDO, SEGUIR NACIENDO. ESTAS SON LAS PALABRAS AL RESPECTO DE LOS POETAS LOUIS MACNEICE, KO UN Y LOUISE GLÜCK.

Todos los niños mitifican su nacimiento. Es un rasgo universal. ¿Quieres conocer a alguien? ¿Corazón, mente y alma? Pídele que te cuente cuándo nació. Lo que obtendrás no será la verdad: será una historia. Y nada es más revelador que una historia.


Estas palabras de la novelista británica Diane Setterfield nos recuerdan que nuestra relación con lo enigmático es en términos de realidad. No solo podemos llegar a encontrar algo así e incorporarlo. Lo enigmático es un poder que no logra agotar ningún tiempo o espacio, por eso no coincide con una interpretación, sino con un testimonio inventado, una mirada sobre la invención que puede incorporarnos sin saberlo, rodeados de saberes más exactos.


No hay nada más enigmático que haber nacido. Esto es irrevocable y retroactivo, altera al futuro y al comienzo. Y, sin embargo, ¿qué se puede decir de cuando empezó el presente? ¿Es lo mismo haber nacido que nacer? Solo sé que vuelvo a empezar una y otra vez la historia de cómo fue. O tan solo vuelvo a realizar una unión de palabras que no incluyen al enigma. Mejor que la narrativa, la poesía responde a ese elemento que resume al sistema de lo dicho del que no es parte. Por eso en Pijama Surf presentamos tres poemas de tres autores sobre haber nacido y seguir concibiendo lo que está antes, aquello que siempre intentará presentarse:




Aún no he nacido; escúchame.

No dejes que el vampiro o la rata, la comadreja

o el ghoul con pata de palo se me acerquen.


Aún no he nacido; consuélame.

Temo que la humanidad me encierre en altos muros

con fuertes drogas me narcotice,

con sabias mentiras me engañe,

en negros bastidores me torture,

en baños de sangre me hunda.


Aún no he nacido; dame

agua que me arrulle, hierba que crezca para mí, árboles

que me hablen, cielos que me canten, aves y una luz blanca

en el abismo de mi cabeza para orientarme.


Aún no he nacido; perdóname

por los pecados que el mundo cometa en mí,

por mis palabras cuando hablen por mí;

mis pensamientos cuando me piensen,

por mi traición en manos de traidores más allá de mí,

por mi vida cuando asesine con mis manos,

por mi muerte cuando me vivan.


Aún no he nacido; ensáyame

en los roles que me toque actuar y las señas que deba entender

cuando los viejos me den cátedra,

los burócratas me intimiden,

las montañas me desdeñen, los amantes se burlen,

las blancas olas me llamen a la locura,

y el desierto a la estupidez

y el mendigo rechace mi limosna

y mis hijos me maldigan.


Aún no he nacido; escúchame,

no dejes que el hombre que es bestia o se cree Dios

se me acerque.


Aún no he nacido; lléname

de fuerza para hacer frente a aquellos que querrán congelar mi humanidad,

convertirme en un autómata letal,

volverme un engranaje de la máquina,

una cosa con cara, una cosa,

y contra todos quienes busquen quebrar mi integridad,

quieran soplarme como a una mala hierba,

de aquí para allá, de aquí para allá,

sostenerme como agua entre las manos.


No dejes que me conviertan en piedra ni dejes que me derramen.

De otro modo, mátame.


–Louis MacNeice, poeta irlandés.


 


Bebé


    Antes de tu nacimiento

              antes que tu padre

              antes que tu madre


tu balbuceo ya estaba ahí


–Ko Un, poeta surcoreano.


 


Hubo una guerra entre el bien y el mal.

Decidimos llamar bueno al cuerpo.


Eso hizo que la muerte fuera mala.

Puso al alma

completamente en contra de la muerte.


Como un soldado de infantería que desea

servir a un gran guerrero, el alma

quería ponerse del lado del cuerpo.


Se volvió contra la oscuridad,

contra las formas de muerte

que reconocía.


¿De dónde viene la voz

que dice supongamos que la guerra

es mala, que dice


Supongamos que el cuerpo nos hiciera esto,

que nos hiciera temer el amor.


–Louise Glück, Premio Nobel estadounidense.


Cortesia de Pijama Surf

Bajo indice Cognitivo

 LAS PERSONAS OBSESIONADAS CON LAS CELEBRIDADES TIENEN BAJO COEFICIENTE INTELECTUAL, REVELA ESTUDIO


POR: LUIS ALBERTO HARA 


ESTUDIO MUESTRA QUE PERSONAS QUE CONSUMEN MUCHA INFORMACIÓN SOBRE LAS CELEBRIDADES TIENEN POCA CAPACIDAD INTELECTUAL.


No debería ser muy sorprendente saber que las personas que consumen de manera frecuente información sobre celebridades tienen bajo coeficiente intelectual. Qui´za la pregunta es  si  ¿es la cultura chatarra la que produce personas estúpidas? ¿O las personas estúpidas tienden a la cultura chatarra? La respuesta seguramente es ambas, en un círculo vicioso inextricable. 


Una nueva investigación sugiere que la obsesión por las estrellas de la cultura pop podría estar relacionada con una menor inteligencia. El estudio, realizado por investigadores húngaros, publicado en BMC Psychology, halló una asociación directa entre la adoración a las celebridades y un peor rendimiento en pruebas cognitivas.


El estudio encuestó a 1,763 adultos que participaron en una serie de tareas, incluyendo una prueba de vocabulario de 30 palabras y una prueba de sustitución de símbolos numéricos. Los participantes también completaron un cuestionario de “escala de actitud hacia las celebridades” diseñado para medir su interés en los famosos. Este cuestionario requería respuestas simples de “sí” o “no” a una serie de afirmaciones como “A menudo siento la necesidad de conocer los hábitos personales de mi celebridad favorita,” “Estoy obsesionado con los detalles de la vida de mi celebridad favorita,” y “si tuviera la suerte de conocer a mi celebridad favorita y él/ella me pidiera hacer algo ilegal como un favor, probablemente lo haría.”


Los resultados revelaron que las personas que obtuvieron las puntuaciones más altas en la escala de actitud hacia las celebridades también tuvieron un rendimiento bajo en las pruebas de habilidad cognitiva. Esto sugiere un vínculo potencial entre un interés intenso en las celebridades y menores habilidades cognitivas.


Sin embargo, los investigadores reconocieron la complejidad de esta relación. No pudieron determinar de manera concluyente si la obsesión con la cultura de las celebridades causa menores habilidades cognitivas o si las menores habilidades cognitivas llevan a una obsesión con las celebridades. Los investigadores sugirieron que el esfuerzo cognitivo invertido en mantener una obsesión con una celebridad favorita podría interferir con el desempeño de la persona en tareas que requieren atención y otras habilidades cognitivas.


“Estudios futuros deberían buscar más apoyo para nuestra sugerencia de que el esfuerzo cognitivo invertido en mantener la absorción en una celebridad favorita puede interferir con el desempeño de la persona en tareas que requieren atención y otras habilidades cognitivas,” dijeron los investigadores a PsyPost. “Aunque nuestra investigación no prueba que desarrollar una poderosa obsesión con una celebridad favorita cause obtener puntuaciones más bajas en pruebas cognitivas, sugiere que podría ser prudente monitorear cuidadosamente los sentimientos hacia [ellos].”


Estos hallazgos ofrecen una perspectiva crítica sobre el impacto de la cultura de las celebridades en el rendimiento cognitivo. Si bien disfrutar de las noticias y chismes de celebridades con moderación es inofensivo, una preocupación excesiva por la vida de los ricos y famosos podría afectar la función cognitiva y la inteligencia general.


A medida que nuestra cultura continúa elevando a las celebridades a un estatus casi mítico, se producen costos cognitivos. El consumo de información basura engendra cerebros de baja calidad y capacidad de sostener la atención en tareas más demandantes pero que por ello también rinden mayores beneficios y crean hábitos más virtuosos.


Cortesia de: Pijama Surf



Astronomia Web

La velocidad de la luz no es como lo imaginaste



viernes, 31 de mayo de 2024

Biopolítica

 Byung Chul Han: "El big data como instrumento psicopolítico"


"Hoy revelamos voluntariamente incluso datos personales íntimos...Permitimos que nos radiografíen por completo. La dominación se consuma en el momento en que coincide con la libertad." Byung Chul Han 


 

Artículo del filósofo Byung Chul Han que analiza cómo la democracia liberal no es la única causante de la aparición del "último hombre", una figura que representa el conformismo y la búsqueda del confort sobre la libertad, siendo más bien un fenómeno de la Modernidad que se manifiesta tanto en regímenes liberales como totalitarios.




Por: Byung Chul Han

  

El libro de Francis Fukuyama El fin de la historia no es una apoteosis unilateral de la democracia liberal en vista del hundimiento del comunismo. Más bien todo el libro muestra una ambivalencia.


El capítulo final se titula «El último hombre». Según ese capítulo, la democracia liberal genera una sociedad paliativa que es encarnada por el «último hombre» de Nietzsche. Administra una anestesia permanente: 


“Un poco de veneno de vez en cuando: esto provoca sueños agradables. Y al final mucho veneno, para una muerte agradable. […] Hay un pequeño placer para el día y un pequeño placer para la noche: pero se honra la salud. «Hemos inventado la felicidad» —dicen los últimos hombres, y parpadean”


Fukuyama parte del supuesto antropológico de que al hombre le es esencial la megalothymia, un afán de superioridad, gloria y honor sublimado hasta lo heroico y que también constituye la fuerza motora de la historia. Pero en la democracia liberal la megalothymia se debilita, tanto por el fortalecimiento de la isothymia, que es la aspiración a la igualdad de derechos, como también por un afán intensificado de comodidad y seguridad. Con ello, la democracia liberal favorece la aparición del último hombre: «En la medida en que la democracia liberal consigue purgar la vida de megalothymia y sustituirla por el consumo racional nos convertimos en “últimos hombres”» 


Frente a esta tesis de Fukuyama, la aparición del último hombre no se vincula necesariamente con la democracia liberal. El último hombre es más bien un fenómeno genuino de la Modernidad. No prefiere el sistema liberal. Por eso es compatible sin más con un régimen totalitario. China está hoy tan poblada de últimos hombres como Estados Unidos. El heroísmo es desbancado en todas partes por el hedonismo. Por este motivo Jünger se vuelve resueltamente contra la Modernidad. En Sobre el dolor evoca el final de la época del último hombre: 


“Un signo de prosperidad es asimismo la extensión de la participación en los goces y bienes. […] El bienestar que en ellos se siente es un bienestar onírico, indoloro, extrañamente relajado, que llena el aire como un narcótico. […] La persona singular encuentra ante sí múltiples comodidades […] que impiden la posibilidad de fricciones. A lo anterior se añade que el fabuloso perfeccionamiento de los medios técnicos aún posee un puro carácter de confort —son cosas que parecen hechas únicamente, todas ellas, para proporcionar luz, calor, movimiento, diversión, y para aportar ríos de oro—. La profecía del «último hombre» se ha cumplido con rapidez. Es una profecía exacta —excepto en una sola frase, la que dice que el «último hombre» es el que más tiempo vive—. La edad del «último hombre» queda ya a nuestras espaldas”


Jünger pone la mirada en el año 2000 y escribe: 


“El «último hombre», profetizado por Nietzsche, es ya historia pasada; y si bien aún no hemos llegado al año 2000, parece cierto, sin embargo, que ese año ofrecerá un aspecto por completo diferente del que describió Bellamy en su utopía”


Jünger se refiere aquí a la sociedad que Edward Bellamy describe en su novela El año 2000. Una visión retrospectiva: una sociedad que no conoce el dolor. Jünger se equivocó con su pronóstico, pues el siglo es justamente la época del último hombre. La época heroica entre las guerras mundiales que evoca Jünger no fue más que un breve episodio. La sociedad paliativa del siglo XXI rechaza todo gesto heroico. 


También el pronóstico de Fukuyama ha resultado ser un error. La historia no termina con el triunfo del liberalismo. Precisamente el populismo de derechas y la autocracia gozan hoy de enorme aceptación. La sociedad paliativa como sociedad de la supervivencia no presupone forzosamente la democracia liberal. A raíz de la pandemia nos encaminamos hacia un régimen biopolítico de control policial. Está claro que el liberalismo occidental está fracasando con el virus. Se acabará imponiendo la evidencia de que, para combatir la pandemia, conviene centrar la mirada en el individuo particular. Pero esta vigilancia biopolítica del individuo es incompatible con los principios del liberalismo. No obstante, en vista de los dispositivos higiénicos la sociedad de la supervivencia se verá obligada a renunciar a los principios liberales. 


Ya el régimen de vigilancia digital, que entre tanto está asumiendo rasgos totalitarios, socava la idea liberal de libertad. La persona humana es degradada a un juego de datos que reporta beneficio. El capitalismo se está convirtiendo hoy en un capitalismo de la vigilancia. La vigilancia genera capital. Permanentemente somos vigilados y manipulados por plataformas digitales, que seleccionan y explotan nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones. El internet de las cosas extiende la vigilancia a la vida real. Los wearables o la «tecnología vestible» dejan también nuestro cuerpo a merced del acceso comercial. Somos manejados como marionetas movidas por hilos algorítmicos. El big data como instrumento psicopolítico hace pronosticable y manipulable la conducta humana. La psicopolítica digital nos precipita a una crisis de libertad 


En la época en que se elaboró el censo nacional hubo aún enérgicas protestas contra la recopilación de datos. Se suponía que detrás de la elaboración del censo estaba un Estado policial que amenazaba la libertad ciudadana. Pero se recababan informaciones que, desde la perspectiva actual, son más bien inofensivas, tales como el nivel de educación, la profesión o la confesión religiosa. Pese a ello, hasta los escolares salieron a la calle a protestar. Hoy revelamos voluntariamente incluso datos personales íntimos. Nos desnudamos no por obligación, sino por una necesidad interior. Permitimos que nos radiografíen por completo. La dominación se consuma en el momento en que coincide con la libertad. Aquí nos hallamos ante una dialéctica de la libertad. La comunicación ilimitada como expresión de la libertad se torna una vigilancia total. 


¿Por qué la enorme vigilancia digital, que de todos modos se produce y no topa con ninguna resistencia, habría de detenerse ante el virus? La pandemia se encargará de que desaparezca el umbral de inhibición, que hasta ahora había impedido extender biopolíticamente la vigilancia digital al individuo. Según Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio para establecer un nuevo sistema de gobierno. Al final el shock pandémico acabará provocando que se instaure globalmente un régimen policial biopolítico que autorice el acceso al cuerpo de las personas. Solo la biopolítica digital hará invulnerable al capitalismo frente a la pandemia. Cierra ese hueco en el sistema. Pero el régimen biopolítico de vigilancia significa el final del liberalismo. El liberalismo habrá sido un episodio. 


El último hombre no es ningún defensor de la democracia liberal. El confort representa para él un valor superior a la libertad. La psicopolítica digital, que hace fracasar la idea liberal de libertad, no perturba su bienestar. Y su histeria por la salud hace que constantemente se esté vigilando a sí mismo. Erige en sí una dictadura interior, un régimen de control interior. Cuando la dictadura interior se topa con la vigilancia biopolítica, esta última no se percibe como opresión, pues viene en nombre de la salud. Por eso el último hombre se siente libre en el régimen biopolítico. Dominación y libertad coinciden aquí de nuevo. 


Ya Nietzsche vio venir la sociedad paliativa hostil al dolor: 


“«Al fin llega la hora en que te envolverá la nube dorada de la ausencia de dolor: la hora en la que el alma goza de su cansancio y, feliz en el juego paciente con su paciencia, se parece a las ondas de un lago que, en un tranquilo día de verano, bajo el resplandor de un cielo vespertino multicolor, lamen y lamen la orilla, y vuelven a callarse —sin fin, sin objetivo, sin hastío, sin necesidad— solo una calma que goza del cambio, solo el flujo y reflujo del pulso de la naturaleza». Esto es lo que sienten y dicen todos los enfermos: cuando llega esa hora, experimentan, tras un breve goce, el aburrimiento”


Fukuyama sopesa la posibilidad de que el hombre, presa de un aburrimiento insoportable, pueda volver a poner en marcha la historia, de que la sociedad de los últimos hombres pueda dar paso a una sociedad de primeros hombres animalizados, donde impera una megalothymia desenfrenada. Pero esta regresión al pasado no se producirá. Lo que nos espera es un futuro totalmente distinto: la época poshumanista, en la que también el último hombre habrá sido superado junto con su aburrimiento. 


En su obra El Imperativo hedonista el transhumanista David Pearce anuncia un futuro libre de dolor: «En el curso de los próximos mil años habrán desaparecido del todo las bases biológicas del sufrimiento. La historia de la evolución hace que los “dolores corporales” y “psíquicos” estén destinados a desaparecer» . También deberían superarse las penas de amor, las «crueldades de las formas tradicionales del amor que destruyen el alma» (the soul-destroying cruelties of traditional modes of love). El objetivo del transhumanismo es una «sublime felicidad que todo lo penetra» (a sublime and all-pervasive happiness). El transhumanismo deja también atrás al último hombre, pues, como diría Pearce, este sigue siendo aún demasiado humano. No logra librarse de un aburrimiento total. El transhumanismo opina que con medios biotécnicos se podrá eliminar incluso el aburrimiento: 


“Aunque por el momento la humanidad todavía no sea capaz de imaginarlo, ya al cabo de unas pocas generaciones la experiencia del aburrimiento será neurofisiológicamente imposible. «Incluso los mismísimos dioses luchan en vano contra el aburrimiento», dijo Nietzsche, que sin embargo desconocía por completo las posibilidades de la biotecnología”


La vida indolora en una felicidad permanente habrá dejado de ser una vida humana. La vida que ahuyenta y proscribe su negatividad se suprime a sí misma. Muerte y dolor van juntos. En el dolor se anticipa la muerte. Quien pretenda erradicar todo dolor tendrá que eliminar también la muerte. Pero una vida sin muerte ni dolor ya no es una vida humana, sino una vida de muertos vivientes. El hombre abjura de sí mismo para sobrevivir. Posiblemente llegue a alcanzar la inmortalidad, pero habrá sido al precio de la vida. 


Cortesia de: Bloghemia



Franja de Gaza

La Realidad Palestina



Salmos 7:16 

Su maldad se volverá sobre su cabeza, y su agravio caerá sobre su propia coronilla.


Éxodo 22:22

A la viuda y al huérfano no afligiréis.


Salmos 37:35

He visto al impío, violento, extenderse como frondoso árbol en su propio suelo


Mateo 27:38

Entonces fueron crucificados con El dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.


Romanos 6:1

¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?



Génesis 28:21

Y si tornare en paz á casa de mi padre, Jehová será mi Dios,