viernes, 26 de abril de 2024
jueves, 25 de abril de 2024
Consejos de Buda
PARÁBOLA DE LA SAL
Byung Chul Han
¿Qué es el poder disciplinario?
"El poder disciplinario descubre a la «población» como una masa de producción y de reproducción que ha de administrar meticulosamente. De ella se ocupa la biopolítica." Byung Chul Han
Artículo del filósofo surcoreano, Byung Chul Han, publicado en el año 2014, en su libro "Psychopolitik".
Por: Byung Chul Han
Según Foucault, desde el siglo XVII el poder ya no se manifiesta como el poder de muerte de un soberano semejante a Dios, sino como el poder de disciplinar. El poder soberano es el poder de la espada. Amenaza con la muerte. Se hace con el «privilegio de apoderarse de esta [la vida] para suprimirla». El poder disciplinario, por el contrario, no es un poder de muerte, es un poder de vida cuya función no es matar, sino la imposición completa de la vida. El viejo poderío de la muerte cede ante la «administración de los cuerpos» y la «gestión calculadora de la vida»
El tránsito del poder soberano al disciplinario se debe al cambio de la forma de producción, a saber, de la producción agraria a la industrial. La progresiva industrialización requiere disciplinar el cuerpo y ajustarlo a la producción mecánica. En lugar de atormentar al cuerpo, el poder disciplinario lo fija a un sistema de normas. Una coacción calculada atraviesa cada parte del cuerpo y está presente hasta en el automatismo de las costumbres. Hace del cuerpo una máquina de producción. Una «ortopedia concertada». Las disciplinas son «métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad».
El poder disciplinario es un poder normativo. Somete al sujeto a un código de normas, preceptos y prohibiciones, así como elimina desviaciones y anomalías. Esta negatividad del adiestramiento es constitutiva del poder disciplinario. En esto es similar al poder soberano que se basa en la negatividad de la absorción. Tanto el poder soberano como el disciplinario ejercen la explotación ajena. Crean al sujeto obediente.
La técnica disciplinaria opera no solo sobre el cuerpo, sino también sobre la mente. El término inglés industry también significa «diligencia». Y otro significado de Industrial school es «correccional». Bentham indica que su panóptico edifica moralmente a los reclusos. No obstante, la psique no está en el punto de mira del poder disciplinario. La técnica ortopédica del poder disciplinario es muy burda para penetrar en las capas profundas de la psique con sus anhelos ocultos, sus necesidades y su deseo, y acabar apoderándose de ellas. El Big Brother de Bentham también observa a sus reclusos desde el exterior. Su panóptico está ligado al medio óptico. No tiene ningún acceso al pensamiento o a las necesidades internas.
El poder disciplinario descubre a la «población» como una masa de producción y de reproducción que ha de administrar meticulosamente. De ella se ocupa la biopolítica. La reproducción, las tasas de natalidad y mortalidad, el nivel de salud, la esperanza de vida se convierten en objeto de controles reguladores. Foucault habla expresamente de la «biopolítica de la población». La biopolítica es la forma de gobierno de la sociedad disciplinaria. Pero es totalmente inadecuada para el régimen neoliberal que explota principalmente la psique. La biopolítica que se sirve de la estadística de la población no tiene ningún acceso a lo psíquico. No provee ningún material para el psicoprograma de la población. La demografía no es una psicografía. No explora la psique. En esto reside la diferencia entre la estadística y el Big Data. A partir del Big Data es posible construir no solo el psicoprograma individual, sino también el psicoprograma colectivo, quizás incluso el psicoprograma de lo inconsciente. De este modo sería posible iluminar y explotar a la psique hasta el inconsciente.
IA
Las corporaciones estadounidenses de TI están lanzando proyectos para tomar el poder en el mundo
Vladimir Projvatilov
En los medios de comunicación mundiales hay una acalorada discusión sobre un nuevo proyecto conjunto entre las empresas estadounidenses Microsoft y OpenAI (desarrolladora del chatbot GPR-4), que han anunciado su intención de construir un centro de datos supergrande y un Computadora de IA superpotente para entrenar modelos de IA superinteligentes.
El nuevo proyecto podría costar hasta 100 mil millones de dólares, dijo al portal The Information una fuente cercana al CEO de OpenAI, Sam Altman. La publicación señala que Microsoft probablemente asumirá la responsabilidad de financiar el proyecto, "que será 100 veces más caro que algunos de los centros de datos modernos más grandes". Los ejecutivos de la compañía planean que la supercomputadora Stargate se lance en 2028.
A esta ambiciosa iniciativa pronto le siguió una respuesta completamente asimétrica de otro monstruo informático, Google DeepMind, que se propuso devaluar la idea multimillonaria de sus competidores creando un sistema para entrenar los modelos de IA más avanzados distribuidos por todo el mundo. Google DeepMind va a hacer esto utilizando el llamado escalamiento horizontal de su potencia informática basado en el algoritmo de entrenamiento DIstributed PAth COmposition (DiPaCo), un método para escalar el tamaño de las redes neuronales de IA en objetos informáticos distribuidos geográficamente.
En el contexto de las redes neuronales de IA, el escalado es un aumento de los recursos informáticos del chatbot y de su capacidad para procesar grandes cantidades de datos.
El escalado puede ser vertical u horizontal. El escalado vertical implica aumentar recursos como procesadores, memoria o almacenamiento en un único nodo o servidor. El escalado horizontal implica agregar nodos o servidores adicionales para distribuir la carga y aumentar el rendimiento del sistema.
Microsoft y OpenAI anunciaron un enorme proyecto de escalamiento vertical, y sus competidores de Google DeepMind respondieron con un proyecto de escalamiento horizontal completamente fantástico, del que vale la pena hablar en detalle.
El objetivo a largo plazo del proyecto DiPaCo es "entrenar redes neuronales en todo el mundo utilizando todos los recursos informáticos disponibles". Esto requiere repensar las arquitecturas de IA existentes para limitar la sobrecarga de comunicación de las redes neuronales distribuidas globalmente.
DiPaCo (Distributed Path Composition) ofrece un enfoque innovador para entrenar redes neuronales, utilizando potencia informática en todo el mundo, que, según los desarrolladores de Google DeepMind, permitirá escalar los modelos de IA a tamaños más allá del alcance de los sistemas centralizados tradicionales.
DiPaCo se basa en dos algoritmos clave, que juntos crean una poderosa herramienta para desarrollar modelos de IA súper inteligentes:
DiLoCo, que mejora la confiabilidad de la capacitación al reducir las fallas y las acciones proactivas de los trabajadores;
DiPaCo, que acelera el aprendizaje con menos potencia de chatbot.
El éxito de DiPaCo no sólo podría desafiar el valor de la inversión multimillonaria de Microsoft y OpenAI, sino también cambiar fundamentalmente la dirección del desarrollo de la IA. El proyecto supuestamente tiene como objetivo democratizar el acceso a la formación de modelos de IA superpoderosos, garantizando al mismo tiempo la destrucción del monopolio de los actuales líderes del mercado de TI.
El proyecto anunciado por Google DeepMind privará a los gobiernos de las principales potencias mundiales del control sobre los grandes centros de datos. La estructura distribuida de DiPaCo hace que dicho control sea mucho más complejo y pone en duda su eficacia.
Google DeepMind tiene la intención de "entrenar redes neuronales en todo el mundo utilizando todos los recursos informáticos disponibles". ¿De qué tipo de recursos disponibles para los especialistas estadounidenses en TI estamos hablando?
Sobre el portátil en el que trabaja, sobre el teléfono móvil desde el que realiza llamadas, sobre los recursos informáticos corporativos de todos los países y continentes, en definitiva, sobre toda la tecnología informática disponible en el mundo.
La pregunta es: ¿quién les dará esa oportunidad?
La respuesta es cualquier persona o corporación que acepte alquilar sus recursos de TI durante algún tiempo a los evasores de Google DeepMind. No gratis, por supuesto, pero sí a un precio negociado.
Como resultado, incluso si los estadounidenses alquilan sólo computadoras personales privadas, obtendrán acceso a recursos y bases de datos corporativos y a recursos gubernamentales a través de ellas. En esencia, esto significará interceptar no sólo el poder informativo, sino también físico sobre el mundo, sin mencionar el acceso a la información más secreta de los aliados y enemigos de Estados Unidos.
No olvide que el algoritmo DiPaCo también entrenará a millones de computadoras portátiles alquiladas, teléfonos móviles, computadoras corporativas y chatbots locales. No hace falta decir que después de dicha formación, todos estos equipos electrónicos estarán bajo el control de Google DeepMind, incluso si no se extiende el período de alquiler.
Sin embargo, la cooperación con el gigante informático estadounidense puede imponerse por la fuerza no sólo a los individuos, sino también a las corporaciones y los Estados, del mismo modo que se impuso la cooperación con la tristemente célebre Organización Mundial de la Salud (OMS) al mundo entero.
Los anglosajones saben presentar su beneficio como bien común; esto no se les puede quitar.
Stanislav Lem, el escritor de ciencia ficción favorito de S.P. Korolev, en su novela profética "La suma de la tecnología", predijo el surgimiento de la intelelectrónica, una electrónica inteligente que mejorará las capacidades intelectuales humanas. Hoy en día este tipo de electrónica se está convirtiendo en una realidad cotidiana: los teléfonos inteligentes, los “relojes inteligentes”, la “casa inteligente”, la “ciudad inteligente” y, en el proyecto, el “estado inteligente” se han establecido firmemente en nuestras vidas.
Pero en el proyecto Google DeepMind no se trata de un estado inteligente, sino de una corporación inteligente, Google DeepMind.
El analista ruso de inteligencia artificial Artem Artemov señaló en una entrevista con FSK que Google DeepMind pretende controlar no sólo el recurso informático global, sino también el cognitivo.
“Una computadora alquilada u otro dispositivo es un agente inteligente que obtiene conocimientos y aprende como parte de la cooperación con una corporación estadounidense. La apoteosis de la expansión de las corporaciones estadounidenses de TI será el día en que esta cooperación se ligará a la criptografía. Datos-información/conocimiento-criptomoneda: este es el camino para tomar el poder en el mundo”, señala Artemov.
No es difícil adivinar que Microsoft y OpenAI no mirarán pasivamente el avance global de sus competidores y desarrollarán sus propios algoritmos de entrenamiento similares a DiPaCo y se apresurarán tras Google DeepMind hacia los recursos informáticos del planeta.
Y Google DeepMind, por su parte, reforzará su escalamiento vertical, asignando dinero para construir una supercomputadora y un centro de datos gigante.
Dos supercorporaciones estadounidenses discuten hoy sobre quién será el amo del mundo. Lo más probable es que tarde o temprano formen un cártel y combinen sus esfuerzos y recursos para socavar el poder de los gobiernos nacionales.
No hace falta decir que estos ambiciosos planes de los gigantes estadounidenses de TI son parte de un proyecto globalista más amplio, en el que la humanidad debería volverse prescindible en aras de la prosperidad de un puñado de corporaciones anglosajonas.
El Occidente colectivo tiene ambiciones más que suficientes, pero podemos estar seguros de que en al menos dos países, Rusia y China, estos proyectos están condenados al fracaso.
sábado, 6 de abril de 2024
Andrey Fursov
El indulto de 400 años ha terminado. La Rueda de la Historia aplastará al mundo occidental
Andrey Fursov
El largo verano del viejo mundo
En algún momento entre 10 y 12 milenios atrás, la barrera atlántica a la Corriente del Golfo desapareció, y la Corriente del Golfo se trasladó a Europa Occidental. El largo verano del Viejo Mundo comenzó. El surgimiento de la economía agrícola, como resultado de lo que Gordon Child puede no haber sido bien llamado, el término estableció – la Revolución Neolítica. Y desde entonces, durante casi 10,000 años, la agricultura se ha desarrollado.
La tasa promedio de crecimiento económico, el global, incluso la economía agrícola más productiva, no superó el 0,2-0,4%. Es decir, el desarrollo económico fue asintóticamente, nada cambió. Naturalmente, la limitación aquí eran los recursos o, como decía Karl Marx, las fuerzas productivas naturales (que no deben confundirse con el factor geográfico), y tan pronto como la población de una sociedad superaba el umbral de las posibilidades de las fuerzas productivas naturales, se incluía el mecanismo de autorregulación de crisis.
O la colonización, parte de la población se alejó y creó una colonia. Como los griegos colonizaron el Mediterráneo. O el gobierno impuso medidas de austeridad que limitaban el consumo al 90% de la población, lo que a China le gustaba mucho. Esto a menudo condujo a rebeliones. Bueno, por ejemplo, como la revuelta de los "rojo-ceja" después de las reformas de Van Man. La rebelión cortó la joroba demográfica, y la historia pareció comenzar de nuevo. O, si había vecinos nómadas, ellos, aprovechando la debilidad de la sociedad agrícola, invadieron, masacraron a parte de la población, plantados como una nueva dinastía. Esto fue a menudo el caso en el mundo árabe, también en China, porque había varias dinastías nómadas en origen. La última dinastía Qing eran seminómadas manchus. Las formas de autorregulación funcionaron.
También hubo autorregulaciones pacíficas e integradas de sociedades asintóticas. Bueno, por ejemplo, la permanente, de hecho, institucionalizada rígida supresión por los Spartiats de los Helots, la limitación de su número y el nivel de su consumo. Mucho más perfecto, si el término se puede usar aquí, eran los sistemas de castas de América "precolombina", un número de sociedades en Oceanía. Por supuesto, la forma más evolutiva es la India, pero repito que el sistema casto-varna no es solo una cosa india. En la India era solo el más desarrollado, había, por así decirlo, alrededor de 1000 castas, pero la base varn era 4.
En las sociedades casta-varn, cualquier protesta social se convirtió muy rápidamente en enfrentamientos intercastas y no adquirió ninguna escala significativa. Y el sistema fue tan exitoso que el sistema de castas fue implícitamente replicado incluso por sus oponentes. Y, digamos, la misma India colonial, a diferencia de China, en general, casi no conoce levantamientos campesinos. En China, los levantamientos campesinos a veces llevaron a un cambio de dinastías. Y, por ejemplo, el campesino rico Liu Bang se convirtió en el fundador de la dinastía Han, que derrocó a la dinastía Qin.
En cuanto a los tipos atenienses y romanos de esclavitud y el feudalismo clásico, eran considerablemente menos estables que las formas asintóticas asiáticas. Las políticas de propiedad de esclavos tenían que unirse en imperio, resolver problemas mediante el fortalecimiento del aparato represivo. El feudalismo agotó demasiado rápidamente su potencial y durante la crisis del largo siglo XVI o volvió a formas arcaicas, esta es la segunda edición de la servidumbre, o irrumpió en el capitalismo. Y aquí, sobre la base del capitalismo, como forma de relaciones agrarias, tuvo lugar la revolución industrial.
El surgimiento del capitalismo
"A principios del siglo XV en Europa la Edad Media terminó y comenzó el Renacimiento italiano, cuando los banqueros de las repúblicas comerciales del norte de Italia pusieron en el trono papal sus criaturas, cubriendo con arte brillante el caos político sangriento y el libertinaje. Esto ha causado la llamada espiral. El humanismo italiano y la reacción germánica de la Reforma con más de un siglo de guerras religiosas que destruyeron el Sacro Imperio Romano Germánico. Y fue la derrota de los cruzados, la epidemia de peste y la expansión de los otomanos lo que dio el impulso al Renacimiento, la Reforma y el Nuevo Tiempo, el comienzo de la Europa moderna y toda la civilización progresista occidental desde la época de la modernidad, que duró alrededor de 360 años y pasó por tres fases: la Modernidad Temprana, Media y Tardía. az118.livejournal.com
El cambio fue rápido, pero si la génesis del capitalismo se completó a mediados del siglo XVII, el capitalismo temprano, la fábrica, es hasta el final del siglo XVIII, hasta la década de 1780, entonces todo sucede muy rápidamente. Como señaló el famoso economista Douglas North, si un griego estuviera en Europa en 1750, un hombre de Atenas o un antiguo romano, entonces todo excepto las armas de fuego habrían estado claras para él, pero si estuviera en Europa en 1850, este mundo para él sería completamente ajeno e incomprensible».
De hecho, desde la década de 1780, la economía occidental, principalmente británica, ha dado un poderoso salto de asintótica a exponencial. Y el exponente sobrevivió hasta finales del siglo XX por inercia, desvanecimiento... Perdura hasta el día de hoy, pero ya está en exhalación, repito, respirando sobre incienso. De hecho, la economía mundial, principalmente su buque insignia actual, los Estados Unidos, se ha acercado al 0,2% asintótico.
¿Debido a qué se hizo la transición, el lanzamiento al exponente? Bueno, lo primero que llama la atención –y los apologistas del sistema capitalista lo señalan– es la revolución industrial. Es cierto, sí, es cierto que la revolución industrial solo podría ocurrir en una sociedad que, en términos de estructura de propiedad, especialmente la tierra, la existencia de un cierto nivel de riqueza, los intereses de la clase dominante, la orientación del mar, la orientación del comercio, las características del tipo socio-cultural, estaba realmente listo para la revolución industrial y trabajando hacia ella. Bueno, ese es el tipo de sociedad que fue Inglaterra desde mediados del siglo XVII y ya en la década de 1780 se materializó.
Cuando comenzó, el crecimiento exponencial se convirtió en autosostenible e involucrando a todo el mundo del Atlántico Norte. Además, este mundo se centraba en el mar, no en la tierra, como los imperios continentales euroasiáticos, sino en el mar y el comercio. Según los expertos, una serie de factores contribuyeron a este crecimiento exponencial. Estos son, además del desarrollo de la revolución industrial, la expansión colonial, un fuerte aumento de la explotación de la desigualdad social, la acumulación de capital. Según Yevgeny Balatsky, el flujo de innovaciones tecnológicas a finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, condujo al crecimiento de la producción de armas, de capital y al crecimiento de la productividad laboral.
Trampa neomaltusiana
Como resultado, la tasa de crecimiento económico ha superado la tasa de crecimiento de la población. Y Malthus, paradójicamente, escribió su libro sobre la trampa, que llegó a llamarse el malthusiano, justo cuando los británicos, y con ellos Occidente, estaban saltando de ella. Recomiendo encarecidamente encontrar el artículo de Balatsky "Instituciones de consenso para neutralizar la trampa neomaltusiana" en Internet. Esta en la revista "Temas de Regulación Económica", número 3 de 2019. El artículo es pequeño solo 14-15 páginas, pero vale la pena, el artículo de Balatsky es muy interesante.
Ahora, Occidente saltó de la trampa maltusiana no solo por las innovaciones tecnológicas, como dicen los apologistas del capitalismo, sino también por una serie de medidas socialmente represivas, es decir, había un lado oscuro de la revolución industrial. Y muy oscuro. Y estas medidas estaban dirigidas a neutralizar el lado opuesto, la sombra, del progreso tecnoeconómico, especialmente durante los primeros 100 años. ¿Qué era? Balatsky también enumera las siguientes medidas: la eliminación de una parte de la población mediante el uso generalizado de la pena de muerte en los siglos XVIII y XIX. En primer lugar, añadiré, en el Reino Unido, aunque en Francia y Alemania tuvieron leyes más duras que en Gran Bretaña en el siglo XVIII.
La eliminación de parte de la población debido al crecimiento de la delincuencia (especialmente en la Inglaterra victoriana), aceleró la extinción de la población, la enfermedad, el hambre, el hacinamiento en las ciudades, la exportación de delincuentes condenados a Australia. Por cierto, añadiré, junto con los criminales fueron transportadas prostitutas, con quienes los convictos se vieron obligados a casarse. Bueno, a lo que dijo Balatsky, debo añadir que en las colonias, el talón de hierro era aún más duro. Estamos hablando del exterminio de grupos étnicos enteros, la posterior neutralización alcohólica y médica. O la conocida anestesia de los chinos, Balatsky lo anotó muy bien. Eso es lo que la familia real de Inglaterra en el siglo XIX ganó, así como las familias financieras aristocráticas asociadas con la Compañía de las Indias Orientales. Esto es lo que Lyndon LaRouche llamó " apelación Dope " (Dope, Inc.).
Estas medidas antisociales y antihumanas permitieron al sistema retrasar su declive durante mucho tiempo, pero nada se da para siempre.
Sí. A principios del siglo XV, la Edad Media terminó en Europa y comenzó el Renacimiento italiano. De hecho, los banqueros de las repúblicas comerciales del norte de Italia, que colocaron a sus criaturas en el trono papal, cubrieron con brillante arte el caos político sangriento y el libertinaje. El humanismo italiano produjo la reacción germánica de la Reforma con más de un siglo de guerras religiosas que destruyeron el Sacro Imperio Romano Germánico. Uno de los principales ejes del Renacimiento, la Reforma y la Nueva Era fue la derrota de los cruzados en Tierra Santa, la epidemia de peste y la expansión de los otomanos. Fueron estos acontecimientos los que dieron lugar a la Europa moderna y a toda la civilización progresista occidental de la era moderna, que duró alrededor de 360 años. A partir de la década de 1780, la economía occidental (principalmente británica) dio un gran salto. El movimiento que lo acompañaba persistió exponencialmente hasta finales del siglo XX. Este desvanecimiento continúa hasta el día de hoy, pero ya está literalmente respirando el incienso.
Cortesia de: Geoestrategia
martes, 12 de marzo de 2024
Valery Ilyin
¿Cómo se impone la censura total a la humanidad?
Valery Ilyin
Cortesia de: Geoestrategia
David Gattegno
Recurrir a la tradición: entrevista a Michel Michel
David Gattegno
Según Michel Michel “el ‘mundo moderno’ no es una cultura entre otras, sino una cultura atípica, por no decir monstruosa”. Tal juicio es pronunciado siguiendo la obra de René Guénon, quien fue el primero en evocar y repetir esta idea de la monstruosidad del mundo moderno. Ahora bien, todo aquel que invoca el nombre de René Guénon quiere, ante todo, volver a darle importancia a la palabra Tradición, es decir, lo contrario, escatológicamente por decirlo de algún modo, de la vacuidad de la civilización que hoy quiere dominar el mundo. Porque, según Michel Michel, “sin el lastre de la Tradición, el cristianismo puede volverse loco”. La verdadera lucha de la Iglesia es combatir sus propias traiciones que la pervierten desde dentro. “La Tradición debe ser recibida, vivida y transmitida, en lugar de ser un objeto dogmático o, lo que es peor, convertirse en una doctrina polémica destinada a combatir otras ideas”, afirma Michel. Todo esto no le impide lanzar un alegato sobre la “extendida tendencia moderna” a “disertar sobre la Gracia y los sacramentos prescindiendo de toda práctica religiosa regular”. A lo que se podría añadir la fórmula utilizada a menudo por René Guénon según la cual “lo más no puede proceder de lo menos”, porque, en esas disertaciones interminables, sólo busca manifestarse un puro individualismo racionalista. A este individualismo – que no es sino una especie de mercantilismo psíquico – Michel pretende oponer lo que Léon Bloy llamaba “la indignación caballeresca de la conciencia cristiana”, es decir, los recursos a los que debe recurrir cualquiera que pertenezca a la casta (clase) de los guerreros, que él asocia, quizás de forma discutible, con el ejercicio de la política – aunque el rey es, en efecto, un “político”, en el fondo es antes que nada el primero de los guerreros (pero ya no tenemos reyes) –. Las repúblicas y las democracias han creado una parodia de esta figura en donde hasta el más pequeño de los verduleros puede convertirse en presidente, “jefe del ejército”, trayendo con ello consecuencias fatales y ridículas que pueden llevar a un desastre.
Leer Le Recours à la tradition de Michel Michel, con un prólogo de Fabrice Hadjadj, Collection Téôria, 288p., L'Harmattan, 2021
Entrevista a Michel Michel
DG: El subtítulo de su ensayo, Le Recours à la tradition, hace referencia a Gilbert Keith Chesterton, que declaraba que la Modernidad era “el resultado de antiguas virtudes cristianas enloquecidas”. Chesterton pasó de ser un miembro de la Iglesia de Inglaterra a abrazar un catolicismo incluso más radical y llegando a declarar que: “El mundo no morirá por falta de maravillas, sino únicamente por la falta de asombro”. Así que, al final, todo es cuestión de gustos. Usted es sociólogo y católico, así que, desde esta doble perspectiva, ¿cuál es el gusto que impulsa la interminable curiosidad humana o, como los perros devoradores de los Cantos de Maldoror, de donde viene esa “insaciable sed de infinito”, de “sentir la necesidad del infinito” (1)?
Michel Michel: A lo largo de mi carrera he conocido dos tipos de sociólogos: los que odian el tema que estudian y quieren cambiar la sociedad; y los que aman el tema que estudian y desconfían de cualquiera que quiera subvertir la Creación y la naturaleza humana a ¡a cualquier precio! Yo tengo un inmenso apetito, como usted dice, o, mejor dicho, siento un profundo amor fati (“amor al destino”). Pero estoy de acuerdo con Pascal en que “el hombre evita al hombre”. Me parece que se trata de una puerta de salvación y, al mismo tiempo, la fuente de grandes peligros. El deseo siempre apunta a ir “más allá” – es decir, aspira a la Trascendencia –, pero, si yerra su objetivo, será prisionero de toda clase de transgresiones. Tal vez sea éste el pecado original: haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios” y pretender ser “como dioses” al margen de Dios.
DG: Lautréamont, al cual he citado antes, escribe como Maldoror rememoraba las historias de su madre; usted se remonta a su abuela, que, según dice, le leía regularmente cuentos y leyendas. Entonces esto nos lleva a considerar, como decía Ernst Cassirer, que “el hombre no vive en un mundo de cosas, sino en un mundo de signos”. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” dice Mateo (IV, 4) (2) y también el Deuteronomio (VIII, 3) (3).
Michel Michel: El racionalismo, que es uno de los pilares de la “Modernidad”, conlleva (afortunadamente de forma parcial) a ver la creación no como un conjunto de signos, sino como un conjunto de “cosas” unidas entre sí por los mecanismos del “azar y la necesidad”. Los cuentos y leyendas que me leía mi abuela probablemente me ayudaron a resistir este “desencanto del mundo” (como dicen Max Weber y Marcel Gauchet), pero, lamentablemente, no me transformaron en un chamán o un alquimista. Como demuestra Antoine Compagnon, los “antimodernos” siguen siendo “modernos”. Me hubiera gustado vivir la Tradición sin tener que ser un reaccionario (es decir, reaccionar ante una situación anormal) … Se nos acusa tontamente de “no ser de nuestro tiempo”, pero es precisamente por ser demasiado hijos de nuestro tiempo que vivimos de este modo. Las sociedades tradicionales son “locales”: “Saber cómo plantar coles según […] las tradiciones locales”. Igualmente, la moda consuetudinaria está ligada a una determinada localidad en la que uno vive arraigado. En el mundo moderno, en cambio, la moda significa precisamente el cambiar de moda – por falta de arraigo – y este es un proceso que se acelera cada vez más y al cual estamos completamente sometidos actualmente: la ropa de verano, el largo de las faldas y cualquier otra cosa que se verá como anticuada mañana. El verdadero problema no es “ser de nuestro tiempo” (nadie puede escapar al tiempo en el que le tocó vivir) – aunque, por supuesto, es necesario adaptarse un poco a él –, el verdadero problema es saber cómo escapar (aunque sólo sea un poco) de las garras del tiempo que nos tocó vivir y que denominamos Modernidad. El conocimiento del Hombre antiguo (a través de la Historia), del Hombre de lugares lejanos (a través de la Etnología) y del Hombre que permanece (a través de la ciencia de los arquetipos y, sobre todo, a través de la Sophia perennis) nos permite maniobrar un poco en este Imperio de las “modas” efímeras creado por la Modernidad. Es cierto que este conocimiento no está exento de muchas proyecciones (interpretaciones), pero esta “cultura general” nos permite darnos cuenta que es posible pensar la realidad de otras maneras y relativizar la episteme de nuestro tiempo.
DG: Si continuamos analizando la afirmación de Chesterton no podemos sino pensar en el catolicismo moderno y preguntarle: “¿Por qué la Iglesia se ha aliado con sus peores adversarios?” Todo ello empezó con “el clero juramentado impuesto por Napoleón con el Concordato”, el cual luego se sometió a los sucesivos regímenes que van desde la Restauración a De Gaulle, pasando por Luis Felipe, el Segundo Imperio, la Tercera y la Cuarta Repúblicas, y ni hablar del presente… Bueno, eso en cuanto a la Iglesia “progresista”. Paralelamente, usted también crítica a los católicos “tradicionalista” que prefieran ignorar el pensamiento de René Guénon con el pretexto de que, como ellos mismos dicen, de que “la tradición, tal y como la define René Guénon, es incompatible con la Iglesia apostólica”. Usted pretende dirigirse tanto a sus “hermanos cristianos” como a sus “amigos guenonianos y perennialistas”. Sin embargo, dejando de lado los posibles casos individuales de ciertos “cristianos”, que sin duda no afectan a la verdadera doctrina de la Iglesia, me parece que haces una “crítica” de la obra de Guénon que a veces podría a confundirse con interpretaciones guenonlolatras o guenonófobas (cada una más inapropiada que la otra) en lugar de analizar lo que dice realmente Guénon.
Michel Michel: Por supuesto, Guénon, que murió como un musulmán sufí, no es un Doctor de la Iglesia; sin embargo, ni Platón ni Aristóteles eran cristianos, pero su pensamiento sirvió, no obstante, de base filosófica para el pensamiento cristiano. ¿Por qué no hacer lo mismo con la metafísica de René Guénon? Una militancia real (4) debe basarse en una ética y una episteme metapolíticas que sean capaces de suplantar a las herejías cristianas que dieron nacimiento a la Modernidad, es decir, la reducción del Hombre a un individuo aislado (individualismo), el desencanto y la reducción del mundo a “cosas” que debemos explotar (racionalismo) y el mesianismo del “Hombre Nuevo” esperado por el Progreso (progresismo). Es por eso que debemos inspirarnos en las corrientes de pensamiento antimodernas más coherentes y que podríamos dividir en tres vertientes:
En primer lugar, los efectos sociales de los mitos cristianos (5) que, habiendo triunfando sobre el paganismo (integrándolo dentro de sí en lugar de desintegrarlo), dieron nacimiento a dos civilizaciones milenarias (el Imperio bizantino y la Cristiandad occidental). Fueron estos mismos mitos cristianos (aunque heréticos) los que dieron nacimiento a la Modernidad occidental (descubrimiento de “Nuevos Mundos”, expansión colonial a escala mundial, innovación tecnológica acelerada, etc.). A pesar de este cáncer social (hablo de la civilización occidental, convertida en “cultura mundial”), que pretende suplantar a todas las demás culturas a las cuales califica de “arcaicas” o “primitivas”, no hemos conseguido destruir los mitos que siguen habitando nuestras sociedades, especialmente porque esos mitos siguen siendo cristianos. Incluso aquellos que no se consideran cristianos (como Charles Maurras el siglo pasado y Michel Onfray y Éric Zemmour en la actualidad) están de acuerdo en que la defensa de la civilización europea – y particularmente la francesa – está estrechamente ligada a la columna vertebral de la misma que no es otra cosa que el cristianismo. Es por eso mismo que ellos son indiferentes a la lucha de los “tradis” por la restauración de la Iglesia. La base de esta corriente, que René Rémond llamó “la corriente legitimista”, agrupa a los contrarrevolucionarios, los “católicos franceses” comunes y los “tradis” que aún quedan, todos ellos elementos que sigue siendo posible movilizar incluso hoy en día.
En segundo lugar, los empiristas y escépticos frente a las utopías soñadas por el “Hombre Nuevo” que acarrean toda clase de consecuencias nefastas. Tras todo fracaso revolucionario no dudan en decir: “Vanidad de vanidades […]. No hay nada nuevo bajo el sol” (con el Eclesiastés I, 2-20). Fue precisamente frente a las abominaciones y terribles consecuencias desatadas por la revolución francesa que un liberal como Edmund Burke, un moderado como Hippolyte Taine y un positivista como Auguste Comte (6) desarrollaron muchas de sus ideas. Maurras sintetizó el pensamiento de todos ellos y, de ese modo, fue capaz de sacudir la hegemonía republicana a través de una alianza entre los viejos contrarrevolucionarios y los nuevos reaccionarios partidarios del “empirismo organizador” (de los que Jacques Bainville es un ejemplo bastante representativo). Además, supo unir a esta síntesis a muchos de aquellos que (como los provincialistas, anarcosindicalistas proudhonianos, etc.) se oponían a las consecuencias de una revolución jacobina y “burguesa” que había disuelto los cuerpos intermedios y los derechos de las comunidades tradicionales mediante la ley Le Chapelier, la cual reducía al pueblo a una masa de individuos atomizados.
En tercer lugar, el perennialismo, que se opone radicalmente a la Modernidad. Esta forma de pensamiento fue estructurada (de forma casi cartesiana) por René Guénon, pero realmente puede rastrearse hasta Platón e incluso Nietzsche. El italiano Julius Evola, el suizo Frithjof Schuon, el esrilanqués Ananda Coomaraswamy y muchos otros que han desarrollado los diferentes aspectos de la metafísica compartida por todas las sociedades tradicionales tal y como demuestran antropólogos como Georges Dumézil, Mircéa Eliade y Gilbert Durand. Para esta escuela, la Tradición es “lo que se ha creído en todas partes, siempre y por todos” como decía San Vicente de Lérins en el siglo V. Este adagio no sólo se aplica a la ortodoxia dentro de la Iglesia, sino también, aunque con menos precisión, a todas las tradiciones religiosas de la humanidad cuyos parecidos son denominados como philosophia perennis.
De hecho, si logramos distanciarnos (aunque sea solamente un poco) de la ideología dominante en el mundo moderno, nos damos cuenta que la humanidad siempre ha creído:
Que el ser humano no es ni su propio origen ni su propio fin.
Que existe otro “mundo” (o varios mundos) fuera del que habitamos y que existe una relación entre ellos.
Que aquí abajo el Universo se encuentra animado por lo sagrado y que, por ejemplo, los espacios (lugares altos) y los “puntos celestiales” (10) están marcados por la presencia del Más Allá del mismo modo que el reverso de un lienzo encuentra su sentido en el diseño de su bordado.
Se rinde tanto culto a la inmanencia (ángeles y “dioses”, espíritus y el Espíritu “que sopla donde quiere”) como a la trascendencia de Dios (personal y/o impersonal).
Este culto puede adoptar muchas formas, pero junto con la construcción de tumbas y templos (André Malraux) y el sacrificio (“sacralización”), parece ser el más universal (Joseph de Maistre) de los ritos realizados por personas consagradas a ellos (8).
Es mediante la alianza de estas tres corrientes – la cristiana, la empirista y la perennialista (que Joseph de Maistre reunía en su persona) – como podremos superar la hegemonía subversiva de la Modernidad. Para ello, necesitamos integrar estos tres modos de pensamiento que ya están presentes en la mayoría de nuestros amigos, pero que son algo esquizoides a la hora de combinarse. Esto se aplica a demasiados católicos que se muestran reacios aceptar el exotismo de un Guénon (9) o los perennialistas que se sienten poco atraídos por una Iglesia que (en su forma actual) tiende a reducir la metafísica a una moral de la que se excluye lo trágico (“todo el mundo es bueno, todo el mundo es simpático”). Sin embargo, estas dos corrientes no se excluyen mutuamente: Guénon citaba a Melquisedec y a los Magos venidos del Oriente que llevaban sus dones al niño en el pesebre de Belén como el santo y seña de que el cristianismo es una forma de Tradición primordial, mientras que San Agustín sostenía que la Iglesia reconocía “que no cabe duda que entre los mismos paganos había profetas”. De hecho, hasta épocas muy recientes (como el Concilio de Trento en el siglo XVI) las iglesias solían equiparar los oráculos sibilinos romanos con los profetas del Antiguo Testamento. Además, el epíteto de “católico” dado a la Iglesia significa antes que nada universal y marca claramente su capacidad para abarcar todas las tradiciones como, por ejemplo, la Navidad que es la asimilación de la fiesta del Sol invinctus y de la armonía cósmica (el solsticio de invierno). Las catedrales se construyeron en los antiguos recintos de las tradiciones paganas y cuando Joseph de Maistre afirmaba que el cristianismo no se remontaba a solo dieciocho siglos atrás, sino al origen del mundo, no hacía más que hacerse eco de San Ireneo que sostenía que Adán era ciertamente católico. No era la Iglesia lo que Nietzsche, Evola o Maurras encontraban repugnante, sino sus herejías como el moralismo protestante, el olvido de la herencia romana o ver a “Cristo como el primero sans-culotte” tal y como era predicado por los demócratas cristianos de 1848.
Con esto no trato de unirlo todo con todo, ya que creo que la disputatio es una manifestación inequívoca de un pensamiento realmente vivo, pero creo que para poder “deconstruir” de forma coherente el desorden de los deconstructivistas es necesario volver nuestros ojos a los orígenes del mundo moderno. Los “tradis” han demostrado que sus posiciones son inviables y que tienen que salir de sus capillas y dejar de refugiarse en esa mentalidad encerrada sobre sí misma. Este tradicionalismo de la Reconquista debe ser lo más integrador posible. ¿No debería aliarse a toda familia espiritual que reconozca los fundamentos tradicionales (dentro de la Iglesia y posiblemente incluso fuera de ella)? Hay que saber pasar de un tradicionalismo de la resistencia (en un momento en que el progresismo parecía triunfar) a un tradicionalismo de la reconquista (en un momento en que el progresismo está en crisis).
DG: Aparte de su fe y su lectura de René Guénon, en el curso de sus estudios, investigaciones y reflexiones, ¿qué fue lo que le permitió, un día, darse cuenta de que, más allá de toda razón discursiva, el pensamiento podía desarrollarse analógicamente y, por lo tanto, por medio de símbolos en los que opera la imaginación, es decir, la “evocación de imágenes”, que incluso influyen de forma sutil el estado mental de la vigilia y la conciencia?
Michel Michel: Soy discípulo del antropólogo del imaginario Gilbert Durand e indirectamente de Henri Corbin, Jean Borella, Mircea Eliade, Carl Gustav Jung y Roger Caillois, quienes se negaban a reducir el conocimiento al “cosismo” propio de la razón. Por supuesto, no debemos confundir el uso legítimo de la razón y el razonamiento, que no es más que una de las múltiples formas de “conocimiento”, con el racionalismo, que pretende excluir del conocimiento la intuición intelectual y las analogías simbólicas, así como la dimensión mítica de la historia y los arquetipos que están en la raíz de toda actividad humana. El racionalismo observa el mundo después de haberlo cosificado, además, lo reduce a relaciones “mecánicas” de “causa y efecto” (excluyendo la causa final de Aristóteles), razón por la cual Descartes no ve en el cuerpo más que una máquina. El racionalismo nos enseña a no comprender el sentido de la Creación: después de Descartes vino la apología de la inmanencia (el desencanto del mundo evocado por Max Weber y Marcel Gauchet); después de Kant, vino la exclusión de toda forma de trascendencia, lo que nos lleva inevitablemente a concluir, con Yuri Gagarin en su viaje en el sputnik, que Dios no se encontraba en el cielo.
Si recibes una carta, puedes estudiar la textura del papel, la composición química de la tinta, la historia del alfabeto utilizado, identificar el tipo de lengua al que pertenece su gramática… Pero para comprender el significado de la carta, tienes que recurrir a otra forma de conocimiento. Edmund Husserl, el padre de la fenomenología, observó lo siguiente: “Para nuestra indigencia vital – oímos decir – esta ciencia no tiene nada que decirnos. Justamente, ella excluye por principio las preguntas que, en nuestros desdichados tiempos, son candentes para los seres humanos abandonados a perturbaciones fatales: las preguntas por el sentido o el sinsentido de toda esta existencia humana” (10). El racionalismo, en la medida en que se presenta como único modo de conocimiento, provoca un estrechamiento en nuestra comprensión del mundo e ignora otras formas de pensar que no tienen nada que ver con el mecanicismo. Al hecho de que las personas quieren conservar sus raíces opone el argumento de que los seres humanos no son plantas y, en consecuencia, no tienen raíces. La realidad ontológica, que sitúa al hombre en un lugar cultural por medio de una metáfora, es ignorada por completo y silenciada. El racionalismo no sólo ignora o devalúa los modos de conocimiento que no se basan en el razonamiento, sino que se niega a reconocer ámbitos que sus métodos no pueden explorar o más bien medir (metodología de las ciencias). En esto se parece a la historia de alguien que busca sus llaves debajo de una farola, pero se niega a buscar en otras partes “porque ‘no ve más allá’”.
No obstante, el hecho de que la Modernidad ignore las correspondencias simbólicas y el conocimiento intuitivo de los principios metafísicos, no significa que estos desaparezcan. Con tal de darle un nombre a estos objetos reprimidos que desea ignorarse, la Modernidad ha creado un concepto comodín que separa aquello que merece ser “descubierto” – lo racional – de aquello que debe permanecer “oculto” – lo irracional –. El concepto de lo irracional puede, en ocasiones, considerarse como “superstición”, “credulidad”, “metafísica” o incluso “poesía”. Este desprecio por lo que se considera irracional significa que la razón, que es limitada, ya no reconoce lo que está más allá de ella. El racionalismo es la arrogancia de la razón. En una sociedad racionalista todo lo que es considerado como “irracional” es reprimido. Pero lo reprimido no desaparece, únicamente es considerado como una parte constitutiva de las categorías sociales inferiores: el pueblo (“religión popular”), las mujeres (“intuición femenina”), los “iluminados”, los místicos, los marginados e incluso los desequilibrados (Chesterton los llamaba “lunáticos”). Esto únicamente refuerza el desprecio abiertamente profesado contra lo irracional, ya que, salvo en contadas excepciones, los profesionales, los “conocedores” o expertos intentan aproximarse a estas cuestiones por medios que van más allá del racionalismo, debido a que se han apartado de él.
Al desaparecer el sentido como sentido común, el sentido como orientación que hace que cada elemento se “conecte” con los demás elementos bajo una especie de “magnetismo” polarizado, la orientación, la cual implica que el espacio y el tiempo no son neutros, sino heterogéneos, desaparece: el Levante no es lo mismo que el Poniente; Oriente no es lo mismo que Occidente. Oriente está vinculado al nacimiento y al Origen, mientras que Occidente lo está a la muerte y a los fines últimos de la escatología (11). El espacio simbólico es una narración que tiene sentido y puede ser compartida por la gente. El racionalismo pretende reducir todo a una serie de razonamientos impuestos a todos los demás y al cual todos los demás deben ajustar sus presupuestos epistemológicos; por el contrario, la razón simbólica es universal (12) y se compagina perfectamente con el sentido común. La metáfora simbólica es la única forma en que se puede manifiesta un vínculo entre los distintos planos de la Creación, que une al Hombre con los animales, las plantas y el universo físico y metafísico. Nadie puede sustraerse al conocimiento analógico, porque “lo que es arriba es abajo” (13). Los conceptos son útiles para razonar, pero sólo pueden “distinguir”, es decir, separar. Sólo el pensamiento analógico es capaz de sintetizar, es decir, reconstituir lo “universal” (volver hacia lo uno). La propia ciencia, antaño punto de referencia supremo en un mundo secularizado, se enfrenta ahora a las preguntas de sus sumos sacerdotes acerca de cuáles son sus objetivos, sus límites y sus medios. Tras haberse lanzado a la conquista del conocimiento total en un gran movimiento prometeico que creía barrer el “oscurantismo” mítico-religioso, las ciencias se han fragmentado y especializado en tantas micro-capillas con jergas que únicamente abarcan atisbos cada vez más parciales de la realidad. De ahí la angustia de redescubrir un saber unificado, un saber que vincule la multiplicidad de saberes operativos redescubriendo su sentido perdido y restableciendo las correspondencias indispensables.
Ahora podemos ver hasta qué punto puede ser parcial y falsa una aprehensión puramente cuantitativa de la realidad. Así pues, no cabe duda de que los cimientos sobre los que se han construido el conocimiento y el sistema de representaciones del mundo contemporáneo (la episteme “clásica” definida por Michel Foucault) está en vías de resquebrajarse. El racionalismo antropocéntrico, historicista y desacralizado es como una ola que ha finalizado su recorrido y ahora retrocede con la marea. Mientras tanto, en todas las sociedades tradicionales, desde los chamanes hasta los clérigos, se dice que el orden del mundo gobierna el desorden aparente de este, a lo cual responden los intelectuales del mundo moderno que más bien el desorden está detrás del orden aparente. O, mejor dicho, es el orden de las cosas el que, sobre todo en los descubrimientos de las ciencias humanas, se presenta como el desorden de una alienación intolerable. Allí donde la Época de la Crítica cuestionaba las costumbres de un pueblo en nombre de la Razón con tal de glorificar la Tecnología como negación del Orden Mundial (Hegel), igualmente legitimaba el imperialismo en nombre de los Grandes Principios y justificaba las peores opresiones totalitarias en nombre de la Historia, la Postmodernidad se presenta como una crítica de la crítica, una negación de la negación que finalmente hace posible la emergencia de un discurso positivo. Por lo tanto, sería un error estratégico luchar, siguiendo una línea de pensamiento conservadora, contra las críticas de la Posmodernidad. La tarea de una crítica verdaderamente tradicional no es defender el desorden establecido, la negación del ayer contra la negación de la negación, la ceguera de la Época de la Crítica contra el reconocimiento de esa misma ceguera. Nuestro objetivo es liberar a la Modernidad de aquello a lo que tiende y de ese modo dejar de lado la ideología antropocéntrica que la domina. Al tradicionalismo contrarrevolucionario (la resistencia de un Maistre o de un Bonald) debe sucederle un tradicionalismo posrevolucionario en un tiempo donde la revolución se ha consumado.
Notas:
1. Comte de Lautréamont, Les Chants de Maldoror [I, 8], in Œuvres complètes, Librairie José Corti, 1958, p. 134.
La Bible – Traduction œcuménique, Bibli’o-Société biblique française/Les Éditions du Cerf, 2010, p. 1616.
Id., p. 224-225.
Antes de su reciente adhesión al espíritu del mundo a finales del siglo XX, la Iglesia no estaba tan desvirtuada y se declaraba como “Iglesia militante” dispuesta a afrontar las pruebas que la transformarían en una “Iglesia triunfante”.
Suelo definir el mito (siguiendo a Mircea Eliade) como un relato ontológicamente verdadero, pero aquí prefiero insistir (siguiendo a Georges Sorel) en la eficacia social del mito.
Admirador de Maistre y Bonald, Auguste Comte lamentaba las ensoñaciones de la “edad teológica”, despreciaba la “edad metafísica” (las utopías revolucionarias de la Modernidad) y esperaba la llegada de un periodo que él denominó como la “edad positiva”, una edad que sería tan religiosa como científica.
La heterogeneidad del espacio y del tiempo está en el corazón de la peregrinación. El turismo también, pero el turista es un peregrino que se ignora a sí mismo y apenas sospecha lo sagrado de la creación.
El sacrificio consiste en dar muerte a un animal, a un ser humano o, en el caso de la misa, al Verbo de Dios encarnado. Por eso los sacerdotes son universalmente masculinos (salvo en el vudú haitiano, tan corrompido); las mujeres pueden ser profetas, chamanes o doctoras de la Iglesia, pero no sacerdotes, porque el sacerdote no es ante todo un líder o un guía del coro, sino alguien que sacrifica. Las mujeres dan la vida y les corresponde a los hombres, los guerreros o los sacerdotes, dar la muerte…
Quienes se asusten por este “exotismo” pueden revisar las obras de tradicionalistas perfectamente católicos (si tal cosa es posible) como lo eran Jean Borella, Jean Hani o incluso Gustave Thibon…
Edmund Husserl, La Crise des sciences européennes et la phénoménologie transcendantale, Gallimard, 1967.
La etimología latina de la palabra “Occidente” está vinculada a la caída y la muerte; el mismo simbolismo se encuentra en la distinción entre “Machrek” y “Magreb”, ambas palabras con raíces árabes.
Los arquetipos, desde Platón hasta Jung, han sido considerados como universales.
Hermès Trismégiste, La Table d’Émeraude.
Cortesia de: Geostrategia.es




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