jueves, 25 de abril de 2024

IA

Las corporaciones estadounidenses de TI están lanzando proyectos para tomar el poder en el mundo


Vladimir Projvatilov

En los medios de comunicación mundiales hay una acalorada discusión sobre un nuevo proyecto conjunto entre las empresas estadounidenses Microsoft y OpenAI (desarrolladora del chatbot GPR-4), que han anunciado su intención de construir un centro de datos supergrande y un Computadora de IA superpotente para entrenar modelos de IA superinteligentes.

El nuevo proyecto podría costar hasta 100 mil millones de dólares, dijo al portal The Information una fuente cercana al CEO de OpenAI, Sam Altman. La publicación señala que Microsoft probablemente asumirá la responsabilidad de financiar el proyecto, "que será 100 veces más caro que algunos de los centros de datos modernos más grandes". Los ejecutivos de la compañía planean que la supercomputadora Stargate se lance en 2028.

A esta ambiciosa iniciativa pronto le siguió una respuesta completamente asimétrica de otro monstruo informático, Google DeepMind, que se propuso devaluar la idea multimillonaria de sus competidores creando un sistema para entrenar los modelos de IA más avanzados distribuidos por todo el mundo. Google DeepMind va a hacer esto utilizando el llamado escalamiento horizontal de su potencia informática basado en el algoritmo de entrenamiento DIstributed PAth COmposition (DiPaCo), un método para escalar el tamaño de las redes neuronales de IA en objetos informáticos distribuidos geográficamente.

En el contexto de las redes neuronales de IA, el escalado es un aumento de los recursos informáticos del chatbot y de su capacidad para procesar grandes cantidades de datos.

El escalado puede ser vertical u horizontal. El escalado vertical implica aumentar recursos como procesadores, memoria o almacenamiento en un único nodo o servidor. El escalado horizontal implica agregar nodos o servidores adicionales para distribuir la carga y aumentar el rendimiento del sistema.

Microsoft y OpenAI anunciaron un enorme proyecto de escalamiento vertical, y sus competidores de Google DeepMind respondieron con un proyecto de escalamiento horizontal completamente fantástico, del que vale la pena hablar en detalle.

El objetivo a largo plazo del proyecto DiPaCo es "entrenar redes neuronales en todo el mundo utilizando todos los recursos informáticos disponibles". Esto requiere repensar las arquitecturas de IA existentes para limitar la sobrecarga de comunicación de las redes neuronales distribuidas globalmente.

DiPaCo (Distributed Path Composition) ofrece un enfoque innovador para entrenar redes neuronales, utilizando potencia informática en todo el mundo, que, según los desarrolladores de Google DeepMind, permitirá escalar los modelos de IA a tamaños más allá del alcance de los sistemas centralizados tradicionales.

DiPaCo se basa en dos algoritmos clave, que juntos crean una poderosa herramienta para desarrollar modelos de IA súper inteligentes:

DiLoCo, que mejora la confiabilidad de la capacitación al reducir las fallas y las acciones proactivas de los trabajadores;

DiPaCo, que acelera el aprendizaje con menos potencia de chatbot.

El éxito de DiPaCo no sólo podría desafiar el valor de la inversión multimillonaria de Microsoft y OpenAI, sino también cambiar fundamentalmente la dirección del desarrollo de la IA. El proyecto supuestamente tiene como objetivo democratizar el acceso a la formación de modelos de IA superpoderosos, garantizando al mismo tiempo la destrucción del monopolio de los actuales líderes del mercado de TI.

El proyecto anunciado por Google DeepMind privará a los gobiernos de las principales potencias mundiales del control sobre los grandes centros de datos. La estructura distribuida de DiPaCo hace que dicho control sea mucho más complejo y pone en duda su eficacia.

Google DeepMind tiene la intención de "entrenar redes neuronales en todo el mundo utilizando todos los recursos informáticos disponibles". ¿De qué tipo de recursos disponibles para los especialistas estadounidenses en TI estamos hablando?

Sobre el portátil en el que trabaja, sobre el teléfono móvil desde el que realiza llamadas, sobre los recursos informáticos corporativos de todos los países y continentes, en definitiva, sobre toda la tecnología informática disponible en el mundo.

La pregunta es: ¿quién les dará esa oportunidad?

La respuesta es cualquier persona o corporación que acepte alquilar sus recursos de TI durante algún tiempo a los evasores de Google DeepMind. No gratis, por supuesto, pero sí a un precio negociado.

Como resultado, incluso si los estadounidenses alquilan sólo computadoras personales privadas, obtendrán acceso a recursos y bases de datos corporativos y a recursos gubernamentales a través de ellas. En esencia, esto significará interceptar no sólo el poder informativo, sino también físico sobre el mundo, sin mencionar el acceso a la información más secreta de los aliados y enemigos de Estados Unidos.

No olvide que el algoritmo DiPaCo también entrenará a millones de computadoras portátiles alquiladas, teléfonos móviles, computadoras corporativas y chatbots locales. No hace falta decir que después de dicha formación, todos estos equipos electrónicos estarán bajo el control de Google DeepMind, incluso si no se extiende el período de alquiler.

Sin embargo, la cooperación con el gigante informático estadounidense puede imponerse por la fuerza no sólo a los individuos, sino también a las corporaciones y los Estados, del mismo modo que se impuso la cooperación con la tristemente célebre Organización Mundial de la Salud (OMS) al mundo entero.

Los anglosajones saben presentar su beneficio como bien común; esto no se les puede quitar.

Stanislav Lem, el escritor de ciencia ficción favorito de S.P. Korolev, en su novela profética "La suma de la tecnología", predijo el surgimiento de la intelelectrónica, una electrónica inteligente que mejorará las capacidades intelectuales humanas. Hoy en día este tipo de electrónica se está convirtiendo en una realidad cotidiana: los teléfonos inteligentes, los “relojes inteligentes”, la “casa inteligente”, la “ciudad inteligente” y, en el proyecto, el “estado inteligente” se han establecido firmemente en nuestras vidas.

Pero en el proyecto Google DeepMind no se trata de un estado inteligente, sino de una corporación inteligente, Google DeepMind.

El analista ruso de inteligencia artificial Artem Artemov señaló en una entrevista con FSK que Google DeepMind pretende controlar no sólo el recurso informático global, sino también el cognitivo.

“Una computadora alquilada u otro dispositivo es un agente inteligente que obtiene conocimientos y aprende como parte de la cooperación con una corporación estadounidense. La apoteosis de la expansión de las corporaciones estadounidenses de TI será el día en que esta cooperación se ligará a la criptografía. Datos-información/conocimiento-criptomoneda: este es el camino para tomar el poder en el mundo”, señala Artemov.

No es difícil adivinar que Microsoft y OpenAI no mirarán pasivamente el avance global de sus competidores y desarrollarán sus propios algoritmos de entrenamiento similares a DiPaCo y se apresurarán tras Google DeepMind hacia los recursos informáticos del planeta.

Y Google DeepMind, por su parte, reforzará su escalamiento vertical, asignando dinero para construir una supercomputadora y un centro de datos gigante.

Dos supercorporaciones estadounidenses discuten hoy sobre quién será el amo del mundo. Lo más probable es que tarde o temprano formen un cártel y combinen sus esfuerzos y recursos para socavar el poder de los gobiernos nacionales.

No hace falta decir que estos ambiciosos planes de los gigantes estadounidenses de TI son parte de un proyecto globalista más amplio, en el que la humanidad debería volverse prescindible en aras de la prosperidad de un puñado de corporaciones anglosajonas.

El Occidente colectivo tiene ambiciones más que suficientes, pero podemos estar seguros de que en al menos dos países, Rusia y China, estos proyectos están condenados al fracaso.



Cortesia de: Geostrategia

Universo Consciente

Nuestra realidad es una construcción humana | Deepak Chopra

 

sábado, 6 de abril de 2024

Akasha

 





Andrey Fursov

 El indulto de 400 años ha terminado. La Rueda de la Historia aplastará al mundo occidental



Andrey Fursov


El largo verano del viejo mundo

En algún momento entre 10 y 12 milenios atrás, la barrera atlántica a la Corriente del Golfo desapareció, y la Corriente del Golfo se trasladó a Europa Occidental. El largo verano del Viejo Mundo comenzó. El surgimiento de la economía agrícola, como resultado de lo que Gordon Child puede no haber sido bien llamado, el término estableció – la Revolución Neolítica. Y desde entonces, durante casi 10,000 años, la agricultura se ha desarrollado.

La tasa promedio de crecimiento económico, el global, incluso la economía agrícola más productiva, no superó el 0,2-0,4%. Es decir, el desarrollo económico fue asintóticamente, nada cambió. Naturalmente, la limitación aquí eran los recursos o, como decía Karl Marx, las fuerzas productivas naturales (que no deben confundirse con el factor geográfico), y tan pronto como la población de una sociedad superaba el umbral de las posibilidades de las fuerzas productivas naturales, se incluía el mecanismo de autorregulación de crisis.

O la colonización, parte de la población se alejó y creó una colonia. Como los griegos colonizaron el Mediterráneo. O el gobierno impuso medidas de austeridad que limitaban el consumo al 90% de la población, lo que a China le gustaba mucho. Esto a menudo condujo a rebeliones. Bueno, por ejemplo, como la revuelta de los "rojo-ceja" después de las reformas de Van Man. La rebelión cortó la joroba demográfica, y la historia pareció comenzar de nuevo. O, si había vecinos nómadas, ellos, aprovechando la debilidad de la sociedad agrícola, invadieron, masacraron a parte de la población, plantados como una nueva dinastía. Esto fue a menudo el caso en el mundo árabe, también en China, porque había varias dinastías nómadas en origen. La última dinastía Qing eran seminómadas manchus. Las formas de autorregulación funcionaron.

También hubo autorregulaciones pacíficas e integradas de sociedades asintóticas. Bueno, por ejemplo, la permanente, de hecho, institucionalizada rígida supresión por los Spartiats de los Helots, la limitación de su número y el nivel de su consumo. Mucho más perfecto, si el término se puede usar aquí, eran los sistemas de castas de América "precolombina", un número de sociedades en Oceanía. Por supuesto, la forma más evolutiva es la India, pero repito que el sistema casto-varna no es solo una cosa india. En la India era solo el más desarrollado, había, por así decirlo, alrededor de 1000 castas, pero la base varn era 4.

En las sociedades casta-varn, cualquier protesta social se convirtió muy rápidamente en enfrentamientos intercastas y no adquirió ninguna escala significativa. Y el sistema fue tan exitoso que el sistema de castas fue implícitamente replicado incluso por sus oponentes. Y, digamos, la misma India colonial, a diferencia de China, en general, casi no conoce levantamientos campesinos. En China, los levantamientos campesinos a veces llevaron a un cambio de dinastías. Y, por ejemplo, el campesino rico Liu Bang se convirtió en el fundador de la dinastía Han, que derrocó a la dinastía Qin.

En cuanto a los tipos atenienses y romanos de esclavitud y el feudalismo clásico, eran considerablemente menos estables que las formas asintóticas asiáticas. Las políticas de propiedad de esclavos tenían que unirse en imperio, resolver problemas mediante el fortalecimiento del aparato represivo. El feudalismo agotó demasiado rápidamente su potencial y durante la crisis del largo siglo XVI o volvió a formas arcaicas, esta es la segunda edición de la servidumbre, o irrumpió en el capitalismo. Y aquí, sobre la base del capitalismo, como forma de relaciones agrarias, tuvo lugar la revolución industrial.


El surgimiento del capitalismo

"A principios del siglo XV en Europa la Edad Media terminó y comenzó el Renacimiento italiano, cuando los banqueros de las repúblicas comerciales del norte de Italia pusieron en el trono papal sus criaturas, cubriendo con arte brillante el caos político sangriento y el libertinaje. Esto ha causado la llamada espiral. El humanismo italiano y la reacción germánica de la Reforma con más de un siglo de guerras religiosas que destruyeron el Sacro Imperio Romano Germánico. Y fue la derrota de los cruzados, la epidemia de peste y la expansión de los otomanos lo que dio el impulso al Renacimiento, la Reforma y el Nuevo Tiempo, el comienzo de la Europa moderna y toda la civilización progresista occidental desde la época de la modernidad, que duró alrededor de 360 años y pasó por tres fases: la Modernidad Temprana, Media y Tardía. az118.livejournal.com

El cambio fue rápido, pero si la génesis del capitalismo se completó a mediados del siglo XVII, el capitalismo temprano, la fábrica, es hasta el final del siglo XVIII, hasta la década de 1780, entonces todo sucede muy rápidamente. Como señaló el famoso economista Douglas North, si un griego estuviera en Europa en 1750, un hombre de Atenas o un antiguo romano, entonces todo excepto las armas de fuego habrían estado claras para él, pero si estuviera en Europa en 1850, este mundo para él sería completamente ajeno e incomprensible».

De hecho, desde la década de 1780, la economía occidental, principalmente británica, ha dado un poderoso salto de asintótica a exponencial. Y el exponente sobrevivió hasta finales del siglo XX por inercia, desvanecimiento... Perdura hasta el día de hoy, pero ya está en exhalación, repito, respirando sobre incienso. De hecho, la economía mundial, principalmente su buque insignia actual, los Estados Unidos, se ha acercado al 0,2% asintótico.

¿Debido a qué se hizo la transición, el lanzamiento al exponente? Bueno, lo primero que llama la atención –y los apologistas del sistema capitalista lo señalan– es la revolución industrial. Es cierto, sí, es cierto que la revolución industrial solo podría ocurrir en una sociedad que, en términos de estructura de propiedad, especialmente la tierra, la existencia de un cierto nivel de riqueza, los intereses de la clase dominante, la orientación del mar, la orientación del comercio, las características del tipo socio-cultural, estaba realmente listo para la revolución industrial y trabajando hacia ella. Bueno, ese es el tipo de sociedad que fue Inglaterra desde mediados del siglo XVII y ya en la década de 1780 se materializó.

Cuando comenzó, el crecimiento exponencial se convirtió en autosostenible e involucrando a todo el mundo del Atlántico Norte. Además, este mundo se centraba en el mar, no en la tierra, como los imperios continentales euroasiáticos, sino en el mar y el comercio. Según los expertos, una serie de factores contribuyeron a este crecimiento exponencial. Estos son, además del desarrollo de la revolución industrial, la expansión colonial, un fuerte aumento de la explotación de la desigualdad social, la acumulación de capital. Según Yevgeny Balatsky, el flujo de innovaciones tecnológicas a finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, condujo al crecimiento de la producción de armas, de capital y al crecimiento de la productividad laboral.


Trampa neomaltusiana

Como resultado, la tasa de crecimiento económico ha superado la tasa de crecimiento de la población. Y Malthus, paradójicamente, escribió su libro sobre la trampa, que llegó a llamarse el malthusiano, justo cuando los británicos, y con ellos Occidente, estaban saltando de ella. Recomiendo encarecidamente encontrar el artículo de Balatsky "Instituciones de consenso para neutralizar la trampa neomaltusiana" en Internet. Esta en la revista "Temas de Regulación Económica", número 3 de 2019. El artículo es pequeño solo 14-15 páginas, pero vale la pena, el artículo de Balatsky es muy interesante.

Ahora, Occidente saltó de la trampa maltusiana no solo por las innovaciones tecnológicas, como dicen los apologistas del capitalismo, sino también por una serie de medidas socialmente represivas, es decir, había un lado oscuro de la revolución industrial. Y muy oscuro. Y estas medidas estaban dirigidas a neutralizar el lado opuesto, la sombra, del progreso tecnoeconómico, especialmente durante los primeros 100 años. ¿Qué era? Balatsky también enumera las siguientes medidas: la eliminación de una parte de la población mediante el uso generalizado de la pena de muerte en los siglos XVIII y XIX. En primer lugar, añadiré, en el Reino Unido, aunque en Francia y Alemania tuvieron leyes más duras que en Gran Bretaña en el siglo XVIII.

La eliminación de parte de la población debido al crecimiento de la delincuencia (especialmente en la Inglaterra victoriana), aceleró la extinción de la población, la enfermedad, el hambre, el hacinamiento en las ciudades, la exportación de delincuentes condenados a Australia. Por cierto, añadiré, junto con los criminales fueron transportadas prostitutas, con quienes los convictos se vieron obligados a casarse. Bueno, a lo que dijo Balatsky, debo añadir que en las colonias, el talón de hierro era aún más duro. Estamos hablando del exterminio de grupos étnicos enteros, la posterior neutralización alcohólica y médica. O la conocida anestesia de los chinos, Balatsky lo anotó muy bien. Eso es lo que la familia real de Inglaterra en el siglo XIX ganó, así como las familias financieras aristocráticas asociadas con la Compañía de las Indias Orientales. Esto es lo que Lyndon LaRouche llamó " apelación Dope " (Dope, Inc.).

Estas medidas antisociales y antihumanas permitieron al sistema retrasar su declive durante mucho tiempo, pero nada se da para siempre.

Sí. A principios del siglo XV, la Edad Media terminó en Europa y comenzó el Renacimiento italiano. De hecho, los banqueros de las repúblicas comerciales del norte de Italia, que colocaron a sus criaturas en el trono papal, cubrieron con brillante arte el caos político sangriento y el libertinaje. El humanismo italiano produjo la reacción germánica de la Reforma con más de un siglo de guerras religiosas que destruyeron el Sacro Imperio Romano Germánico. Uno de los principales ejes del Renacimiento, la Reforma y la Nueva Era fue la derrota de los cruzados en Tierra Santa, la epidemia de peste y la expansión de los otomanos. Fueron estos acontecimientos los que dieron lugar a la Europa moderna y a toda la civilización progresista occidental de la era moderna, que duró alrededor de 360 años. A partir de la década de 1780, la economía occidental (principalmente británica) dio un gran salto. El movimiento que lo acompañaba persistió exponencialmente hasta finales del siglo XX. Este desvanecimiento continúa hasta el día de hoy, pero ya está literalmente respirando el incienso.


Cortesia de: Geoestrategia



martes, 12 de marzo de 2024

Universe Inside You

Tecnologías Prohibidas y El Silenciamiento De Sus Inventores

Valery Ilyin

¿Cómo se impone la censura total a la humanidad?

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Valery Ilyin

A principios de este año, los autores del Informe de Riesgos Globales de Davos 2024 identificaron la “información errónea y la falta de información correcta” como los riesgos globales más grandes y graves en el futuro cercano. Y los expertos de Davos colocaron por primera vez la desinformación en el primer lugar entre los riesgos globales. Así se afirma en el Informe de Riesgos Globales publicado el 10 de enero , elaborado por el WEF - Foro Económico Mundial.

Al mismo tiempo, Ursula von der Leyen y la vicepresidenta de la Comisión Europea, V. Zhurova, anunciaron la creación de una nueva “ley digital” que regularía todas las redes, plataformas y servicios de la Unión Europea y garantizaría un control y restricción exhaustivos de el acceso de los ciudadanos a cualquier información que sea incorrecta y no leal a los aliados globales. También se expresó la idea de equiparar a todos los complotistas - "partidarios de teorías de conspiración que siembran pensamientos desagradables sobre la Unión Europea, sus intenciones y sus aliados" - con terroristas. Esta ley, que efectivamente impone a los europeos la censura total de todos los medios de comunicación, entrará en vigor para la UE el 17 de febrero de 2024.

Al mismo tiempo, se supo que se están preparando para introducir censura contra los medios extranjeros en Israel. El Times of Israel informó que la Knesset aprobó en primera lectura un proyecto de ley que permite al gobierno restringir el trabajo de los medios de comunicación extranjeros. Se supone que si el Ministro de Defensa considera que el trabajo de cualquier medio de comunicación extranjero representa una amenaza para la seguridad de Israel, su trabajo en el país será terminado, sus oficinas serán cerradas y su equipo será confiscado.

El WEF anunció a finales de otoño que uniría fuerzas con la ONU para monitorear/restringir la libertad de expresión en Internet. Incluso entonces, los miembros no electos de estas dos organizaciones globalistas se posicionaron abiertamente como censores globales de los reguladores de la libertad de expresión. Para entonces, defensores del Foro Económico Mundial y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) dijeron que habían desarrollado un “conjunto de herramientas de seguridad digital” que querían imponer a los gobiernos soberanos.

Al mismo tiempo, la UE enfatizó que el conjunto de herramientas fue desarrollado para combatir el “discurso de odio” y el “ciberbullying”, y en Israel se introdujo una pena de prisión por leer contenido prohibido, ya que la Knesset aprobó entonces un proyecto de ley que preveía un año de prisión. prisión por leer propaganda de organizaciones terroristas (no se pueden ver videos, leer, dar me gusta o volver a publicar mensajes, etc.).

Cybercerbers Schwab & Co. de la ONU, la UNESCO y el FEM insisten en que las “reglas” que están impulsando garantizarán que su versión de Internet sea la única forma “confiable” de informar y proteger contra la desinformación. El jefe de la OMS,el terrorista patentado por Washington, T. Ghebreyesus, también pide un aumento global de la censura con el pretexto de otra “catástrofe pandémica”.

Para ello, recuerda periódicamente que la OMS está interesada en la pronta entrada en vigor del llamado Tratado global contra la pandemia y quisiera que los Estados miembros de la ONU aceleraran el proceso, ya que esto otorgará a la OMS no sólo nuevos poderes en el campo de la política sanitaria, sino que también permitirá combatir la llamada “desinformación” mediante una supervisión estricta.

Al mismo tiempo, Ghebreyesus llama a los países a darse prisa y completar el trabajo sobre el documento, ya que “otra pandemia o emergencia sanitaria global podría surgir en cualquier momento, como ocurrió en 2019”. El director general de la OMS se queja de que la “difusión de información errónea” está erosionando “la fe en nuestras instituciones”. Esta es una vieja canción que los grupos globalistas detrás del principal terrorista médico del planeta están constantemente tratando de imponer al mundo. Su mensaje es este: no fueron sus “instituciones” y planes los que fracasaron en primer lugar, sino la “desinformación” la que los hizo fracasar. Y ahora la tarea es cómo convencer a la gente de que todo está en orden, así como de la necesidad de combatir la "desinformación" con la ayuda de una censura aún mayor y total.

Ésta es precisamente la posición que mantiene Ghebreyesus, como afirmó, entre otras cosas, durante un discurso especial en vídeo dirigido a los participantes en la cumbre de la OMS celebrada en Alemania. Declaraciones consonantes también las hacen algunos de sus cómplices que dirigen los sistemas nacionales de salud. Por ejemplo, al ministro de Sanidad alemán, Lauterbach, le preocupa mucho que los arquitectos de la “nueva normalidad” se enfrenten ahora a una “pandemia de información”, cuando todo está en entredicho, lo que les dificulta mucho imponer su agenda a la humanidad.

Para apoyar a sus cómplices de la OMS y el FEM, a principios del verano pasado personas de ideas afines de la ONU declararon peligrosos todos los temas que no les gustaban, llamándolos "teorías de conspiración". Desde entonces, cualquier ciudadano respetable, desde el punto de vista de Schwab, Gates y otros cabilderos de la "nueva normalidad", debe partir del hecho de que no hay una élite mundial, ni globalistas que manipulen en secreto los acontecimientos que tienen lugar en el mundo, los poderes fácticos son exclusivamente personas honestas, solidarias y abiertas, y Soros, Gates, los Rothschild, el Estado de Israel, etc. no pueden de ninguna manera conectarse con ninguna "supuesta conspiración".

Bueno, si te encuentras con una persona que afirma algo como esto, entonces debes "tomar medidas" inmediatamente e informar "cuando corresponda" - a las estructuras de la "policía del pensamiento" local o al nuevo sistema de verificación de hechos del iVerify de la ONU. Esta herramienta automatizada de “verificación de hechos” fue desarrollada en colaboración con la ONU y Facebook, con la participación financiera de las entidades de Soros. El sistema está diseñado “para combatir la desinformación en todo el mundo” y cuenta con el apoyo activo de Google, que, a partir del segundo semestre de 2023, introducirá la censura según las directrices de la OMS, el FEM y la ONU en áreas como: pandemias y covid-19, grandes compañías farmacéuticas y las grandes farmacéuticas, los globalistas y un gobierno mundial, el Banco Mundial, la migración masiva, etc. Ahora todo esto estará sujeto a una censura aún más poderosa. Lo que la gente pasó antes (bloqueo, eliminación de cuentas, baneos en la sombra) fue solo un ensayo o, si se quiere, una prueba del sistema, porque si las conspiraciones no existen, entonces ¿por qué "luchar" contra ellas con tanto celo, por qué tener miedo?

La nueva política de censura global de Google, "Herramientas de verificación de datos", para eliminar la disidencia sobre cualquier tema que elija la corporación, se dio a conocer el 7 de agosto de 2023. Al mismo tiempo, Google anunció planes para excluir por completo a todos los medios independientes de los resultados de búsqueda. Según LaToya Drake, directora del Google News Lab, Google está colaborando en el desarrollo de una nueva herramienta de censura con la ONU, la OMS y otras organizaciones. Casi inmediatamente después, el 15 de agosto, YouTube actualizó sus políticas de información de salud y decidió eliminar cualquier contenido que entre en conflicto con las recomendaciones de las autoridades sanitarias para la prevención y transmisión de determinadas afecciones, incluidas las vacunas.

Las figuras del régimen de Kiev inmediatamente quisieron aprovechar la censura total y la desinformación impuesta a la humanidad en el ciberespacio. Para ello, el pasado otoño la esposa del presidente de Ucrania, Elena Zelenskaya, incluso celebró una reunión especial con representantes de Google, a quienes expresó los siguientes deseos y anhelos de las actuales autoridades ucranianas: desrusificar los resultados de búsqueda en Google. y recomendaciones en YouTube; cambiar la entrega automática de contenido recomendado y popular para ucranianos de ruso a ucraniano y europeo; desconectar a Ucrania de su afiliación geográfica con la CEI: Mostrar Crimea para todos los usuarios de Google Maps como territorio de Ucrania.

Cuál es el resultado del deseo de censura total en los países de los llamados mil millones de oro, lo demuestran no sólo Google y las corporaciones farmacéuticas, que presionan agresivamente para “vacunar” a todo, sino también los bancos de Australia (que sirven como una especie de campo de experimentación y desarrollo de herramientas para los arquitectos de la (la “nueva normalidad” debido, entre otras cosas, a su especificidad geográfica), que ahora pueden cerrar una cuenta si un cliente “hace comentarios ofensivos o discriminatorios en las redes sociales”.

Ejemplo: National Australia Bank (NAB) ha establecido nuevos criterios para excluir clientes y, a partir del 1 de noviembre de 2023, podrá prohibir a los clientes utilizar sus servicios “si afectan negativamente el bienestar emocional de otra persona”. ¡Esto incluye a los clientes que realizan “publicaciones o comentarios ofensivos o discriminatorios” en línea o que causan “daño mental” en las redes sociales!

En Alemania, los disidentes y aquellos que hacen preguntas incómodas con franqueza alemana ya están clasificados como "teóricos de la conspiración" y se les anima a entregarlos a una " policía del pensamiento " especialmente creada en forma de "un servicio de asesoramiento destinado a la gente del Gran Bretaña área de Berlín que perciben declaraciones de conspiración ideológica en sus familiares, amigos o conocidos y quieren o necesitan encontrar una manera de hacerles frente”.

Los seguidores locales de Orwell y Schwab hasta ahora han enmarcado y presentado sus actividades de la siguiente manera: “Ofrecemos asistencia para comunicarnos con familiares que sólo hablan de crudas “teorías” y mitos de conspiración, que ya están apegados a historias de conspiración y que pueden estar activos en campañas ideológicas. Círculos de conspiración: ya sea digitalmente, en grupos de Telegram o en manifestaciones del llamado movimiento de “pensamiento lateral”.

En Austria, las funciones de la “policía del pensamiento” fueron asumidas por la Oficina de Protección e Inteligencia del Estado (DSN). A sus expertos en forense digital, que rastrean “la propagación de los mitos de la conspiración en todo el país”, les preocupa que los proveedores de dicha información se estén volviendo cada vez más profesionales: “Según DSN, el eterno favorito entre los mitos de la conspiración es el llamado “Gran Reinicio”. Entre otras cosas, incluye afirmaciones de que las élites buscan crear un gobierno mundial y quieren llevar a cabo el reemplazo de la población. También siguen estando muy extendidos los mensajes falsos sobre los peligros de la vacunación”.

En el "alma mater" de Orwell en Gran Bretaña, se creó su propia "policía del pensamiento" durante el llamado. pandemia -en forma de una "unidad antidesinformación" secreta del gobierno- para perseguir a quienes critican la cuarentena y cuestionan la conveniencia de vacunar masivamente a los niños. El Telegraph llama a la fuerza, creada por ministros británicos, “una fuerza secreta escalofriante para frenar la disidencia del bloqueo”.

El desarrollo de tecnologías relevantes se lleva a cabo desde hace varios años en el territorio de las naciones de la Commonwealth británica: Australia y Nueva Zelanda. El primer ministro de este último, D. Ardern, el año pasado, celebró un acuerdo de asociación con B. Gates para la implementación secreta en todo el país del llamado. Tarjetas de identificación digitales. Esto ha visto al programa de Aislamiento y Cuarentena Gestionados (MIQ) del Gobierno, que se había gestionado mediante el mantenimiento de registros manuales durante la pandemia, la transición a herramientas de software desarrolladas por JNCTN para verificar las identificaciones digitales del personal de MIQ.

Al mismo tiempo, el Primer Ministro de Nueva Zelanda propuso desde la tribuna de la ONU prohibir la difusión de información no acordada con las autoridades, afirmando que “la libertad de expresión es el arma del enemigo y es el pluralismo de opiniones lo que genera a las guerras, al calentamiento global y al racismo”, y los funcionarios gubernamentales son la única fuente de verdad y por lo tanto es necesario introducir la censura en Internet.

En el momento de estos anuncios, la propia Nueva Zelanda tenía agencias de inteligencia locales que emitían activamente folletos en los que decían al público que cualquiera que sospechara que sus amigos o familiares estaban hablando en contra de la censura y las políticas anti-Covid debería denunciarlos urgentemente, ya que esto era una señal de que tus amigos y familiares son terroristas...

Cortesia de: Geoestrategia



David Gattegno

 Recurrir a la tradición: entrevista a Michel Michel


David Gattegno

Según Michel Michel “el ‘mundo moderno’ no es una cultura entre otras, sino una cultura atípica, por no decir monstruosa”. Tal juicio es pronunciado siguiendo la obra de René Guénon, quien fue el primero en evocar y repetir esta idea de la monstruosidad del mundo moderno. Ahora bien, todo aquel que invoca el nombre de René Guénon quiere, ante todo, volver a darle importancia a la palabra Tradición, es decir, lo contrario, escatológicamente por decirlo de algún modo, de la vacuidad de la civilización que hoy quiere dominar el mundo. Porque, según Michel Michel, “sin el lastre de la Tradición, el cristianismo puede volverse loco”. La verdadera lucha de la Iglesia es combatir sus propias traiciones que la pervierten desde dentro. “La Tradición debe ser recibida, vivida y transmitida, en lugar de ser un objeto dogmático o, lo que es peor, convertirse en una doctrina polémica destinada a combatir otras ideas”, afirma Michel. Todo esto no le impide lanzar un alegato sobre la “extendida tendencia moderna” a “disertar sobre la Gracia y los sacramentos prescindiendo de toda práctica religiosa regular”. A lo que se podría añadir la fórmula utilizada a menudo por René Guénon según la cual “lo más no puede proceder de lo menos”, porque, en esas disertaciones interminables, sólo busca manifestarse un puro individualismo racionalista. A este individualismo – que no es sino una especie de mercantilismo psíquico – Michel pretende oponer lo que Léon Bloy llamaba “la indignación caballeresca de la conciencia cristiana”, es decir, los recursos a los que debe recurrir cualquiera que pertenezca a la casta (clase) de los guerreros, que él asocia, quizás de forma discutible, con el ejercicio de la política – aunque el rey es, en efecto, un “político”, en el fondo es antes que nada el primero de los guerreros (pero ya no tenemos reyes) –. Las repúblicas y las democracias han creado una parodia de esta figura en donde hasta el más pequeño de los verduleros puede convertirse en presidente, “jefe del ejército”, trayendo con ello consecuencias fatales y ridículas que pueden llevar a un desastre.

Leer Le Recours à la tradition de Michel Michel, con un prólogo de Fabrice Hadjadj, Collection Téôria, 288p., L'Harmattan, 2021


Entrevista a Michel Michel


DG: El subtítulo de su ensayo, Le Recours à la tradition, hace referencia a Gilbert Keith Chesterton, que declaraba que la Modernidad era “el resultado de antiguas virtudes cristianas enloquecidas”. Chesterton pasó de ser un miembro de la Iglesia de Inglaterra a abrazar un catolicismo incluso más radical y llegando a declarar que: “El mundo no morirá por falta de maravillas, sino únicamente por la falta de asombro”. Así que, al final, todo es cuestión de gustos. Usted es sociólogo y católico, así que, desde esta doble perspectiva, ¿cuál es el gusto que impulsa la interminable curiosidad humana o, como los perros devoradores de los Cantos de Maldoror, de donde viene esa “insaciable sed de infinito”, de “sentir la necesidad del infinito” (1)?

Michel Michel: A lo largo de mi carrera he conocido dos tipos de sociólogos: los que odian el tema que estudian y quieren cambiar la sociedad; y los que aman el tema que estudian y desconfían de cualquiera que quiera subvertir la Creación y la naturaleza humana a ¡a cualquier precio! Yo tengo un inmenso apetito, como usted dice, o, mejor dicho, siento un profundo amor fati (“amor al destino”). Pero estoy de acuerdo con Pascal en que “el hombre evita al hombre”. Me parece que se trata de una puerta de salvación y, al mismo tiempo, la fuente de grandes peligros. El deseo siempre apunta a ir “más allá” – es decir, aspira a la Trascendencia –, pero, si yerra su objetivo, será prisionero de toda clase de transgresiones. Tal vez sea éste el pecado original: haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios” y pretender ser “como dioses” al margen de Dios.

DG: Lautréamont, al cual he citado antes, escribe como Maldoror rememoraba las historias de su madre; usted se remonta a su abuela, que, según dice, le leía regularmente cuentos y leyendas. Entonces esto nos lleva a considerar, como decía Ernst Cassirer, que “el hombre no vive en un mundo de cosas, sino en un mundo de signos”. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” dice Mateo (IV, 4) (2) y también el Deuteronomio (VIII, 3) (3).

Michel Michel: El racionalismo, que es uno de los pilares de la “Modernidad”, conlleva (afortunadamente de forma parcial) a ver la creación no como un conjunto de signos, sino como un conjunto de “cosas” unidas entre sí por los mecanismos del “azar y la necesidad”. Los cuentos y leyendas que me leía mi abuela probablemente me ayudaron a resistir este “desencanto del mundo” (como dicen Max Weber y Marcel Gauchet), pero, lamentablemente, no me transformaron en un chamán o un alquimista. Como demuestra Antoine Compagnon, los “antimodernos” siguen siendo “modernos”. Me hubiera gustado vivir la Tradición sin tener que ser un reaccionario (es decir, reaccionar ante una situación anormal) … Se nos acusa tontamente de “no ser de nuestro tiempo”, pero es precisamente por ser demasiado hijos de nuestro tiempo que vivimos de este modo. Las sociedades tradicionales son “locales”: “Saber cómo plantar coles según […] las tradiciones locales”. Igualmente, la moda consuetudinaria está ligada a una determinada localidad en la que uno vive arraigado. En el mundo moderno, en cambio, la moda significa precisamente el cambiar de moda – por falta de arraigo – y este es un proceso que se acelera cada vez más y al cual estamos completamente sometidos actualmente: la ropa de verano, el largo de las faldas y cualquier otra cosa que se verá como anticuada mañana. El verdadero problema no es “ser de nuestro tiempo” (nadie puede escapar al tiempo en el que le tocó vivir) – aunque, por supuesto, es necesario adaptarse un poco a él –, el verdadero problema es saber cómo escapar (aunque sólo sea un poco) de las garras del tiempo que nos tocó vivir y que denominamos Modernidad. El conocimiento del Hombre antiguo (a través de la Historia), del Hombre de lugares lejanos (a través de la Etnología) y del Hombre que permanece (a través de la ciencia de los arquetipos y, sobre todo, a través de la Sophia perennis) nos permite maniobrar un poco en este Imperio de las “modas” efímeras creado por la Modernidad. Es cierto que este conocimiento no está exento de muchas proyecciones (interpretaciones), pero esta “cultura general” nos permite darnos cuenta que es posible pensar la realidad de otras maneras y relativizar la episteme de nuestro tiempo.

DG: Si continuamos analizando la afirmación de Chesterton no podemos sino pensar en el catolicismo moderno y preguntarle: “¿Por qué la Iglesia se ha aliado con sus peores adversarios?” Todo ello empezó con “el clero juramentado impuesto por Napoleón con el Concordato”, el cual luego se sometió a los sucesivos regímenes que van desde la Restauración a De Gaulle, pasando por Luis Felipe, el Segundo Imperio, la Tercera y la Cuarta Repúblicas, y ni hablar del presente… Bueno, eso en cuanto a la Iglesia “progresista”. Paralelamente, usted también crítica a los católicos “tradicionalista” que prefieran ignorar el pensamiento de René Guénon con el pretexto de que, como ellos mismos dicen, de que “la tradición, tal y como la define René Guénon, es incompatible con la Iglesia apostólica”. Usted pretende dirigirse tanto a sus “hermanos cristianos” como a sus “amigos guenonianos y perennialistas”. Sin embargo, dejando de lado los posibles casos individuales de ciertos “cristianos”, que sin duda no afectan a la verdadera doctrina de la Iglesia, me parece que haces una “crítica” de la obra de Guénon que a veces podría a confundirse con interpretaciones guenonlolatras o guenonófobas (cada una más inapropiada que la otra) en lugar de analizar lo que dice realmente Guénon.

Michel Michel: Por supuesto, Guénon, que murió como un musulmán sufí, no es un Doctor de la Iglesia; sin embargo, ni Platón ni Aristóteles eran cristianos, pero su pensamiento sirvió, no obstante, de base filosófica para el pensamiento cristiano. ¿Por qué no hacer lo mismo con la metafísica de René Guénon? Una militancia real (4) debe basarse en una ética y una episteme metapolíticas que sean capaces de suplantar a las herejías cristianas que dieron nacimiento a la Modernidad, es decir, la reducción del Hombre a un individuo aislado (individualismo), el desencanto y la reducción del mundo a “cosas” que debemos explotar (racionalismo) y el mesianismo del “Hombre Nuevo” esperado por el Progreso (progresismo). Es por eso que debemos inspirarnos en las corrientes de pensamiento antimodernas más coherentes y que podríamos dividir en tres vertientes:

En primer lugar, los efectos sociales de los mitos cristianos (5) que, habiendo triunfando sobre el paganismo (integrándolo dentro de sí en lugar de desintegrarlo), dieron nacimiento a dos civilizaciones milenarias (el Imperio bizantino y la Cristiandad occidental). Fueron estos mismos mitos cristianos (aunque heréticos) los que dieron nacimiento a la Modernidad occidental (descubrimiento de “Nuevos Mundos”, expansión colonial a escala mundial, innovación tecnológica acelerada, etc.). A pesar de este cáncer social (hablo de la civilización occidental, convertida en “cultura mundial”), que pretende suplantar a todas las demás culturas a las cuales califica de “arcaicas” o “primitivas”, no hemos conseguido destruir los mitos que siguen habitando nuestras sociedades, especialmente porque esos mitos siguen siendo cristianos. Incluso aquellos que no se consideran cristianos (como Charles Maurras el siglo pasado y Michel Onfray y Éric Zemmour en la actualidad) están de acuerdo en que la defensa de la civilización europea – y particularmente la francesa – está estrechamente ligada a la columna vertebral de la misma que no es otra cosa que el cristianismo. Es por eso mismo que ellos son indiferentes a la lucha de los “tradis” por la restauración de la Iglesia. La base de esta corriente, que René Rémond llamó “la corriente legitimista”, agrupa a los contrarrevolucionarios, los “católicos franceses” comunes y los “tradis” que aún quedan, todos ellos elementos que sigue siendo posible movilizar incluso hoy en día.

En segundo lugar, los empiristas y escépticos frente a las utopías soñadas por el “Hombre Nuevo” que acarrean toda clase de consecuencias nefastas. Tras todo fracaso revolucionario no dudan en decir: “Vanidad de vanidades […]. No hay nada nuevo bajo el sol” (con el Eclesiastés I, 2-20). Fue precisamente frente a las abominaciones y terribles consecuencias desatadas por la revolución francesa que un liberal como Edmund Burke, un moderado como Hippolyte Taine y un positivista como Auguste Comte (6) desarrollaron muchas de sus ideas. Maurras sintetizó el pensamiento de todos ellos y, de ese modo, fue capaz de sacudir la hegemonía republicana a través de una alianza entre los viejos contrarrevolucionarios y los nuevos reaccionarios partidarios del “empirismo organizador” (de los que Jacques Bainville es un ejemplo bastante representativo). Además, supo unir a esta síntesis a muchos de aquellos que (como los provincialistas, anarcosindicalistas proudhonianos, etc.) se oponían a las consecuencias de una revolución jacobina y “burguesa” que había disuelto los cuerpos intermedios y los derechos de las comunidades tradicionales mediante la ley Le Chapelier, la cual reducía al pueblo a una masa de individuos atomizados.

En tercer lugar, el perennialismo, que se opone radicalmente a la Modernidad. Esta forma de pensamiento fue estructurada (de forma casi cartesiana) por René Guénon, pero realmente puede rastrearse hasta Platón e incluso Nietzsche. El italiano Julius Evola, el suizo Frithjof Schuon, el esrilanqués Ananda Coomaraswamy y muchos otros que han desarrollado los diferentes aspectos de la metafísica compartida por todas las sociedades tradicionales tal y como demuestran antropólogos como Georges Dumézil, Mircéa Eliade y Gilbert Durand. Para esta escuela, la Tradición es “lo que se ha creído en todas partes, siempre y por todos” como decía San Vicente de Lérins en el siglo V. Este adagio no sólo se aplica a la ortodoxia dentro de la Iglesia, sino también, aunque con menos precisión, a todas las tradiciones religiosas de la humanidad cuyos parecidos son denominados como philosophia perennis.

De hecho, si logramos distanciarnos (aunque sea solamente un poco) de la ideología dominante en el mundo moderno, nos damos cuenta que la humanidad siempre ha creído:

Que el ser humano no es ni su propio origen ni su propio fin.

Que existe otro “mundo” (o varios mundos) fuera del que habitamos y que existe una relación entre ellos.

Que aquí abajo el Universo se encuentra animado por lo sagrado y que, por ejemplo, los espacios (lugares altos) y los “puntos celestiales” (10) están marcados por la presencia del Más Allá del mismo modo que el reverso de un lienzo encuentra su sentido en el diseño de su bordado.

Se rinde tanto culto a la inmanencia (ángeles y “dioses”, espíritus y el Espíritu “que sopla donde quiere”) como a la trascendencia de Dios (personal y/o impersonal).

Este culto puede adoptar muchas formas, pero junto con la construcción de tumbas y templos (André Malraux) y el sacrificio (“sacralización”), parece ser el más universal (Joseph de Maistre) de los ritos realizados por personas consagradas a ellos (8).

Es mediante la alianza de estas tres corrientes – la cristiana, la empirista y la perennialista (que Joseph de Maistre reunía en su persona) – como podremos superar la hegemonía subversiva de la Modernidad. Para ello, necesitamos integrar estos tres modos de pensamiento que ya están presentes en la mayoría de nuestros amigos, pero que son algo esquizoides a la hora de combinarse. Esto se aplica a demasiados católicos que se muestran reacios aceptar el exotismo de un Guénon (9) o los perennialistas que se sienten poco atraídos por una Iglesia que (en su forma actual) tiende a reducir la metafísica a una moral de la que se excluye lo trágico (“todo el mundo es bueno, todo el mundo es simpático”). Sin embargo, estas dos corrientes no se excluyen mutuamente: Guénon citaba a Melquisedec y a los Magos venidos del Oriente que llevaban sus dones al niño en el pesebre de Belén como el santo y seña de que el cristianismo es una forma de Tradición primordial, mientras que San Agustín sostenía que la Iglesia reconocía “que no cabe duda que entre los mismos paganos había profetas”. De hecho, hasta épocas muy recientes (como el Concilio de Trento en el siglo XVI) las iglesias solían equiparar los oráculos sibilinos romanos con los profetas del Antiguo Testamento. Además, el epíteto de “católico” dado a la Iglesia significa antes que nada universal y marca claramente su capacidad para abarcar todas las tradiciones como, por ejemplo, la Navidad que es la asimilación de la fiesta del Sol invinctus y de la armonía cósmica (el solsticio de invierno). Las catedrales se construyeron en los antiguos recintos de las tradiciones paganas y cuando Joseph de Maistre afirmaba que el cristianismo no se remontaba a solo dieciocho siglos atrás, sino al origen del mundo, no hacía más que hacerse eco de San Ireneo que sostenía que Adán era ciertamente católico. No era la Iglesia lo que Nietzsche, Evola o Maurras encontraban repugnante, sino sus herejías como el moralismo protestante, el olvido de la herencia romana o ver a “Cristo como el primero sans-culotte” tal y como era predicado por los demócratas cristianos de 1848.

Con esto no trato de unirlo todo con todo, ya que creo que la disputatio es una manifestación inequívoca de un pensamiento realmente vivo, pero creo que para poder “deconstruir” de forma coherente el desorden de los deconstructivistas es necesario volver nuestros ojos a los orígenes del mundo moderno. Los “tradis” han demostrado que sus posiciones son inviables y que tienen que salir de sus capillas y dejar de refugiarse en esa mentalidad encerrada sobre sí misma. Este tradicionalismo de la Reconquista debe ser lo más integrador posible. ¿No debería aliarse a toda familia espiritual que reconozca los fundamentos tradicionales (dentro de la Iglesia y posiblemente incluso fuera de ella)? Hay que saber pasar de un tradicionalismo de la resistencia (en un momento en que el progresismo parecía triunfar) a un tradicionalismo de la reconquista (en un momento en que el progresismo está en crisis).

DG: Aparte de su fe y su lectura de René Guénon, en el curso de sus estudios, investigaciones y reflexiones, ¿qué fue lo que le permitió, un día, darse cuenta de que, más allá de toda razón discursiva, el pensamiento podía desarrollarse analógicamente y, por lo tanto, por medio de símbolos en los que opera la imaginación, es decir, la “evocación de imágenes”, que incluso influyen de forma sutil el estado mental de la vigilia y la conciencia?

Michel Michel: Soy discípulo del antropólogo del imaginario Gilbert Durand e indirectamente de Henri Corbin, Jean Borella, Mircea Eliade, Carl Gustav Jung y Roger Caillois, quienes se negaban a reducir el conocimiento al “cosismo” propio de la razón. Por supuesto, no debemos confundir el uso legítimo de la razón y el razonamiento, que no es más que una de las múltiples formas de “conocimiento”, con el racionalismo, que pretende excluir del conocimiento la intuición intelectual y las analogías simbólicas, así como la dimensión mítica de la historia y los arquetipos que están en la raíz de toda actividad humana. El racionalismo observa el mundo después de haberlo cosificado, además, lo reduce a relaciones “mecánicas” de “causa y efecto” (excluyendo la causa final de Aristóteles), razón por la cual Descartes no ve en el cuerpo más que una máquina. El racionalismo nos enseña a no comprender el sentido de la Creación: después de Descartes vino la apología de la inmanencia (el desencanto del mundo evocado por Max Weber y Marcel Gauchet); después de Kant, vino la exclusión de toda forma de trascendencia, lo que nos lleva inevitablemente a concluir, con Yuri Gagarin en su viaje en el sputnik, que Dios no se encontraba en el cielo.

Si recibes una carta, puedes estudiar la textura del papel, la composición química de la tinta, la historia del alfabeto utilizado, identificar el tipo de lengua al que pertenece su gramática… Pero para comprender el significado de la carta, tienes que recurrir a otra forma de conocimiento. Edmund Husserl, el padre de la fenomenología, observó lo siguiente: “Para nuestra indigencia vital – oímos decir – esta ciencia no tiene nada que decirnos. Justamente, ella excluye por principio las preguntas que, en nuestros desdichados tiempos, son candentes para los seres humanos abandonados a perturbaciones fatales: las preguntas por el sentido o el sinsentido de toda esta existencia humana” (10). El racionalismo, en la medida en que se presenta como único modo de conocimiento, provoca un estrechamiento en nuestra comprensión del mundo e ignora otras formas de pensar que no tienen nada que ver con el mecanicismo. Al hecho de que las personas quieren conservar sus raíces opone el argumento de que los seres humanos no son plantas y, en consecuencia, no tienen raíces. La realidad ontológica, que sitúa al hombre en un lugar cultural por medio de una metáfora, es ignorada por completo y silenciada. El racionalismo no sólo ignora o devalúa los modos de conocimiento que no se basan en el razonamiento, sino que se niega a reconocer ámbitos que sus métodos no pueden explorar o más bien medir (metodología de las ciencias). En esto se parece a la historia de alguien que busca sus llaves debajo de una farola, pero se niega a buscar en otras partes “porque ‘no ve más allá’”.

No obstante, el hecho de que la Modernidad ignore las correspondencias simbólicas y el conocimiento intuitivo de los principios metafísicos, no significa que estos desaparezcan. Con tal de darle un nombre a estos objetos reprimidos que desea ignorarse, la Modernidad ha creado un concepto comodín que separa aquello que merece ser “descubierto” – lo racional – de aquello que debe permanecer “oculto” – lo irracional –. El concepto de lo irracional puede, en ocasiones, considerarse como “superstición”, “credulidad”, “metafísica” o incluso “poesía”. Este desprecio por lo que se considera irracional significa que la razón, que es limitada, ya no reconoce lo que está más allá de ella. El racionalismo es la arrogancia de la razón. En una sociedad racionalista todo lo que es considerado como “irracional” es reprimido. Pero lo reprimido no desaparece, únicamente es considerado como una parte constitutiva de las categorías sociales inferiores: el pueblo (“religión popular”), las mujeres (“intuición femenina”), los “iluminados”, los místicos, los marginados e incluso los desequilibrados (Chesterton los llamaba “lunáticos”). Esto únicamente refuerza el desprecio abiertamente profesado contra lo irracional, ya que, salvo en contadas excepciones, los profesionales, los “conocedores” o expertos intentan aproximarse a estas cuestiones por medios que van más allá del racionalismo, debido a que se han apartado de él.

Al desaparecer el sentido como sentido común, el sentido como orientación que hace que cada elemento se “conecte” con los demás elementos bajo una especie de “magnetismo” polarizado, la orientación, la cual implica que el espacio y el tiempo no son neutros, sino heterogéneos, desaparece: el Levante no es lo mismo que el Poniente; Oriente no es lo mismo que Occidente. Oriente está vinculado al nacimiento y al Origen, mientras que Occidente lo está a la muerte y a los fines últimos de la escatología (11). El espacio simbólico es una narración que tiene sentido y puede ser compartida por la gente. El racionalismo pretende reducir todo a una serie de razonamientos impuestos a todos los demás y al cual todos los demás deben ajustar sus presupuestos epistemológicos; por el contrario, la razón simbólica es universal (12) y se compagina perfectamente con el sentido común. La metáfora simbólica es la única forma en que se puede manifiesta un vínculo entre los distintos planos de la Creación, que une al Hombre con los animales, las plantas y el universo físico y metafísico. Nadie puede sustraerse al conocimiento analógico, porque “lo que es arriba es abajo” (13). Los conceptos son útiles para razonar, pero sólo pueden “distinguir”, es decir, separar. Sólo el pensamiento analógico es capaz de sintetizar, es decir, reconstituir lo “universal” (volver hacia lo uno). La propia ciencia, antaño punto de referencia supremo en un mundo secularizado, se enfrenta ahora a las preguntas de sus sumos sacerdotes acerca de cuáles son sus objetivos, sus límites y sus medios. Tras haberse lanzado a la conquista del conocimiento total en un gran movimiento prometeico que creía barrer el “oscurantismo” mítico-religioso, las ciencias se han fragmentado y especializado en tantas micro-capillas con jergas que únicamente abarcan atisbos cada vez más parciales de la realidad. De ahí la angustia de redescubrir un saber unificado, un saber que vincule la multiplicidad de saberes operativos redescubriendo su sentido perdido y restableciendo las correspondencias indispensables.

Ahora podemos ver hasta qué punto puede ser parcial y falsa una aprehensión puramente cuantitativa de la realidad. Así pues, no cabe duda de que los cimientos sobre los que se han construido el conocimiento y el sistema de representaciones del mundo contemporáneo (la episteme “clásica” definida por Michel Foucault) está en vías de resquebrajarse. El racionalismo antropocéntrico, historicista y desacralizado es como una ola que ha finalizado su recorrido y ahora retrocede con la marea. Mientras tanto, en todas las sociedades tradicionales, desde los chamanes hasta los clérigos, se dice que el orden del mundo gobierna el desorden aparente de este, a lo cual responden los intelectuales del mundo moderno que más bien el desorden está detrás del orden aparente. O, mejor dicho, es el orden de las cosas el que, sobre todo en los descubrimientos de las ciencias humanas, se presenta como el desorden de una alienación intolerable. Allí donde la Época de la Crítica cuestionaba las costumbres de un pueblo en nombre de la Razón con tal de glorificar la Tecnología como negación del Orden Mundial (Hegel), igualmente legitimaba el imperialismo en nombre de los Grandes Principios y justificaba las peores opresiones totalitarias en nombre de la Historia, la Postmodernidad se presenta como una crítica de la crítica, una negación de la negación que finalmente hace posible la emergencia de un discurso positivo. Por lo tanto, sería un error estratégico luchar, siguiendo una línea de pensamiento conservadora, contra las críticas de la Posmodernidad. La tarea de una crítica verdaderamente tradicional no es defender el desorden establecido, la negación del ayer contra la negación de la negación, la ceguera de la Época de la Crítica contra el reconocimiento de esa misma ceguera. Nuestro objetivo es liberar a la Modernidad de aquello a lo que tiende y de ese modo dejar de lado la ideología antropocéntrica que la domina. Al tradicionalismo contrarrevolucionario (la resistencia de un Maistre o de un Bonald) debe sucederle un tradicionalismo posrevolucionario en un tiempo donde la revolución se ha consumado.


Notas:

1. Comte de Lautréamont, Les Chants de Maldoror [I, 8], in Œuvres complètes, Librairie José Corti, 1958, p. 134.

La Bible – Traduction œcuménique, Bibli’o-Société biblique française/Les Éditions du Cerf, 2010, p. 1616.

Id., p. 224-225.

Antes de su reciente adhesión al espíritu del mundo a finales del siglo XX, la Iglesia no estaba tan desvirtuada y se declaraba como “Iglesia militante” dispuesta a afrontar las pruebas que la transformarían en una “Iglesia triunfante”.

Suelo definir el mito (siguiendo a Mircea Eliade) como un relato ontológicamente verdadero, pero aquí prefiero insistir (siguiendo a Georges Sorel) en la eficacia social del mito.

Admirador de Maistre y Bonald, Auguste Comte lamentaba las ensoñaciones de la “edad teológica”, despreciaba la “edad metafísica” (las utopías revolucionarias de la Modernidad) y esperaba la llegada de un periodo que él denominó como la “edad positiva”, una edad que sería tan religiosa como científica.

La heterogeneidad del espacio y del tiempo está en el corazón de la peregrinación. El turismo también, pero el turista es un peregrino que se ignora a sí mismo y apenas sospecha lo sagrado de la creación.

El sacrificio consiste en dar muerte a un animal, a un ser humano o, en el caso de la misa, al Verbo de Dios encarnado. Por eso los sacerdotes son universalmente masculinos (salvo en el vudú haitiano, tan corrompido); las mujeres pueden ser profetas, chamanes o doctoras de la Iglesia, pero no sacerdotes, porque el sacerdote no es ante todo un líder o un guía del coro, sino alguien que sacrifica. Las mujeres dan la vida y les corresponde a los hombres, los guerreros o los sacerdotes, dar la muerte…

Quienes se asusten por este “exotismo” pueden revisar las obras de tradicionalistas perfectamente católicos (si tal cosa es posible) como lo eran Jean Borella, Jean Hani o incluso Gustave Thibon…

Edmund Husserl, La Crise des sciences européennes et la phénoménologie transcendantale, Gallimard, 1967.

La etimología latina de la palabra “Occidente” está vinculada a la caída y la muerte; el mismo simbolismo se encuentra en la distinción entre “Machrek” y “Magreb”, ambas palabras con raíces árabes.

Los arquetipos, desde Platón hasta Jung, han sido considerados como universales.

Hermès Trismégiste, La Table d’Émeraude.


Cortesia de: Geostrategia.es



jueves, 15 de febrero de 2024

Enajenados

 Byung-Chul Han: "Hoy nos vemos totalmente enajenados"


"El dinero es un mal transmisor de identidad. Sin embargo, puede reemplazarla, pues el dinero proporciona a quien lo posee al menos una sensación de seguridad y de tranquilidad. Por el contrario, quien ni siquiera tiene un poco de dinero no tiene nada: ni identidad ni seguridad. " Byung-Chul Han                            


  Artículo del filósofo surcoreano Byung Chul Han, titulado originalmente "Umbrales". 


 


Por: Byung Chul-Han


El miedo se produce también en el umbral. Es una típica sensación liminar. El umbral es el tránsito a lo desconocido. Más allá del umbral comienza un estado óntico totalmente distinto. Por eso, el umbral siempre lleva inscrita la muerte. En todos los ritos de paso, los rites de passage, se muere para renacer más allá del umbral. La muerte se experimenta aquí como transición. Quien traspasa el umbral se somete a una trasformación. El umbral como lugar de trasformación duele. Le es inherente la negatividad del dolor: «Si sientes el dolor de los umbrales no eres un turista: puede producirse la transición». Hoy, el tránsito esencialmente marcado por el umbral deja paso al pasaje sin umbrales. Con internet nos hemos vuelto más turistas que nunca. Hemos dejado de ser el homo doloris que habita umbrales. Los turistas no tienen experiencias que impliquen una transformación y un dolor. Se quedan igual. Viajan por el infierno de lo igual.


Los umbrales pueden aterrar o amedrentar. Pero también pueden regocijarnos o encandilarnos. Estimulan la imaginación para crear fantasías referidas a otros. Ese imperativo de aceleración propio de las circulaciones globales de capital, comunicación e información desmantela umbrales y, con una rotación interior extremadamente acelerada, engendra un espacio sin umbrales y liso. Aquí surge un nuevo miedo que queda totalmente desvinculado de la negatividad de lo distinto.


La comunicación digital, en cuanto nueva forma de producción, elimina rigurosamente toda distancia para acelerarse. Con ello se pierde toda distancia protectora. En la hipercomunicación todo se mezcla con todo. También las fronteras entre dentro y fuera se vuelven cada vez más permeables. Hoy nos vemos totalmente enajenados y convertidos en una «pura superficie de absorción y reabsorción de las redes de influencia».


El imperativo de transparencia elimina toda falta de visión y todo hueco informativo, y deja todo a merced de una visibilidad total. Hace que desaparezcan todos los espacios de retirada y de protección. Con ello nos acerca todo hasta una proximidad amenazadora. Nada nos sirve de pantalla protectora. Nosotros mismos no somos más que pasajes en medio de la interconexión global.  La transparencia y la hipercomunicación nos despojan de toda intimidad protectora. Es más, renunciamos voluntariamente a ella y nos exponemos a redes digitales que nos penetran, nos dilucidan y nos perforan. La sobreexposición y la desprotección digitales generan un miedo latente que no se explica en función de la negatividad de lo distinto, sino del exceso de positividad. 


En el infierno transparente de lo igual no falta el miedo. Lo amedrentador es, justamente, esa embriaguez que causa lo igual y que se vuelve cada vez más intensa.


Cortesia de: Bloghemia


Alain de Benoist

 La hora de los Estados-Civilizaciones



Alain de Benoist

“No puede existir una civilización digna de tal nombre que no haya rechazado algo o no renunciara a algo”. (Fernand Braudel)

La naturaleza del Nomos de la Tierra que determinará el Nuevo Orden Mundial naciente es testigo actualmente de la lucha entre tres modelos distintos: el internacionalismo liberal, los Estados nacionales nacidos del orden westfaliano y los Estados-civilización.

El internacionalismo liberal es una continuación del pensamiento liberal clásico que establece la necesidad de que exista un Estado de Derecho, la protección de los derechos individuales garantizados por una Constitución, la primacía de las normas durante cualquier procedimiento, la democracia parlamentaria y la libertad de mercado, elementos considerados como universales y “humanos” que únicamente es posible establecer olvidando las historias particulares de cada pueblo, por lo que aquellos que rechazan lo que ritualmente se presenta como “libertad y democracia” son inmediatamente considerados como no humanos y convertidos en parte del “eje del mal”, debido a que el liberalismo considera que cualquiera que se resista a la expansión de su modo de vida basado en el individualismo y el capitalismo es una “agresor”. Todo lo anterior demuestra que el liberalismo tiene una gran contradicción interna: por un lado, defiende teóricamente el principio de tolerancia frente a las decisiones individuales de cada uno, lo que lo lleva a defender la “neutralidad de los poderes públicos” (este es el origen de la laicidad francesa) (1), pero, por otro lado, quiere extender la idea del individualismo por todo el mundo en detrimento de otros sistemas de valores, lo cual va en contra del principio mismo de la tolerancia. El liberalismo no se contenta con afirmar la superioridad universal absoluta de la democracia liberal, sino que busca imponerla en todo el mundo, con lo cual multiplica su injerencia en todas partes, pasando de una simple teoría a una coartada ideológica que promueve una forma de imperialismo brutal. Este fue el caso de los Estados Unidos que pasó de la Doctrina Monroe (1823) que negaba categóricamente cualquier forma de intervencionismo (principio de neutralidad) a una teoría que promueve el derecho ilimitado de intervenir en todas partes. Carl Schmitt escribía que “el principio de no intervención y el rechazo de todas las potencias extranjeras por parte de Estados Unidos terminó evolucionando hasta convertirse en la justificación para todas las intervenciones imperialistas estadounidenses”.

Por otro lado, tenemos a los Estados-nación los cuales se conciben a sí mismos como la unidad política primera del orden internacional consagrado por las Naciones Unidas y que cada país debe afirmar su soberanía. Además, los Estados-nación rechazan el pluralismo típico de los poderes imperiales en favor de que cada pueblo tenga un territorio habitado por una única comunidad política, siendo intolerantes frente a las diferencias y homogeneizando todos sus componentes internos. El internacionalismo liberal no es el principal enemigo de los Estados-nacionales en la medida en que estos últimos siempre pueden ser colonizados por los valores liberales: conocemos muy bien el éxito que ha tenido el liberalismo a la hora de imponer la legitimidad universal de la democracia liberal (la cual Hayek llamaba la “protección constitucional del capitalismo”) y el libre mercado en todo el mundo. El internacionalismo liberal no considera a los Estados-nacionales como un obstáculo para la expansión internacional del mercado mundial, mientras que en el plano político y militar los apoya siempre y cuando le permitan expandir su influencia. Este ha sido el caso de la guerra de Ucrania, donde Estados Unidos apoya abiertamente las pretensiones de Ucrania de convertirse en un Estado-nación con tal de que esta se pliegue a sus intereses.

Sin embargo, esto último no se aplica a los Estados-civilización, a los cuales el internacionalismo liberal considera como sus principales enemigos ya que estos se oponen, debido a su propia naturaleza, a la difusión de los valores liberales. Pero, ¿qué es este recién llegado al que varios autores (2) denominan actualmente con el nombre de “Estados-civilización”? Los Estados-civilización son potencias regionales cuya influencia se extiende más allá de sus fronteras y que consideran el Nomos de la Tierra como fundamentalmente multipolar. En particular, China y Rusia son considerados como Estados-civilización. Sin embargo, esta categoría puede aplicarse a muchos otros Estados que han organizado mediante una cultura que tiene una larga historia varias territorios y grupos etnolingüísticos diversos como son el caso de India, Turquía e Irán, por solo citar algunos ejemplos. Los Estados-civilización oponen al universalismo occidental un modelo en donde cada civilización debe tener su propia identidad, basada en sus propios valores culturales e instituciones políticas que no puede ser reducido a un modelo universal. Además, los Estados-civilización no sólo quieren conservar su soberanía sin someterse a la dictadura de las élites supranacionales, sino que también quieren frustrar cualquier proyecto “globalista” destinado a reinar sobre todo el planeta, pues son conscientes de que cada cultura no es idéntica a las otras y afirmando que no puede existir una cultura que se imponga sobre el resto. Una característica que tienen todos los Estados-civilización es que denuncian el universalismo occidental como una forma de etnocentrismo enmascarado y un sistema elegante para ocultar su imperialismo hegemónico. Antes que nada, los Estados-civilización se fundamentan en su historia y su cultura no solo con la intención de afirmar que su modelo político y social es diferente al que pretende imponer el internacionalismo liberal, sino también con la intención de considerarlo como una alternativa, una especie de “buen vivir” tanto política como religiosa. Es decir, estos valores se consideran como sustanciales y no negociables, ya que el Estado mismo debe encarnarlos y defenderlos. En otras palabras, el Estado-civilización pretende establecer una concepción del bien basada en valores concretos y una tradición específica. Y no importa si son gobernados por un nuevo Zar, un nuevo Emperador o un nuevo Califa, todos ellos rechazan en nombre de la idea confuciana de la “armonía”, la herencia de la “Santa Rusia” (“Moscú, la Tercera Roma”), el eurasianismo, el hinduismo o la memoria del califato el dominio occidental. Lo que tienen en común todos los Estados-civilización es su negativa a someterse a las normas occidentales, aun cuando en el pasado aceptaron algunas de ellas con la intención de “modernizarse”. Por lo que occidentalización y modernización no siempre van de la mano.

En su libro póstumo, Povedenie (“Comportamiento”), publicado en el 2021, el filósofo ruso Konstantin Krylov (1967-2020), sostiene que desde sus orígenes Rusia es un país ajeno al liberalismo. Rusia rechaza el liberalismo, pero no la democracia. A pesar de que Krylov se convirtió al zoroastrismo en uno de sus viajes a Uzbekistán, siempre subrayó en su trabajo la importancia de la religión ortodoxa. Por su parte Paul Grenier, que dirige el Centro de Filosofía Política Simone Weil de los Estados Unidos escribió hace poco un ensayo donde dice: “No conozco ningún intelectual ruso conservador que considere a Rusia como parte de la civilización occidental. Todos afirman que es algo completamente separado y distinto” (3). Tal opinión ya era sostenida por Nikolai Danilevski y Oswald Spengler que destacaban las especificidades del comportamiento social y los preceptos éticos de los rusos como, por ejemplo, la “nosotreseidad” de su lenguaje (en ruso no se dice “mi hermano y yo salimos a pasear” sino “nosotros y mi hermano salimos a pasear”). A la búsqueda del interés propio (self-interest) promovida por el liberalismo Rusia opone las prerrogativas de lo sagrado, negando relegarlas a la esfera de lo privado y rechazando la neutralidad del Estado a la hora de defender sus valores. Por lo tanto, en la guerra en Ucrania Rusia no solo busca evitar que la primera se convierta en un Estado-nación ajeno al espacio civilizatorio del mundo eslavo, sino que también rechaza la lógica misma del Estado-nación que busca imponer una visión puramente laica del mundo propia del liberalismo imperante en el “Occidente colectivo”, siendo este último percibido como una sociedad “decadente” respaldada por un sistema liberal hegemonizado por los Estados Unidos.

Otro proyecto es el planteado por la Escuela de Kiōto, la cual fue fundada en 1941 por Nishida Kitarō (1870-1945) y Tanabe Hajime, tal vez los primeros que, incluso antes de la aparición de los movimientos de descolonización, desarrollaron la idea de un mundo multipolar dividido en grandes espacios cada uno considerado como un crisol donde existían culturas y civilizaciones diversas. Estos filósofos japoneses fueron los primeros en criticar los principios abstractos del universalismo occidental, basados en el capitalismo y el cientificismo, en nombre de la pluralidad de culturas propia del “mundo real” (sekaiteki sekai). Los principales representantes de esta escuela filosófica fueron Kōsaka Masaaki, Kōyama Iwao, Nishitani Keiji y Suzuki Shigetaka. Los filósofos europeos que al parecer más los influyeron fueron Johann Gottfried von Herder y Leopold von Ranke. Además, la Escuela de Kiōto se ha visto muy influida en los últimos tiempos por las ideas de pensadores comunitaristas como Charles Taylor y Alasdair MacIntyre (4). Fue precisamente dentro de este grupo de filósofos que se propuso el proyecto de crear una “esfera de co-prosperidad para la Gran Asia Oriental”, la cual agruparía en su interior varios países de acuerdo a un sistema de valores compartidos y respetaría la autonomía de cada uno. Este proyecto no debe confundirse con el “japonocentrismo” de la derecha nacionalista ni con el imperialismo japonés de ese entonces, ya que tales ideas fueron censuradas oficialmente a partir de junio de 1943 por el Estado japonés que cerró todas las publicaciones de la Escuela de Kiōto, reprochándoles a estos autores el asignarle al gobierno japonés una misión que no fuera la mera expansión imperialista.

En la actual China también han aparecido pensadores parecidos, los fundadores de la Escuela Tianxia, como Zhao Tingyang, el historiador Xu Jilin, Xu Zhuoyun, Wang Gungwu y Liang Zhiping que abogan por “utilizar a China para explicar a la propia China” (yĭ zhōngguó jiěshì zhōngguó). A esta lista habría que agregar a Jiang Shigong, partidario del “socialismo con características chinas”. Todos estos teóricos hablan de la idea del Tianxia (“todo bajo el cielo”) (5), la cual es un principio espiritual de la China premoderna cuya manifestación concreta era el Imperio Celeste. El concepto de Tianxia es polisémico y ya desde los tiempos de Lao-Tse y Confucio hacía referencia al ideal de un orden civilizatorio donde China constituía el núcleo de un imaginario espacial donde existía un orden jerarquizado en el que cada uno de sus miembros ocupada su lugar de acuerdo a su propia “virtud” y donde el objetivo de todo el sistema político era garantizar la armonía del conjunto. Según Zhao Tingyang, se trata de un “concepto complicado en el que la metafísica como filosofía política sustituye a la metafísica como ontología de la filosofía primera” (6), afirmando con ello que las culturas orientales son incompatibles con otros sistemas de valores y que China debe escapar del eurocentrismo con tal de volver a asumir su papel como el Reino Medio. Xu Jilin considera que “el origen de la [actual] crisis no es más que la mentalidad que otorga la supremacía absoluta a la nación, por lo que para abordar realmente la raíz del problema”, escribe, “necesitamos una forma de pensamiento contrapuesta al nacionalismo. Llamo a esta forma de pensamiento un ‘nuevo Tianxia’, una perla de sabiduría axial propia de la civilización premoderna china que debe ser reinterpretada según los criterios modernos”.

Por su parte, los liberales siempre han afirmado “defender la civilización” que, a sus ojos, equivale a la imposición de los derechos individuales y el libre mercado sobre el resto… Cualquiera que se desvíe de esa interpretación deja de ser parte del “mundo civilizado” y quienes se niegan a ajustarse a tal modelo son inmediatamente deslegitimados y denunciados como “poderes autoritarios y antidemocráticos” como si la democracia liberal fuera la única forma de democracia posible. Resulta significativo que desde la década de 1990 las autoridades chinas hayan comenzado a rechazar cualquier crítica en su contra, especialmente en nombre de los derechos humanos, mientras afirman sus “valores asiáticos”. Xi Jinping dijo en enero de 2021 en el Foro de Davos que “la igual que no existen dos hojas iguales en el mundo tampoco existen dos historias, dos culturas o dos sistemas sociales iguales. Cada país es único en todos los sentidos y ninguno es superior a otro. No debemos atacar las diferencias, sino… los intentos de imponer una jerarquía entre las civilizaciones u obligar a alguna de ellas a alinearse con la historia, la cultura y el sistema social de otra”.

Este reconocimiento de la crisis tanto del universalismo como de la hegemonía occidental va de la mano de la sensación de que el orden internacional basado en el equilibrio y conflicto entre Estados-nación se ha acabado tal y como lo previó en la década de 1930 Carl Schmitt (7). El auge de los Estados-civilización implica el inicio de un nuevo orden mundial que ya no puede reducirse al equilibrio inestable entre Estados-nación. A medida que las civilizaciones se conviertan en el eje geopolítico de las futuras confrontaciones esto significará que el nuevo marco de lucha dejará de ser los Estados-nación tradicionales que serán reemplazados por los Estados-civilización. Los Estados-civilización darán lugar a un nuevo concepto de la soberanía que ya no tendrá nada que ver con los Estados-nación. Conviene hacer aquí una observación conceptual, ya que la palabra “civilización” no está exenta de ambigüedades ni mucho menos. Samuel P. Huntington comprendió que el significado de tal palabra varia ya sea que se utilice en singular o plural. No es una casualidad que el libro de Huntington The Clash of Civilizations (1996) fuera traducido al alemán como Kampf der Kulturen, ya que en Alemania Kultur es lo opuesto a Zivilisation y autores como Spengler, por poner un ejemplo, consideraban que la “civilización” era el estadio de decadencia final propio de las grandes culturas. Como ya hemos dicho, los liberales se presentan como los “defensores por excelencia de la civilización”, la cual entienden únicamente en singular, siendo este argumento el que legitimó en el pasado la colonización y que posteriormente llevó a Fukuyama a hablar del “fin de la historia” en el sentido de un mundo totalmente libre de las relaciones de poder. Los Estados-civilización, por el contrario, hablan de civilizaciones (o culturas) en plural, por lo que no defienden a la “civilización” como tal, sino únicamente a su propia civilización.

Ahora bien, valdría la pena preguntarnos hasta que punto los Estados-civilización han tomado el lugar de los imperios, tradicionalmente definidos como Estados multinacionales o incluso multiculturales que gobiernan vastos territorios y pueblos cuya autonomía local era respetada siempre y cuando se atacará la ley común creada por el poder central. El concepto de Estado-civilización se parece mucho al de “Gran Espacio” (Großraum) teorizado por Carl Schmitt, quien lo usó para repensar las relaciones internacionales e ir mucho más allá del sistema creado por los Estados-nacionales. Un “Gran Espacio”, según Schmitt, requiere de un “gran pueblo”, un vasto territorio y una voluntad de mantener su autónoma política. “Los imperios”, escribió, “son aquellas potencias dominantes cuya idea política irradia mucho más allá de sus fronteras y que, por principio, excluye la intervención de poderes extranjeros en su territorio”. Y continua: “El imperio es más que un Estado grande del mismo modo que un Gran Espacio no es únicamente un micro-espacio grande. La lógica que siguen los Grandes Espacios no tiene un alcance universal, únicamente busca integrar dentro de su territorio a terceros países sobre los que ejerce su influencia. Por lo tanto, se trata de un paradigma espacial y no nacional” (8). Finalmente diré que Europa, ese Gran Espacio de hibridación cultural e ideológica que existe desde hace dos mil años, es al día de hoy un lugar neutralizado donde chocan dos concepciones opuestas de la civilización.


Notas:

Trans: La laïcité (laicidad) es un concepto francés que aboga por la separación de la religión y el Estado, garantizando la igualdad de trato y la libertad de creencias para todos los individuos.

Christopher Coker, The Rise of the Civilizational State. Londres: Polity, 2019.

“Konstantin Krylov’s Ethical Theory and What It Reveals about the Propensity for Conflict between Russia and the West”, en Telos 201 (invierno de 2022), p. 112.

Kenn Steffensen, “The Political Thought of the Kyoto School”, en Michiko Yusa (ed.), The Bloomsbury Research Handbook of Contemporary Japanese Philosophy, Nueva York: Bloomsbury, 2017. Véase también John W. M. Krummel, !The Kyoto School’s Wartime Philosophy of a Multipolar World!, en Telos 201 (invierno de 2022), pp. 63-83.

Se dice que el Tianxia alcanzó su época dorada en tiempos del duque de Zhou, un líder militar y escritor que vivió en el siglo XI a. C. y que a veces es considerado como el fundador del confucianismo, aunque vivió varios siglos antes que Confucio.

“La philosophie du tianxia", en Diogène, 2008, 1, pp. 4-25. Véase también Zhao Tingyang, Tianxia, tout sous le même ciel [2016], París: Cerf, 2018.

Amitav Acharya, The End of American World Order, Cambridge: Polity, 2014; Oliver Stuenkel, Post-Western World: How Emerging Powers Are Remaking Global Order, Cambridge: Polity, 2016. Véase también Martin Jacques, When China Rules the World: The End of the Western World and the Birth of a New Global Order, Nueva York: Penguin Press, 2009; Charles Horner, Rising China and Its Postmodern Fate, Athens: University of Georgia Press, 2009.

Karl Peyrade, “Le droit des peuples réglé sur le grand espace de Carl Schmitt”, texto en línea, 23 de mayo de 2017.


Cortesia de: Geostrategia.es

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