jueves, 19 de enero de 2023

Ucrania-Rusia

 Entrevista a Emmanuel Todd: «La tercera guerra mundial ya comenzó»




Alexandre Devecchio*


Hay estudiosos cuyo nivel de análisis, basado en un sólido trabajo de investigación, y en una no menos sólida base intelectual, superan ampliamente la banalidad de la propaganda política. Emmanuel Todd es uno de ellos. Decir que Todd es brillante, es poco decir. Uno puede compartir, o no, sus puntos de vista. Pero su aporte a la reflexión es imprescindible. Esta entrevista es una preciosa contribución a la inteligencia colectiva.


Emmanuel Todd es antropólogo, historiador, ensayista, prospectivista, autor de numerosos libros. Varios de ellos, como «La caída Final», «La Ilusión económica» o «Después del Imperio», se han convertido en clásicos de las ciencias sociales. Su última obra ,» La Tercera Guerra mundial ya comenzó», se publicó en 2022 en Japón y ha vendido más de 100.000 ejemplares.


Pensador escandaloso para algunos, intelectual visionario para los demás, o «rebelle destroy» según sus propias palabras, Emmanuel Todd no deja indiferente. El autor de “La Caída Final”, que predijo ya en 1976 el colapso de la Unión Soviética, se había mantenido discreto en Francia sobre el tema de la guerra en Ucrania. El antropólogo ha reservado hasta ahora la mayoría de sus intervenciones sobre el tema al público japonés, incluso publicando en el Archipiélago un ensayo con el provocativo título: La Tercera Guerra Mundial ya comenzó. En esta entrevista para Le Figaro detalla su tesis iconoclasta. Recuerda que si Ucrania resiste militarmente, Rusia no ha sido aplastada económicamente. Una doble sorpresa que hace que, según él, el resultado del conflicto sea incierto.


LE FIGARO. ¿Por qué publicar un libro sobre la guerra en Ucrania en Japón y no en Francia?


Emmanuel TODD. Los japoneses son tan anti-rusos como los europeos. Pero están geográficamente lejos del conflicto, por lo que no hay un sentimiento real de urgencia, ellos no tienen nuestra relación emocional con Ucrania.


Y en Japón no tengo el mismo estatus que en Francia. Aquí tengo la absurda reputación de ser un «líder rebelde», mientras que en Japón soy un antropólogo, un historiador y un geopolítico respetado, que se expresa en todos los principales periódicos y revistas, y del que se publican todos los libros. Puedo expresarme allí en un ambiente sereno, lo que hice primero en revistas, luego publicando este libro, que es una recolección de entrevistas. Este trabajo se llama La Tercera Guerra Mundial ya comenzó, con 100.000 copias vendidas al día de hoy.


Es obvio que el conflicto, en pasar de una guerra territorial limitada a una confrontación económico global, entre todo Occidente por un lado y Rusia, respaldada por China, por otro lado, se ha convertido en un guerra mundial.


LF: ¿Por qué este título?


Porque esta es la realidad, la Tercera Guerra Mundial ya comenzó. Es verdad que comenzó “en pequeño” y con dos sorpresas. Partimos en esta guerra con la idea de que el ejército de Rusia era muy poderoso y que su economía era muy débil. Se pensaba que Ucrania iba a ser aplastada militarmente y que Rusia sería aplastada económicamente por Occidente. Ahora bien, ocurrió todo lo contrario. Ucrania no ha sido aplastada militarmente a pesar de que a la fecha perdió el 16% de su territorio; Rusia no ha sido aplastada económicamente. En el momento en que hablo, el rublo ha ganado un 8% frente al dólar y un 18% frente al euro con relación a la víspera de la entrada en guerra.


Así es que hubo una suerte de malentendido. Pero es evidente que el conflicto, pasando de una guerra territorial limitada a un enfrentamiento económico global, entre todo Occidente por un lado y Rusia respaldada por el China, por otro, devino una guerra mundial. Aun si la violencia militar es baja comparada con la de las guerras mundiales anteriores.


LF: ¿No está exagerando? El occidente no está directamente involucrado militarmente…


Proporcionamos armas de todos modos. Matamos rusos, aun si no nos exponemos nosotros mismos. Pero sigue siendo cierto que los europeos estamos sobre todo comprometidos económicamente. Por lo demás sentimos nuestra verdadera entrada en guerra por la inflación y la escasez.


Putin cometió un gran error al comienzo, que presenta una gran interés socio-histórico. Quienes trabajaban (investigaban) sobre Ucrania en vísperas de la guerra consideraban ese país, no como una democracia naciente, sino como una sociedad en descomposición y un «Estado fallido» en devenir. Nos preguntábamos si Ucrania había perdido 10 millones o 15 millones de habitantes desde su independencia. No podíamos decidir porque Ucrania no ha realizado un censo desde 2001, clásica señal de una sociedad que le tiene miedo a la realidad.


Pienso que el cálculo del Kremlin fue que esta sociedad en descomposición colapsaría al primer impacto, o incluso diría » bienvenida mamá » a la santa Rusia. Pero lo que descubrimos, por el contrario, es que una sociedad en descomposición, si es alimentada por recursos financieros y militares del exterior, puede encontrar en la guerra un nuevo tipo de equilibrio, incluso un horizonte, una esperanza. Los rusos no podían preverlo. Nadie podía.


LF: Pero los rusos no subestimaron, a pesar del estado real de descomposición de la sociedad, la fuerza del sentimiento nacional ucraniano, o la fuerza del sentimiento europeo de apoyo a Ucrania? Y Ud.mismo ¿no lo subestima?


No lo sé. Estoy trabajando en ello, pero como investigador, es decir, admitiendo que hay cosas que no sabemos. Y para mí, curiosamente, uno de los campos sobre los que tengo muy poca información para decidir, es Ucrania. Podría decirle, sobre la base de datos antiguos, que el sistema familiar de la Pequeña Rusia (Ucrania) era nuclear, más individualista que el sistema Gran Ruso, que era más comunal, colectivista. Eso, lo puedo decir, pero lo que devino Ucrania, con masivos movimientos de población, una auto-selección de ciertos tipos sociales por su permanencia en el país o por su emigración antes y durante la guerra, no puedo decirlo, no lo sabemos en este momento.


Una de las paradojas a las que me enfrento, es que Rusia no me plantea un problema de comprensión. Es en eso en lo que estoy más alejado con relación a mi entorno occidental. Comprendo la emoción de todos, es penoso para mí hablar como un frío historiador. Pero cuando pensamos en Julio César encerrando a Vercingétorix en Alesia, llevándolo luego a Roma para celebrar su triunfo, no nos preguntamos si los romanos eran malvados, o deficientes con relación a los valores. Hoy, en la emoción, en sintonía con mi propio país, veo claramente la entrada del ejército ruso en territorio ucraniano, los bombardeos y los muertos, la destrucción de las infraestructuras energéticas, los ucranianos muriendo de frío durante todo el invierno. Pero para mí, el comportamiento de Putin y los rusos es legible de otra manera y le diré cómo.


Para empezar, confieso haber sido cogido en frío al principio de la guerra, no la creía posible. Yo adhiero ahora al análisis del geopolítico «realista» estadounidense John Mearsheimer.


Mearsheimer hacía la siguiente constatación: nos decía que Ucrania, cuyo ejército había sido controlado por militares de la OTAN (estadounidenses, británicos y polacos) desde al menos 2014, era por lo tanto un miembro de facto de la OTAN, y que los rusos habían anunciado que no tolerarían nunca una Ucrania miembro de la OTAN.


Estos rusos hacen pues (como Putin nos dijo el día antes del ataque) una guerra de su punto de vista defensiva y preventiva. Mearsheimer agregaba que no tendríamos ninguna razón para alegrarnos de las eventuales dificultades de los rusos porque, como para ellos se trata de una cuestión existencial, mientras más difícil fuese, más fuerte golpearían. El análisis parece verificarse. Yo añadiría un complemento y una crítica al análisis de Mearsheimer.


“Así que esta guerra se ha convertido en existencial para Estados Unidos. No más que Rusia, no pueden retirarse del conflicto, no pueden dejarlo ir. Esto es para que ahora estamos en una guerra sin fin, en una- frente, cuyo resultado debe ser el colapso de uno o el otro.”


LF: ¿Cuáles?


El complemento: cuando él dice que Ucrania era un miembro de facto de la OTAN, no va suficientemente lejos. Alemania y Francia se habían convertido en socios menores en la OTAN y no estaban al tanto de lo que se tramaba en Ucrania en el ámbito militar. Se ha criticado la ingenuidad francesa y alemana porque nuestros gobiernos no creían en la posibilidad de una invasión rusa. Cierto, pero porque no sabían que estadounidenses, británicos y polacos podían permitirle a Ucrania librar una guerra ampliada. El eje fundamental de la OTAN ahora es Washington-Londres-Varsovia-Kiev.


Ahora la crítica: Mearsheimer, como buen estadounidense, sobreestima a su país. Considera que, si para los rusos la guerra en Ucrania es existencial, para los estadounidenses no es en el fondo sino un «juego» de poder como otros. Después de Vietnam, Irak y Afganistán, una debacle más o menos… ¿Qué importa?


El axioma básico de la geopolítica estadounidense es: «Podemos hacer lo que queramos porque estamos al abrigo, en la distancia, entre dos océanos, nunca nos pasará nada».


Nada sería existencial para EEUU. Insuficiencia de análisis que conduce hoy a Biden a una fuga hacia adelante. Estados Unidos es frágil. La resistencia de la economía rusa empuja el sistema imperial estadounidense hacia el precipicio.


Nadie había previsto que la economía rusa resistiría frente al «poderío económico» de la OTAN. Yo creo que ni los propios rusos lo habían anticipado.


Si la economía rusa resistiera indefinidamente a las sanciones y lograse agotar la economía europea, mientras que ella misma subsistiera, respaldada por China, el control monetario y financiero estadounidense del mundo colapsaría, y con él la posibilidad para Estados Unidos de financiar su enorme déficit comercial a cambio de nada.


Esta guerra por lo tanto, se ha vuelto existencial para los Estados Unidos. No más que Rusia pueden retirarse del conflicto, no pueden soltar nada. Es por eso que ahora estamos en una guerra sin fin, en una confrontación cuyo resultado debe ser el colapso de una o del otro. Chinos, indios y saudíes, entre otros, celebran.


LF: Pero el ejército ruso parece no obstante en una muy mala postura. Algunos van hasta predecir el colapso del régimen, ¿Ud. no lo cree?


No, al principio parece que hubo, en Rusia, una vacilación, la sensación de haber sido abusado, de no haber sido prevenido. Pero allá, los rusos se instalaron en la guerra, y Putin beneficia de algo que no tenemos idea, y es que los años 2000, los años de Putin, fueron para los rusos los años del regreso al equilibrio, el retorno a una vida normal.


Pienso que Macron representará por el contrario para los franceses el descubrimiento de un mundo impredecible y peligroso, un reencuentro con el miedo.


Los años 90 fueron para Rusia un período de sufrimiento inaudito. Los años 2000 han sido una vuelta a la normalidad, y no solo en términos de nivel de vida: vemos colapsar las tasas de suicidio y homicidio, y sobre todo, mi indicador favorito, la tasa de mortalidad infantil, caer incluso por debajo de la tasa en EEUU.


En la mente de los rusos, Putin encarna (en el sentido fuerte, crístico), esta estabilidad. Y, fundamentalmente, los rusos comunes estiman, como su presidente, hacer una guerra defensiva. Son conscientes de haber cometido errores al principio, pero su buena preparación económica aumentó su confianza, no frente a Ucrania (la resistencia de los ucranianos es interpretable para ellos, son valientes como los rusos, ¡los occidentales nunca lucharían así!), pero frente a lo que llaman «Occidente colectivo», o bien «Estados Unidos y sus vasallos».


La verdadera prioridad del régimen ruso no es la victoria militar en el terreno, es no perder la estabilidad social adquirida en los últimos 20 años. Así que están haciendo esta guerra «a la económica», especialmente economizando sus hombres. Porque Rusia sigue teniendo su problema demográfico, con una fecundidad de 1,5 hijo por mujer. En cinco años tendrán clases de edad vacías.


En mi opinión, deben ganar la guerra en 5 años, o perderla. Una duración normal para una guerra mundial. Hacen pues esta guerra a la económica, reconstruyendo una economía de guerra parcial, pero buscando preservar a los hombres. Este es el sentido de la retirada de Jersón, después de la de las regiones de Járkov, y de Kiev.


Nosotros contamos los kilómetros cuadrados retomados por los ucranianos, pero los rusos esperan la caída de las economías europeas. Somos su frente principal.


Obviamente puedo equivocarme, pero vivo con la idea de que el comportamiento de los rusos es legible, porque es racional y duro. Las incógnitas están en otro sitio.


LF: Ud. explica que los rusos perciben este conflicto como «una guerra defensiva», pero nadie intentó invadir Rusia, y hoy, debido a la guerra, la OTAN nunca había tenido tanta influencia en el Este con los países bálticos que quieran integrarla.


Para responderle, le propongo un ejercicio psico-geográfico, que puede realizarse mediante un zoom hacia atrás. Si miramos el mapa de Ucrania, vemos la entrada de tropas rusas por el Norte, el Este, el Sur… Y allí, efectivamente, tenemos la visión de una invasión rusa, no hay otra palabra. Pero si hacemos un inmenso zoom atrás, hacia una percepción del mundo, pongamos hasta Washington, vemos que los cañones y misiles de la OTAN convergen desde muy lejos hacia el campo de batalla, movimiento de armas que había comenzado antes de la guerra.


Bakhmut está a 8.400 kilómetros de Washington, pero a 130 kilómetros de la frontera rusa. Una sencilla lectura del mapa del mundo permite, pienso yo, considerar la hipótesis de que «Sí, desde el punto de vista ruso, esta debe ser una guerra defensiva.»


“Cuando miramos los votos de las Naciones unidos, encontramos que el 75% del mundo no sigue a Occidente, lo que entonces parece muy pequeño. Podemos ver entonces que este conflicto, descrito por nuestros medios de comunicación como conflicto de valores políticos, está a un nivel más profundo un conflicto de valores antropológicos.”


*LF: Según usted, la entrada en la guerra de los rusos también se explica por la relativa decadencia de Estados Unidos…


En Después del Imperio, libro publicado en 2002, yo evocaba la decadencia a largo plazo de los Estados Unidos y el regreso del poderío ruso. Desde 2002, Estados Unidos conoce una secuencia de derrotas y repliegues. Los Estados Unidos invadieron Irak, pero salieron de allí dejando a Irán como un actor mayor en el Medio Oriente. Huyeron de Afganistán. La satelización de Ucrania por Europa y por los Estados Unidos no representó un dinamismo adicional de occidente, sino el agotamiento de una ola lanzada alrededor de 1990, reforzada por el resentimiento anti-ruso de los polacos y de los bálticos.


Ahora bien, es en este contexto de reflujo estadounidense que los rusos tomaron la decisión de poner a Ucrania en vereda, porque tenían la sensación de tener por fin los medios técnicos para hacerlo.


Acabo de terminar de leer un libro de S. Jaishankar, Ministro de Asuntos Exteriores de la India (The India Way), publicado justo antes de la guerra, que ve la debilidad estadounidense, que sabe que la confrontación entre China y Estados Unidos no verá un triunfador, pero dará espacio a un país como la India, y a muchos otros. Añado: pero no a los europeos. En todas partes vemos el debilitamiento de los Estados Unidos, pero no en Europa ni en Japón porque uno de los efectos de la retracción del sistema imperial es que los Estados Unidos refuerzan su control sobre sus protectorados iniciales.


Si leemos a Brzeziński (El Gran Tablero de ajedrez), vemos que el imperio estadounidense se constituyó al fin de la Segunda Guerra Mundial con la conquista de Alemania y de Japón, que todavía hoy en día son sendos protectorados. A medida que el sistema estadounidense se encoge, pesa cada vez más sobre las élites locales de los protectorados (y yo incluyo aquí al conjunto de Europa).


Los primeros en perder toda autonomía nacional, serán (o ya son) los ingleses y los australianos. Internet ha producido en la anglo-esfera una interacción humana con Estados Unidos de tal intensidad que sus élites académicas, mediáticas y artísticas fueron, por así decirlo, anexadas.


En el continente europeo estamos un poco protegidos por nuestras lenguas nacionales, pero la caída de nuestra autonomía es considerable y rápida. Recordemos la guerra de Irak, cuando Chirac, Schröder y Putin hacían conferencias de prensa conjuntas contra la guerra.


LF: Muchos observadores señalan que Rusia tiene el PIB de España, ¿no sobreestima Ud. su poder económico y su capacidad de resistencia?


La guerra se convierte en un test de la economía política, ella es la gran reveladora. El PIB de Rusia y Bielorrusia representa el 3,3% del PIB occidental (Estados Unidos, anglo-esfera, Europa, Japón, Corea del Sur), prácticamente nada. Uno puede preguntarse cómo este PIB insignificante puede hacer frente y continuar produciendo misiles.


La razón de esto es que el PIB es una medida ficticia de la producción. Si retiramos del PIB de los Estados Unidos la mitad de sus sobre-facturados gastos de atención médica, luego la «riqueza producida» por la actividad de sus abogados, por las prisiones más llenas del mundo, y luego por toda una economía de servicios mal definidos, incluida la «producción» de sus 15 a 20 mil economistas con un salario promedio de $120,000, nos damos cuenta que una parte significativa de este PIB es vapor de agua.


La guerra nos devuelve a la economía real, nos permite comprender cuál es la verdadera riqueza de las naciones, la capacidad de producción, y por lo tanto la capacidad de guerra. Si volvemos a a las variables materiales, vemos la economía rusa. En 2014 implementamos las primeras sanciones importantes contra Rusia, pero Rusia aumenta su producción de trigo, que pasa de 40 a 90 millones de toneladas en 2020. Mientras que, gracias al neoliberalismo, la producción de trigo estadounidense, entre 1980 y 2020, pasó de 80 a 40 millones de toneladas.


Rusia también se convirtió en el primer exportador de centrales nucleares. En 2007, los estadounidenses explicaban que su adversario estratégico estaba en tal estado de delicuescencia nuclear que pronto los Estados Unidos tendrían una capacidad de primer ataque sobre una Rusia que no podría responder. Hoy en día, los rusos son en superioridad nuclear con sus misiles hipersónicos.


Rusia tiene una verdadera capacidad de adaptación. Cuando queremos burlarnos de las economías centralizadas, enfatizamos su rigidez, y cuando hacemos la apología del capitalismo, ensalzamos su flexibilidad. Tenemos razón. Para que una economía sea flexible, hace falta por cierto el mercado, mecanismos financieros y monetarios. Pero primero necesitamos un población activa que sepa hacer las cosas.


Estados Unidos tienen ahora más del doble de población que Rusia (2,2 veces en los grupos de edad estudiantil). Solo que, con proporciones por cohortes comparables de jóvenes en la educación superior, en Estados Unidos el 7% estudia ingeniería, mientras que en Rusia es el 25%. Lo que significa que con 2,2 veces menos personas estudiando, los rusos forman 30% más ingenieros.


Estados Unidos tapan el agujero con estudiantes extranjeros, pero que son principalmente indios y más aún chinos. Este recurso de sustitución no es seguro y ya está disminuyendo. Es el dilema fundamental de la economía estadounidense: solo puede hacerle frente a la competencia china importando mano de obra cualificada china. Yo propongo aquí el concepto de equilibrismo económico.


La economía rusa, en cuanto a ella, aceptó las reglas de funcionamiento del mercado (es incluso una obsesión para Putin el preservarlas), pero con un gran papel del Estado, que mantiene su flexibilidad de formación de ingenieros que permitan las adaptaciones, industriales y militares.


LF: Muchos observadores piensan, por el contrario, que Vladimir Putin se aprovechó de la renta de las materias primas sin haber sabido desarrollar su economía…


Si ese fuera el caso, esta guerra no habría tenido lugar. Una de las cosas más llamativas de este conflicto, y que lo hace tan incierto, es que plantea (como cualquier guerra moderna), la cuestión del equilibrio entre tecnologías avanzadas y producción en masa.


No hay duda de que Estados Unidos dispone de ciertas tecnologías militares muy avanzadas, y que a veces han sido decisivas para los éxitos militares ucranianos. Pero cuando entramos en la duración, en una guerra de desgaste, no solo del lado de los recursos humanos, sino también materiales, la capacidad de continuar depende de la industria de producción de armas de menor gama.


Y encontramos, volviendo por la ventana, la cuestión de la globalización y el problema fundamental de los occidentales: hemos reubicado tal proporción de nuestras actividades industriales que no sabemos si nuestra producción bélica puede seguir.


El problema está admitido. CNN, el New York Times y el Pentágono se preguntan si Estados Unidos logrará relanzar las líneas de producción de tal o cual tipo de misil. Pero no sabemos tampoco si los rusos son capaces de seguir el ritmo de tal conflicto. El resultado y la solución de la guerra dependerán de la capacidad de ambos sistemas para producir armamento.


LF: Según usted, esta guerra no es no solo militar y económica, sino también ideológica y cultural…


Me expreso aquí sobre todo como antropólogo. Hubo estructuras familiares en Rusia más densas, comunitarias, algunos de cuyos valores han sobrevivido. Hay un sentimiento patriótico ruso que es algo de lo que aquí no tenemos idea, nutrido por el subconsciente de una nación familia.


Rusia tenía una organización familiar patrilineal, es decir, en la que los hombres son centrales y ella no puede adherir a todas las innovaciones occidentales neo-feministas, LGBT, transgéneros… Cuando vemos la Duma rusa votar una legislación aún más represiva sobre la «propaganda LGBT», nos sentimos superiores. Puedo sentirme así como un occidental ordinario. Pero desde un punto de vista geopolítico, si pensamos en términos de poder blando (soft-power), es un error.


En el 75% del planeta, la organización parental era patrilineal y allí pueden sentir una fuerte comprensión de las actitudes rusas. Para el colectivo no occidental, Rusia afirma un conservadurismo moral reconfortante. América Latina, sin embargo, está aquí del lado Occidental.


Cuando hacemos geopolítica, nos interesamos en múltiples ámbitos: las relaciones de poder energéticas, militares, producción de armas (que re-envía a la relaciones de fuerza industrial). Pero también está la relación de fuerzas ideológica y cultural, lo que los estadounidenses llaman el «soft power”.


La URSS tenía una cierta forma de soft power, el comunismo, que influyó en parte de Italia, los chinos, los vietnamitas, los serbios, los trabajadores franceses… Pero el comunismo era aborrecible para todo el mundo musulmán por su ateísmo y no inspiraba nada de particular a la India, fuera de Bengala Occidental y Kerala.


Ahora bien, hoy en día, Rusia tal como se reposicionó como arquetipo de una gran potencia, no solo anticolonialista, sino también patrilineal y conservadora de costumbres tradicionales, puede seducir muchos más lejos.


Los estadounidenses se sienten traicionados por Arabia Saudita, que se niega a aumentar su producción de petróleo, a pesar de la crisis energética debida a la guerra, y toma de hecho el partido de los rusos: por una parte, por supuesto, por interés petrólero. Pero es evidente que la Rusia de Putin, devenida moralmente conservadora, se ha vuelto simpática para los saudíes, de los cuales estoy seguro que no entienden los debates estadounidenses sobre el acceso de las mujeres transgénero (definidas como hombres desde la concepción) al baño de señoras.


Los periódicos occidentales son trágicamente divertidos, no paran de decir: «Rusia está aislada, Rusia está aislada». Pero cuando miramos los votos de las Naciones Unidas, constatamos que el 75% del mundo no sigue a Occidente, que entonces aparece muy pequeño.


Si se es antropólogo, se puede explicar el mapa, por un lado de países clasificados con un buen nivel de democracia por The Economist (es decir, la anglo-esfera, Europa…), por otra parte los países autoritarios, que van de África hasta China, atravesando el mundo árabe y Rusia. Para un antropólogo, este es un mapa banal.


En la periferia «occidental» encontramos los países de estructura familia nuclear con sistemas de parentesco bilaterales, es decir, donde las parentelas masculina y femenina son equivalentes en la definición del estatus social del niño. Y en el centro, con el grueso de la masa afro-euro-asiática, encontramos organizaciones familiares comunitarias y patrilineales.


Se ve entonces que este conflicto, descrito por nuestros medios de comunicación como un conflicto de valores políticos, es en un nivel más profundo un conflicto de valores antropológicos. Es esta inconsciencia y esta profundidad que hacen peligrosa la confrontación.


Fuente: Le Figaro


Cortesia de: El Espia Digital


domingo, 15 de enero de 2023

Realpolitik Room

 Grandes corporaciones sustituirán los gobiernos



Nacimiento de Dios

DIOS NACE EN EL ALMA: LA NAVIDAD MÍSTICA DEL MAESTRO ECKHART



POR: RODRIGO HAYDAR OSEGUEDA


LA INTERPRETACIÓN DEL MAESTRO ECKHART SOBRE LA NAVIDAD NOS ENSEÑA QUE ESTA, POR TRATARSE DEL NACIMIENTO DE DIOS EN LA HISTORIA HUMANA, OCURRE EN REALIDAD EN TODO MOMENTO Y LUGAR



Hay gente que engendra a Nuestro Señor espiritualmente así como su madre lo engendró corporalmente. [...] están en la tierra, pero su casa está en el cielo.


Maestro Eckhart 


Al ser la temporada en que se celebra el nacimiento de Jesús, la Navidad es la segunda fiesta más importante de la cristiandad. Para dicha tradición representa la inserción de Dios en la historia, pues de acuerdo con el credo católico, "por obra del Espíritu Santo, [Dios] se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre".


El nacimiento de Cristo tiene consecuencias soteriológicas directas para los cristianos, en tanto es la condición de posibilidad para la salvación del alma. De forma adicional, el Maestro Eckhart, fraile dominico nacido en el siglo XIII, hace una interpretación mística en la que la Navidad no sólo representa un suceso histórico, sino una "experiencia fáctica de la vida". 


De acuerdo con Amador Vega –traductor y especialista en el Maestro Eckhart–, con la encarnación se inaugura una hermenéutica del sentido. Sin embargo, el sentido último al que se refiere no es lo sensible sino lo Eterno, pues el creyente considera que la salvación del alma sucede en su glorificación (deificación) junto al Verbo divino. 


En el Prólogo del Evangelio de Juan leemos: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Vega nos dice que el Maestro Eckhart interpreta este Verbo como el modelo del principio de la vida, que posee tanto una naturaleza histórica y mortal como la semilla de la inmortalidad que corresponde a la naturaleza del Padre. 


Como consecuencia, para el Maestro Eckhart el modelo de retorno al fundamento del alma es volver la mirada hacia el propio interior, donde la "chispa divina" habita. Sobre ello dice: "¿Por qué salís de vosotros mismos? [...] Si lleváis toda la verdad esencial en vosotros".


Vega insiste en que la interpretación de Eckhart del Prólogo del Evangelio de Juan hace énfasis en que el Verbo, el principio temporal, es engendrado en el Padre, el principio Eterno. Ese "lugar eterno" también es un "cuando". Por lo tanto, el Hijo es engendrado eternamente.


Si para Eckhart el Hijo se encarna en la temporalidad eternamente, quiere decir que nace incesantemente en todos los fenómenos, en todo lugar. Por lo tanto, en todo instante y lugar es Navidad: Dios nace eternamente. 



"El nacimiento de Jesús" (miniatura de Ostad Hosein Behzad, 1958)


En ese mismo sentido, el ser humano es poseedor de esa chispa divina y beneficiario de la mediación del Hijo, "que desplaza el lugar eterno de la Divinidad al lugar temporal de la humanidad", nos dice Vega. El alma estaría constituida por la naturaleza del Hijo; la condición de posibilidad de que la humanidad revele nuevamente lo Eterno, se eleve sobre los límites de su egoidad y se salve al unirse con la Divinidad. No obstante, es importante señalar que la finitud no deja de jugar un rol necesario, es el vaso facultado para el engendramiento de Dios en el alma. A propósito, nos dice el Maestro Eckhart:


El Padre engendra a su Hijo en la eternidad igual a sí mismo. [...] Todavía digo algo más: él lo ha engendrado en mi alma. [...] El Padre engendra a su Hijo en el alma de la misma manera en que él la engendra en la eternidad.


Aunque el engendramiento de Dios acontece en todo el universo, como un círculo que va de lo Eterno a lo relativo y de lo relativo a lo Eterno, en el ser humano la experiencia se vuelve patente cuando este emprende el desasimiento (Gelassenheit), que no es otra cosa que volver a la armonía con el principio divino, con la Eternidad que nace incesantemente en todo. El extremo contrario es pensar que la existencia individual –el ego– es lo único real. Para Eckhart es necesaria la conciliación de los contrarios, realizada en la mediación del Hijo, que es la unión de lo relativo y lo Absoluto y que es garantizada por el Espíritu Santo. 


El desasimiento no se limita a una religiosidad legalista y moral, lo cual sería producto del cálculo, uno de los instintos de supervivencia de la voluntad individual. Sobre esto, Eckhart acusa: "Quien busca a Dios según un modo toma el modo y olvida a Dios, que se oculta en el modo". Por lo tanto, la auténtica búsqueda del nacimiento de lo divino no puede estar mediada por un intercambio de actos piadosos, que si bien disponen el alma, no garantizan que la chispa divina arda. En el último de los casos, la experiencia de la deificación, de la unión con el principio eterno al interior del alma, es consecuencia de la Gracia. Al respecto, Eckhart nos dice:


Quien busca a Dios sin modo, lo comprende tal como es en sí mismo. [...] Quien durante mil años preguntara a la vida: "¿por qué vives?", si pudiera responder no diría otra cosa que "vivo porque vivo". La vida [...] vive sin porqué.


Si para dar a luz a Dios en el alma es necesario dejar atrás incluso la búsqueda voluntaria, también es necesario dejar atrás las imágenes subjetivas y relativas de lo Eterno. Para Eckhart, tanto la búsqueda como las representaciones son productos del cálculo y la voluntad. Johannes Tauler, discípulo de Eckhart, comenta: 


Mientras el alma está empleada con fervor en esta búsqueda, una estrella se levanta ante sus ojos. Algo que brilla, eso es la estrella. Luz que habla al corazón indicándole el lugar del divino nacimiento, que la razón por sí sola jamás podría descubrir.


Si bien las representaciones y la piedad facultan por ser actividades contemplativas, no garantizan que la mirada humana redescubra su verdad interior. Tauler, como su maestro, insiste en que la experiencia del nacimiento de la divinidad en el alma es fruto de la espontaneidad y la renuncia. Continúa:


No es posible para el alma penetrar por sus propias fuerzas y descubrir el misterio. Es preciso que la luz irradiada por el Verbo nos guíe hasta ver qué es y dónde está.


[...] Cuando esta luz pura nos penetra, toda imagen, forma y figura se disipan. Entonces aparece claramente el divino nacimiento.


El desasimiento no ocurre en un espacio lejano, pensarlo sería otro fruto del cálculo; ocurre en lo más próximo, pues el nacimiento del Hijo posibilita que cualquier fenómeno pueda detonar la chispa divina al interior del ser humano. "Tu propio yo ha de ser nonada, ¡atraviesa todo ser y toda nada!", nos dice Eckhart, para insistir en que el divino nacimiento no es resultado de un proyecto, sino de un milagro. 


Es precisamente esa noción de milagro, de pensar algo imposible, lo que con mayor exactitud expresa lo que es el desasimiento. Eckhart nos dice al respecto:


Dios debe encontrarse en los opuestos: al desconocer el conocimiento conoceremos a Dios; en el olvido de nosotros mismos, de todas las cosas y aun de la esencia desnuda de la Divinidad.


Es en lo impensable que se logra la contemplación pura de lo Eterno, el tiempo y espacio en que todas las cosas son nada, sin que por ello dejen de ser ellas mismas. Recordemos que sólo el Hijo, lo histórico, posibilita que esa Eternidad se exprese. Paradójicamente, lo Eterno requiere de lo efímero, y lo efímero de lo Eterno; el desasimiento o serenidad es conciliación de contrarios, la Unidad.


Eckhart nos dice que el alma tiene dos dimensiones, la de los sentidos con los que se ocupa del tiempo y la potencia suprema que "que comprende y siente, fuera del tiempo, las cosas eternas". Para que el alma logre girar su ojo hacia la parte superior, el dominico reclama que es necesaria una sola cosa: la renuncia a la voluntad individual en pro de la Voluntad Divina. Este acto no acontece por decisión, lo cual sería un resultado más de la voluntad y el cálculo. Nuevamente, insiste en que es fruto del olvido de sí, de la nada. Por ello, utiliza como metáfora la figura de la Virgen María, cuya voluntad se rinde a Dios y es símbolo de la limpidez y compasión en su forma de habitar el mundo:


Quien recibió a Jesús tenía que ser necesariamente virgen. Virgen indica a alguien que está vacío de toda imagen extraña, tan vacío como cuando todavía no era. [...] Si estuviera en el presente, libre y vacío, por amor a la voluntad divina, para cumplirla sin interrupción, entonces, verdaderamente ninguna imagen se me interpondría y yo sería, verdaderamente, virgen como lo era como cuando todavía no era.


"La Anunciación" (Ivanka Demchuk)


La Navidad del alma no ocurre de una vez y para siempre, se trata de un acontecimiento incesante y cada vez más profundo. De acuerdo con Carl Jung y Nishitani Keiji, es un movimiento involuntario de introversión y extroversión que revela al alma su forma más verdadera: la del Hijo de la Eternidad que nace milagrosamente como la rosa de Angelus Silesius, que "sin porqué, florece porque florece; no presta atención a ella misma, no se pregunta si alguien la ve". 


Para finalizar y a modo de conclusión, sobre ese fondo del alma donde nace Dios que la humanidad siempre está tentada a agotar, el Maestro Eckhart nos dice:


Hay algo en el alma que supera la esencia creada. Es un país extranjero, un desierto demasiado innombrable para que se lo nombre, demasiado desconocido para que se lo conozca.


 


Bibliografía: 


VEGA, Amador, Tres poetas del exceso: la hermenéutica de lo imposible en Eckhart, Silesius y Celan, Fragmenta, 2011.

VEGA, Amador, El fruto de la nada, Alianza, 2011.

DE LIBERA, Alain, Eckhart, Suso, Tauler y la divinización del hombre, Olañeta, 1999.


Cortesia de: Pijama Surf


Aleksandr Duguin

 El segundo mundo, la semiperiferia y la civilización-estado en la teoría del mundo multipolar



Aleksandr Duguin



La transición de la unipolaridad a la multipolaridad y su definición conceptual


Para comprender la transformación del orden mundial que está aconteciendo ante nuestros ojos, sobre todo el proceso de cambio de un modelo unipolar (globalista) a uno multipolar, es necesario recurrir a diversas ideas y conceptos que permiten realizar una explicación coherente de la misma. He propuesto mi propia visión del asunto en libros como Teoría del mundo multipolar [1] y La Geopolítica del mundo multipolar [2], pero estas son solo aproximaciones a un tema bastante complicado.


En este artículo quiero desarrollar tres conceptos que pueden ayudarnos a comprender mucho mejor el proceso de transición que está teniendo lugar en las Relaciones Internacionales. Creo que estos conceptos explican las tendencias, conflictos y problemas que se producen actualmente, como, por ejemplo, los conflictos en Ucrania, Taiwán y otras partes del mundo. Solo comprenderemos lo que está sucediendo ahora si entendemos las razones detrás de esta transición, lo cual requiere de una contraparte conceptual. Los tres conceptos que vamos a abordar hacen parte de una explicación de este asunto.


El primer mundo, el segundo mundo y el tercer mundo


Vamos a comenzar por retomar la ya olvidada teoría de los “tres mundos” que fue muy popular durante la Guerra Fría. Fue esta teoría la que popularizó el concepto de “tercer mundo”, el cual todavía sigue siendo relevante en las teorías de las Relaciones Internacionales y en el lenguaje político [3]. Sin embargo, el término “primer mundo” nunca fue desarrollado, mientras que el concepto de “segundo mundo” apenas si se ha utilizado o recibido atención. No obstante, el concepto de “segundo mundo”, con todas sus características, es el que mejor se ajusta al orden multipolar y el que mejor describe a los Estado que impulsan la multipolaridad. La teoría de clasificar los países del globo en “tres mundos” – el primero, el segundo y el tercero – se basa en un estudio del diferente progreso tecnológico, la eficiencia económica, las tasas de crecimiento, industrialización y postindustrialización que cada nación tiene dentro de la economía mundial.


Durante la Guerra Fría se consideraba que el “primer mundo” era el Occidente colectivo, compuesto por Estados Unidos y sus principales aliados, entre ellos Japón. En esta clasificación “Occidente” es tomado como una categoría civilizacional y no geográfica. El “primer mundo” incluía países con una economía capitalista desarrollada que tenían gobiernos democrático-liberales y que además contaban con un alto predominio de las zonas urbanos e industriales (una urbanización muy alta), acompañada de altas tasas de crecimiento económico, científico y técnico, liderazgo financiero, armamento avanzado, dominio de esferas estratégicas y medicina de punta, etc., superando en todas estas áreas a los otros “dos mundos”. El primer mundo fue visto como el modelo futuro de la sociedad humana, la vanguardia del progreso y la expresión visible del destino del resto de la humanidad. Se consideraba que los otros dos mundos estaban destinados a alcanzar al “primer mundo” y seguir sus pasos.


El “primer mundo” fue considerado como el modelo universal con el que siempre se comparaba a los otros “dos mundos”.


El “tercer mundo” era exactamente lo contrario del “primer mundo”. Era un territorio arcaico comparada con Occidente, con una economía estancada y un lento proceso de desarrollo (o sin ninguna clase de desarrollo), poseyendo pocos adelantos científicos y tecnológicos, con una moneda inestable, una democracia débil amparada en instituciones políticas atávicas, un ejército enclenque e ineficaz, una industrialización muy baja, corrupción generalizada, una medicina muy primitiva, un analfabetismo rampante y una población predominantemente rural [4]. El “tercer mundo” dependía totalmente del “primer mundo” y a veces del “segundo mundo” para existir. La soberanía de los países del “tercer mundo” es algo meramente formal y sin contenido real [5]. El “primer mundo” consideraba que era su deber hacerse cargo del “tercer mundo”, de ahí la teoría de la “dependencia” [6], los gigantescos préstamos no reembolsables y el establecimiento de una tutela directa sobre las élites políticas, económicas e intelectuales de estos países en su mayoría formados en los sistemas educativos del “primer mundo”.


No obstante, aquello que durante la Guerra Fría fue denominado como el “segundo mundo” tenía ciertas características interesantes. Antes que nada, se denominaba segundo mundo a los países con economías socialistas que habían rechazado el capitalismo, es decir, que ideológicamente estaban en guerra con el “primer mundo”, pero que habían alcanzado un desarrollo industrial similar a este. De todas formas, el segundo mundo era considerado inferior al primere mundo según los indicadores internacionales (todos ellos elaborados por los intelectuales del primer mundo, algo que despierta cierta desconfianza y parcialidad), pero no se podía decir que eran sociedades “atrasadas” como los países del “tercer mundo”. El “segundo mundo” eran la URSS y los países del bloque oriental (especialmente Europa del Este), reconociendo así la existencia de una forma de desarrollo alternativo al capitalismo liberal del “primer mundo” que podía alcanzar resultados comparables a los de Occidente. Esta es la diferencia fundamental entre el “segundo mundo” y el “tercer mundo”: el “segundo mundo” contaba con el potencial de oponerse efectivamente al primer mundo y desafiar su modelo de universalidad. Este desafío tuvo una expresión muy concreta en términos de tasas de crecimiento económico, número de armas nucleares, potencial científico, educación, protección social, urbanización, industrialización, etc.


El “primer mundo” designaba a los países capitalistas occidentales y el “segundo mundo” al bloque oriental y los países socialistas. Estos dos mundos se encontraban en medio de un equilibrio inestable porque el “primer mundo” insistía en ser superior a los otros y el “segundo mundo” se oponía a esta tesis, adoptando en parte el modelo económico, tecnológico, etc., del “primer mundo”. Tanto el primer mundo como el segundo mundo proyectaron su influencia sobre el tercer mundo, que fue el principal escenario de su enfrentamiento global. Los países del tercer mundo se dividieron entre aquellos que dependían de los países capitalistas o socialistas, aunque también existió un “Movimiento de los No Alineados” cuyos miembros trataron de desarrollar una estrategia combinando formas de desarrollo capitalista y socialista. Lamentablemente, nunca llegaron a crear una teoría independiente y sus compromisos y estrategias siempre estuvieron basadas en realidades muy concretas. Sin embargo, los criterios del “primer mundo” (capitalismo) o la reinterpretación doctrinal e ideológica que el “segundo mundo” (socialismo) hizo de estos principios terminaron por convertirse en el modelo de los No Alineados.  La política internacional de la Guerra Fría giró alrededor del enfrentamiento entre el “primer mundo” y el “segundo mundo”, dando como resultado la bipolaridad. John Hobbson [7] ha señalado que esta división en tres mundos procede de la antropología racista del siglo XIX (Morgan [8], Tylor [9], etc.), la cual divide las sociedades en “civilizadas”, “bárbaras” y “salvajes”. La “civilización” se correspondía con las sociedades “blancas”, la “barbarie” a los pueblos “amarillos” y los “salvajes” a las tribus “negras”. Este modelo de clasificación no fue abandonado por la antropología occidental sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial, pero continuó influyendo en la clasificación política y económica de los países y sociedades del mundo. El “primer mundo” no era otra cosa que la “civilización” (la “pesada carga del hombre blanco” de Kipling), el “segundo mundo” la “barbarie” (el proverbio racista que dice “quítale a un ruso su mascara y encontrarás a un tártaro”) y el “tercer mundo” los “pueblos salvajes de África y Oceanía” (y en general, todos los paises “negros”) [10].


Una definición amplia del segundo mundo


Debemos tener en cuenta que durante la Guerra Fría se ignoraba rampantemente que, por ejemplo, el Imperio Ruso del siglo XVIII y principios del XX también podía ser clasificado como parte del “segundo mundo” con respecto a Occidente. El Imperio Ruso era un país esencialmente agrario cuando Europa Occidental estaba en pleno proceso de industrialización. Además, Europa Occidental era capitalista y tenía gobiernos democrático burgueses, por el contrario, el Imperio Ruso era monárquico. Europa Occidental tenía centros de desarrollo científicos independientes y el Imperio Ruso se esforzaba por copiar la ciencia y la educación europeas. Sin embargo, el Imperio Ruso era capaz de enfrentarse a Occidente, defender su soberanía, su modo de vida y ganar guerras.


Esta observación nos permite redefinir el concepto mismo de “segundo mundo”. Si aplicamos este concepto tanto a la URSS como a los países bajo su influencia y el Imperio Ruso, el cual ocupó más o menos el mismo territorio que la URSS, entonces seremos capaces de redefinir conceptualmente muchas cosas.


Una definición amplia del concepto de “segundo mundo” implica considerar a este último como un modelo político, económico e ideológico alternativo al capitalismo global, desafiando así el dominio y la hegemonía de Occidente (el primer mundo).


En este sentido, la caída de la URSS, aunque fue una catástrofe para el “segundo mundo” (como lo fue en su momento la caída del Imperio Ruso), no fue el fin del “segundo mundo”. Después de 1991 el “segundo mundo” comenzó a tomar una nueva forma, ya que una serie de países que habían sido considerados como parte del “tercer mundo” durante la Guerra Fría – China, India, Brasil y Sudáfrica – dieron un salto a adelante y alcanzaron un nivel de desarrollo comparable al del “primer mundo” en el transcurso de estas tres décadas. Por supuesto, estos países usaron las herramientas del capitalismo global para hacerlo, pero fueron capaces de preservar su soberanía al poner al capitalismo a su servicio (todo lo contrario a lo que sucedió en en Europa del Este y en Rusia en la década de 1990).


Desde principios de la década de 2000, y con la llegada de Vladimir Putin al poder, Rusia, que era la heredera del “segundo mundo”, comenzó a restaurar gradualmente su soberanía geopolítica. No obstante, empezó a formarse un mundo multipolar y no uno bipolar, ya que el “primer mundo” no se oponía a una única potencia, sino a varias a la vez. La ideología de esta nueva confrontación (la cual tomó diferentes grados de radicalidad y claridad ideológica en el “segundo mundo”) no era el socialismo (excepto en China), sino una especie de antiglobalismo indefinido y el rechazo puramente realista a la hegemonía occidental (principalmente de Estados Unidos).


Los países del “segundo mundo” tampoco formaron un bloque ideológico. Se convirtieron en un cinturón de potencias objetivas que reclamaban su propia vía de desarrollo, la cual era cualitativamente diferente al globalismo del “primer mundo”. Los politólogos y economistas se dieron cuenta de que este fenómeno era un hecho consumado y llamaron a los países del “segundo mundo” de la época posterior a la bipolaridad como los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) y luego BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).


En cierto momento de su desarrollo, los países del BRICS comprendieron la importancia del concepto de civilización y comenzaron a construir un paradigma de Relaciones Internacionales a partir del mismo. Así comenzó la formación cautelosa y gradual de un nuevo “segundo mundo”, esta vez multipolar, ya que cada miembro del BRICS es soberano e independiente con respecto a los demás.


Dentro de los BRICS, Rusia es el líder militar indiscutible, poseyendo una enorme cantidad de recursos.


China es el poder económico por antonomasia. La India es el tercer polo, teniendo una importante infraestructura económica e industrial, un enorme peso demográfico y una sociedad políticamente estable. Brasil representa simbólicamente al resto de América Latina y su enorme potencial todavía no revelado, contando con un poder militar, comercial y científico fuerte.


Finalmente, Sudáfrica es uno de los países más desarrollados del continente africano e igualmente representa simbólicamente al África poscolonial.


La semi-periferia


Ahora analizaremos el “sistema mundo” de Immanuel Wallerstein [11], el representante más importante de la escuela marxista de Relaciones Internacionales (principalmente en su versión trotskista) que, a partir del concepto de “larga duración” (F. Braudel [12]) y los teóricos de la economía estructural latinoamericana (R. Prebisch [13], S. Furtado [14]), desarrolló una clasificación de los países del mundo según su desarrollo capitalista. Esta teoría parte de la conceptualización del imperialismo hecha por Vladimir Lenin [15] como la etapa más alta del desarrollo capitalista: el sistema capitalista se vuelve global y comienza a extender su influencia sobre toda la humanidad. Las guerras coloniales entre las potencias desarrolladas sólo son su etapa inicial. El capitalismo está unificando gradualmente a todas las estructuras supranacionales y de ese modo sentando las bases de un Gobierno Mundial. Estas ideas son compatibles con la teoría liberal de las Relaciones Internacionales que denominan a este sistema como “sociedad global”, un solo mundo, y que los marxistas llaman “imperialismo”.


La teoría del sistema-mundo divide en tres partes la geografía del capitalismo [16].


En primer lugar, está el centro, el núcleo o el “Norte rico”, que constituye la zona de mayor desarrollo capitalista. América del Norte y Europa occidental son el núcleo del atlantismo y la civilización europea occidental, cuyo polo se desplazó a mediados del siglo XX a los Estados Unidos. El núcleo del sistema-mundo de Wallerstein es el “primer mundo”. Alrededor de este núcleo se ha formado un primer anillo de países que Wallerstein llama la “semiperiferia” y este incluye países que tienen un nivel de desarrollo capitalista mucho menor, pero que compiten desesperadamente por alcanzar al núcleo.


Los países de la semiperiferia también son capitalistas, aunque su capitalismo es nacionalista. Normalmente estos países son dominados por gobiernos “cesaristas” (tal y como los entiende A. Gramsci [17]) que aceptan la hegemonía liberal de forma parcial, especialmente en lo económico, tecnológico y industrial, mientras que conservan características políticas, culturales y sociales precapitalistas o no capitalistas. Wallerstein considera que hacen parte de esta semiperiferia los países más desarrollados de América Latina, sobre todo Brasil, India, China y Rusia. En otras palabras, los países que conforman los BRIC o BRICS, es decir, el “segundo mundo”. Finalmente, Wallerstein dice que la periferia son los países que componen el “tercer mundo” y que se caracterizan por el subdesarrollo, el atraso, las crisis económicas, los atavismos sociales, la falta de competitividad, la corrupción, etc., o, como se dice hoy, el “Sur pobre”.


En la teoría del sistema-mundo de Wallerstein el progreso es afirmado como algo positivo, pues Wallerstein sigue influido por las categorías marxistas de tiempo lineal y el cambio de las formas económicas como expresión del mismo, por lo que podemos decir que el núcleo, la semiperiferia y la periferia no solo se diferencian por el lugar que ocupan, sino que también representan diferentes momentos históricos de desarrollo. La periferia es el pasado y el orden arcaico precapitalista, el núcleo es el futuro sistema capitalista global (globalización) y la semiperiferia es la zona en la que se produce la transformación de la periferia en parte del núcleo. Según Wallerstein, la semiperiferia no es una alternativa al capitalismo, sino sólo su etapa de transición o futuro que aún no ha sido. Es por eso que Wallerstein nunca se interesó realmente por la semiperiferia, investigando únicamente las tendencias que confirmaban como las élites de dichas sociedades se fundirían con el orden globalista liberal, conduciendo al mestizaje y la proletarización de las masas arcaicas. Wallerstein predijo que la semiperiferia pronto desaparecería, quedando únicamente el núcleo y la periferia.


En el momento en que la semiperiferia desaparezca el mundo entero se convertirá en una sociedad global con un Norte rico opuesto a un Sur pobre, donde las élites formaran parte del núcleo y las masas de todo el mundo se mezclaran entre sí debido a la migración global, convirtiéndose en un nuevo proletariado internacional. Solo en ese momento comenzará la revolución proletaria predicha por Marx, la crisis del sistema capitalista mundial y la aparición del comunismo. Todo esto ocurrirá en el momento en que finalice el proceso de globalización del capitalismo y la abolición de la semiperiferia.


Wallerstein era un trotskista y un antiestalinista, por lo que no creía en la posibilidad de la construcción del socialismo en un solo país, como la URSS o China, siendo semejantes intentos un aplazamiento de la globalización y, por lo tanto, de la Revolución Mundial. Wallertein, al igual que Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista [18], consideraba que era un deber de los comunistas apoyar a la burguesía en su lucha contra las instituciones medievales; sólo después del éxito de las revoluciones burguesas los comunistas podrán luchar contra el capitalismo. Wallerstein y la mayoría de los marxistas culturales y la izquierdista contemporánea están a favor de la globalización y en contra de la defensa de la soberanía por parte de las potencias semiperifericas, pues tal lucha retrasa el triunfo del liberalismo y la globalización. Es por esa razón que ellos no son antiglobalistas, sino alterglobalistas, llamando a la creación de un posliberalismo y no de un antiliberalismo [19].


Una lectura multipolar de la semiperiferia


El sistema-mundo de Wallerstein es más bien una especie de antítesis del mundo multipolar. La multipolaridad interpreta el fenómeno de la semiperiferia de una manera muy diferente y no considera a esta última como la supervivencia de realidades atávicas que serán destruidas por el núcleo, sino como la posibilidad de crear un sistema alternativo al capitalismo y la globalización liberal, la cual niega la posibilidad de que existe un modelo social alternativo a la misma. La semiperiferia no es considerada por la multipolaridad como un fenómeno intermedio entre el núcleo y la periferia, al contrario, se entiende por la semiperiferia una especie de fenómeno que combina la identidad de una civilización determinada con la modernización.


Huntington [20] consideraba que el choque de civilizaciones sustituiría al mundo bipolar y por eso habló de la “modernización sin occidentalización” con tal de describir a las élites de la semiperiferia que eligen conscientemente no integrarse a las élites globales del núcleo y seguir dirigiendo el destino de sus propias civilizaciones. Tal estrategia la podemos encontrar en China, los países islámicos y, en cierta forma, en Rusia.


Si desvinculamos al concepto de semiperiferia de su origen marxista-trotskista en la teoría del sistema-mundo, entonces descubrimos que es prácticamente idéntico al de “segundo mundo”, por lo que podemos desarrollar con mayor precisión y detalle las relaciones entre los países de la semiperiferia (BRICS) y los países del núcleo y la periferia.


El potencial combinado de los países de la semiperiferia – logrado por medio de un diálogo intelectual entre sus élites que han decidido conscientemente no integrarse al capitalismo liberal global – puede convertirse en un proyecto cuyos recursos son comparables e incluso superiores al potencial agregado de todo el núcleo (“primer mundo”), produciéndose las condiciones para fundar un sistema alternativo. Desde un punto de vista intelectual, la semiperiferia no seria una especie de “futuro por llegar”, sino una zona de libre elección que puede en cualquier momento combinar el “futuro” con el “pasado” en diferentes grados con tal de crear otra cosa. Para realizar esto, es necesario abandonar la concepción liberal y marxista del tiempo lineal y el progreso sociotécnico, algo que no resulta tan difícil de hacer, pues las religiones confucianas, islámicas, ortodoxas, católicas e hindúes niegan el tiempo lineal y ven el futuro tal y como lo proponen los capitalistas y los marxistas como algo totalmente negativo, una especie de escenario apocalíptico y escatológico, o indiferentemente.


Solo así la semiperiferia (“el segundo mundo”) deja de ser una zona gris o espacio de transición entre el “progreso” y el “salvajismo”, la “civilización” y el “atavismo”, para convertirse en el baluarte de las civilizaciones soberanas con sus propios criterios, normas e ideas sobre la naturaleza humana, Dios, la inmortalidad, el tiempo, el alma, la religión, el género, la familia, la sociedad, la justicia, el desarrollo, etc.


El núcleo deja de ser universal y se convierte solo en una civilización en medio de muchas otras. El “segundo mundo” deja de ser una semiperiferia entre el núcleo y la periferia, ya que de ahora en adelante los países del núcleo no son el futuro universal de la humanidad, sino una simple parte de la misma, una provincia más que ha hecho sus propias elecciones y que no puede obligar a otros a seguirla.


Los Estados-Civilizaciones


Ahora analizaremos un tercer concepto que es fundamental para entender la transición del mundo unipolar al mundo multipolar y cual es el papel que deben desempeñar los BRICS en todo este proceso. Se trata del concepto Estado-Civilización formulada por académicos chinos (especialmente por el profesor Zhang Weiwei [21]) y que se aplica de forma perfecta a la China moderna y, por analogía, a Rusia, India, etc.


Los eurasiáticos rusos plantearon una teoría muy parecida en su momento y por eso hablaron de un Estado-Mundo [22]. Según los eurasiáticos Rusia debía ser considerada como una civilización y no como un conjunto de países distintos, de ahí que hablaran de Rusia-Eurasia. De hecho, una de las críticas más perspicaces de Samuel Huntington consistió en el llamado a la creación de una teoría de las Relaciones Internacionales basada en las civilizaciones en su artículo “El choque de civilizaciones” [23]. Fabio Petito [24], un experto anglo-italiano en el área de las Relaciones Internacionales, sostuvo que la existencia de varias civilizaciones no conduce necesariamente al conflicto al igual que en la teoría del realismo de las Relaciones Internacionales la guerra es solo una posibilidad entre dos Estados-nación (tal y como lo establece la teoría de la soberanía) y no la norma. Lo importante es que ambos autores consideran que la soberanía no es monopolio de los Estados-nación, sino de las civilizaciones. El Estado-civilización niega en un principio dos cosas:


El Estado-nación (según la teoría realista de las Relaciones Internacionales), y

El Gobierno Mundial (la teoría liberal de las Relaciones Internacionales).

El Estado-Civilización es algo intermedio que puede incluir en su seno a diferentes pueblos (naciones), confesiones e incluso sub-Estados, pero que jamás se considera un modelo universal y planetario. El Estado-Civilización siempre permanece sin importar los vaivenes ideológicos, formas, culturas o fronteras que posee y puede existir como un imperio unificado o como las ruinas, restos y fragmentos de un imperio que, bajo ciertas circunstancias históricas, puede volver a reunificarse. El Estado-nación surgió en Europa en la Modernidad, mientras que el Estado-Civilización existe desde tiempos inmemoriales. Huntington observó que las civilizaciones estaban volviendo a surgir después de que la lucha ideológica de dos bloques ideológicos diferentes, capitalista y socialista, había dividido a los Estados-nación durante la segunda mitad del siglo XX. El colapso de la URSS y la unipolaridad liberal no podrían detener el retorno de las civilizaciones (Fin de la Historia de Fukuyama [25]), por lo que Huntington creía que la unipolaridad y la victoria global del Occidente liberal y capitalista era una ilusión que duraría muy poco. El triunfo global del liberalismo solo llevaría al desmantelamiento de los Estados-nación y la abolición del comunismo, pero jamás a la destrucción de la identidad de las civilizaciones que parecían haber desaparecido hace mucho tiempo. Huntington no se equivocó y poco a poco las diferentes civilizaciones comenzaron a reclamar su participación en la política internacional como sujetos activos, tal proceso llevó al hecho de que estas civilizaciones se “politizaran” y se convirtieran en Estados-civilización.


Dentro de los Estados-civilización existen toda clase de fuerzas y realidades que la politología occidental es incapaz de entender, ya que no pueden ser reducidas a las estructuras del Estado-nación o asimiladas a análisis macro y microeconómico. Términos como “dictadura”, “democracia”, “autoritarismo”, “totalitarismo”, “progreso social”, “derechos humanos”, etc., no tienen sentido ante estas entidades y deben ser reconceptualizados. La politología occidental moderna ha descartado deliberadamente el análisis de la identidad civilizatoria, la importancia de la cultura en la formación de un Estado y la sociedad o la importancia de los valores tradicionales, algo que solo es aplicado al estudio de las sociedades arcaicas. Sin embargo, las sociedades arcaicas son débiles políticamente y se han convertido en objetos de investigación o modernización para Occidente. Los Estados-civilización conservan su soberanía y cuentan con amplias tradiciones intelectuales y una gran autoconciencia. Son sujetos y no objetos de estudio o “intentos de desarrollo” (siendo esto último puro colonialismo disfrazado). Los Estados-civilización tampoco se limitan a negar la universalidad del modelo occidental, sino que también rechazan los intentos de Occidente de extender su poder blando al interior de sus fronteras. Por otra parte, estos Estados-civilización pueden extender su influencia más allá de sus fronteras y no viven a la defensiva, sino también pueden crear estrategias para contraatacar y desarrollar teorías para integrar sus propios Grande Espacios o proponer proyectos ambiciosos. Esto último lo podemos observar en instituciones como los BRI, la Comunidad Económica Euroasiática, la OCS o los BRICS.


China sería el Estado-civilización por excelencia, ya que su identidad y poder siempre han influido fuertemente en la historia. La Rusia contemporánea intenta convertirse en un Estado-civilización y la operación militar especial en Ucrania es resultado de este intento; todo esto va acompañado del aislamiento de Rusia de todas las redes mundiales, lo cual demuestra la voluntad de nuestro país de desacoplarse del globalismo. Aunque Rusia y China están logrando construir sus respectivos Estados-civilización en confrontación directa con Occidente, países como la India (especialmente bajo el gobierno nacionalista de Modi) están haciendo lo mismo bajo el amparo de Occidente. Los países islámicos, por el contrario, siguen una estrategia mixta de confrontación (Irán) y alianza (Turquía, Pakistán) con Occidente. No obstante, todos buscan crear sus propios Estados-civilización.


El segundo mundo como el nuevo paradigma de la Relaciones internacionales


Uniendo todos estos conceptos en un todo obtenemos la siguiente ecuación: segundo mundo=semiperiferia=Estado-civilización. El “segundo mundo” son precisamente los países que hoy defienden la multipolaridad y rechazan la unipolaridad y el globalismo, es decir, la hegemonía del “primer mundo”. En cuanto a su nivel de desarrollo económico y su grado de modernización, podemos decir que el “segundo mundo” se corresponde a la semiperiferia del sistema-mundo. No obstante, a diferencia de Wallerstein, no consideramos que el destino de esta semiperiferia sea la integración de sus élites a la globalización y la mezcla del proletario mundial en un crisol sin control, sino la afirmación de su identidad propia y la unificación de las sociedades que comparten esta identidad. Los polos autónomos del “segundo mundo” (la semiperiferia) son los Estados-civilización tanto reales (China, Rusia) como potenciales (el mundo islámico, América Latina, África).


Es mediante este aparato conceptual que podemos entender la importancia de los BRICS y, aunque actualmente se trata de una alianza muy convencional o de un club compuesto por Estados-Civilización (explícitos e implícitos), vemos en ellos los representantes del “segundo mundo” y la semiperiferia. Sin embargo, este club tiene la capacidad de cambiar la situación actual: el siglo XX fue testigo de la constante erosión de la soberanía de los Estados-nación y muchos de ellos no son más que cascaras vacías formalmente reconocidas por la ONU que en su momento servían a uno u otro campo de confrontación ideológica. En el sistema bipolar solo existían dos verdaderos Estados soberanos: Washington y Moscú. Estos últimos eran los que tomaban las decisiones y el resto de los Estados-nación se acoplaban a las mismas de forma parcial o relativa. El fin de la URSS y la disolución del Pacto de Varsovia no condujeron a la consolidación de los Estados-nación nacidos de esta desintegración, sino que dio paso a la consolidación temporal de la unipolaridad y la globalización. Además, Washington trató de convertir su sistema de valores y reglas liberales en un modelo universal. El siguiente paso lógico de este proceso hubiera sido la proclamación de un Gobierno Mundial como lo quieren Fukuyama, Soros y Schwab (fundador del Foro de Davos), pero este proceso fue truncado tanto por contradicciones internas como por la rebelión directa de Rusia y China contra la unipolaridad. Fue así que el “segundo mundo”, la semiperiferia y los Estados-civilización desafiaron abiertamente al globalismo y se convirtieron en sus sepultureros. Lo que parecía un fenómeno temporal y transitorio – la semiperiferia o los BRICS – era en realidad algo mucho más importante, estableciéndose de ese modo los fundamentos de la multipolaridad. El “segundo mundo”, la semiperiferia y los Estado-civilización se convirtieron en los principales actores de la política mundial, contradiciendo así las teorías occidentales de las Relaciones Internacionales, incluida la versión marxista-trotskista (Wallerstein) de la misma.


La tesis del Estado-Civilización, en caso de ser recuperada por los países del “segundo mundo” (los BRICS) podría llevar a la reestructuración del panorama mundial. Occidente como el “primer mundo”, el núcleo, dejará de ser el centro de todo y se convertirá en una simple región de nuestro planeta.


Esto llevará a que Occidente cree su propio Estado-civilización o incluso se divida en dos Estados-Civilización diferentes: uno cuyo centro sería América del Norte y otro ubicado en Europa. Todo esto llevará a la aparición de muchos otros Estados-Civilización como China, Rusia, India, el mundo islámico, América Latina, África, etc., que serán capaces de competir de igual a igual en todos los niveles. Todos ellos podrán elegir libremente su futuro, sin ser considerados como el pasado de Occidente.


Por supuesto, este es un proyecto a futuro que requiere de sumar el potencial de todos los Estados-civilización no Occidentales para desafiar al núcleo, relativizando sus pretensiones de dominio global y limitando la influencia de su cosmopolitismo. El hecho de reducir las fronteras de Occidente y convertirlo en una provincia implicaría la derrota del proyecto de un Gobierno Mundial y daría nacimiento al Estado-civilización occidental. La operación militar rusa en Ucrania y el futuro control chino sobre Taiwán son los primeros pasos en ese sentido.


Casi siempre el cambio del orden mundial se produce a través guerras que algunas veces toman el carácter de guerras mundiales. Desgraciadamente, la construcción del mundo multipolar nacerá de estas guerras. Si la guerra no puede ser evitada, lo único que podemos hacer es limitar la escala de la misma por medio de regla y leyes conjuntas. Sin embargo, semejante proyecto requiere de un análisis de los fundamentos teóricos y conceptuales de la multipolaridad.



Notas:


[1]Dugin A. The Theory of a Multipolar World. Budapest: Arktos Media Ltd, 2021.


[2] Dugin A. Geopolítica del mundo multipolar Santiago de Chile: . Ignacio Carrera Pinto Ediciones, 2022.


[3] Aijaz Ch. K. The political economy of development and underdevelopment. New York: Random House, 1973.


[4] Rangel C. Third World Ideology and Western Reality. New Brunswick: Transaction Books, 1986.


[5] Krasner S.D. Sovereignty: Organized Hypocrisy. Princeton: Princeton University Press, 1999.


[6] Cardoso F., Falleto E. Dependency and Development in Latin America. Berkeley: University of California Press. 1979; Ghosh, B.N. Dependency Theory Revisited. Farnham, UK: Ashgate Press. 2001.


[7] Hobson J. The Eurocentric Conception of World Politics: Western International Theory,


1760–2010. Cambridge: Cambridge University Press, 2012.


[8] Morgan Lewis Henry. Ancient Society. Tucson: The University of. Arizona Press, 1995.


[9] Tylor Edward Burnett. Researches into the Early History of Mankind and the Development of Civilization. London J. Murray, 1865.


[10] Hobson J. The Eurocentric Conception of World Politics: Western International Theory,


1760–2010.


[11] Wallerstein I. The Modern World-System: Capitalist Agriculture and the Emergence of the European World Economy in the Sixteenth Century. New York: Academic Press, 1976


[12] Braudel F. Le Temps du Monde. Paris: Armand Colin, 1979.


[13] Prebisch R. Capitalismo periférico. Crisis y transformación, Santiago de Chile: CEPAL,1981


[14] Furtado C. Desenvolvimento e subdesenvolvimento. Rio de Janeiro: Fundo de Cultura, 1961.


[15] Ленин В.И. Империализм, как высшая стадия капитализма. Популярный очерк/ Ленин В.И. Полное собрание сочинений. 5-издание. Т. 27. М.: Политиздат, 1969.


[16] Wallerstein I. World-Systems Analysis: An Introduction. Durham, North Carolina: Duke University Press. 2004.


[17] Грамши А. Избранные произведения: Т. 1—3. — М.: Изд. иностранной литературы, 1957—1959.


[18] Маркс К., Энгельс Ф. Манифест коммунистической партии/ Маркс К., Энгельс Ф. Сочинения. Т. 4. М.: государственное издательство политической литературы, 1955.


[19] Wallerstein I. After Liberalism. New York: New Press, 1995.


[20] Huntington S. The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order. New York : Simon & Schuster, 1996.


[21] Zhang Weiwei. The China Wave: Rise of a Civilizational State. Singapore: World Scientific Publishing, 2012.


[22] Основы евразийства. М.: Партия «Евразия», 2002.


[23] Huntington S. The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order.


[24] Petito F., Michael M.S. (ed.), Civilizational Dialogue and World Order: The Other Politics of Cultures, Religions, and Civilizations in International Relations (Culture and Religion in International Relations). London: Palgrave Macmillan, 2009.


[25] Fukuyama F. The End of History and the Last Man. NY: Free Press, 1992.


Cortesia de: El Espia Digital



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