domingo, 4 de febrero de 2018

Alexander Dugin

La sociedad humana después de la crisis: el infierno en la tierra a través de la lente de la sociología profunda.




Sociología de las profundidades

Una sociedad concreta (fenomenal) siempre se compone de dos partes: la superficie y la subterránea. La parte superficial es lo que normalmente denominamos «sociedad», es decir, una esfera de actividad racional donde prevalece el logos (λόγος). Esto es el dominio de lo «diurno». La parte subterránea es la oscuridad, la isla submarina del inconsciente colectivo, la región de la noche social (lo «nocturno»), donde manda el mito (μύθος).

Durante algún tiempo, la ciencia progresista creyó que estas dos partes estaban situadas en orden diacrónico. En los tiempos antiguos (y entre los pueblos «primitivos», el desafortunado «residuo» de la antigüedad), el mito era predominante. Pero el progreso de la civilización suplantó gradualmente el orden mitológico y lo reemplazó con un orden basado en el logos. La comunidad, o Gemeinschaft, es reemplazada por la sociedad, o Gesellschaft (F. Tönnies). Pero esta exaltación optimista no duró mucho tiempo. Mientras que la fe ciega en el supuesto progreso reinaba casi incuestionablemente en la Europa Occidental de los siglos XVIII-XIX, el subconsciente, donde predominan las leyes eternas e inmutables del mito, fue descubierto a principios del siglo XX.

Las obras de Jung desarrollaron la teoría de Freud y establecieron una nueva topología de la psicología humana. Freud ya había demostrado que, además del «Yo» (el «ego»), un «Ello» invisible y reprimido (en alemán «es», en latín «id»), opera activamente dentro del hombre. Jung demostró que el fundamento de este «Ello» está arraigado en una realidad especial común a todas las personas. El inconsciente colectivo es uno para todos.

El seguidor de Jung, el sociólogo francés G. Durand, apoyándose en la teoría junguiana del inconsciente colectivo y sus arquetipos, complementó la topología psicoanalítica con una sociológica, sentando así las bases para una «sociología de las profundidades», una «sociología profunda», o «sociología de la imaginación». Así, la segunda parte subterránea de la sociedad, en cuyo centro reside el mito, fue descubierta, estudiada e impartida con la descripción.

Sociólogos ordinarios como Weber, Sombart, Durkheim, Moss, Sorokin, etc. describen más a menudo la sociedad diurna y sus propiedades, es decir, el logos social. Los sociólogos de las profundidades, por otra parte, tales como G. Durand o M. Maffessoli, se dedican a la exploración de los mitos sociales, elaborando una especie de sociología del mito.

El estudio de las interconexiones entre los dos niveles principales de esta topología, es decir, entre el logos y el mito, enterró el concepto de racionalidad y la noción de «progreso» en las primeras etapas. Según G. Durand, resulta que estos últimos no son otra cosa que una racionalización del mito de Prometeo. El siguiente paso fue el descubrimiento de que el propio Logos, como destino axiológico de la cultura de Europa Occidental (desde Platón a Descartes hasta el positivismo), no era sino una edición especial del mito (un «mito ascendente» en la teoría de G. Bachelard o «régimen diurno» , «le diurne» en la teoría de Durand). Este es el descubrimiento de la sociología profunda (la sociología de la imaginación) basada en el estructuralismo de C. Levi-Strauss, la historia de la religión (H. Corbin, M. Eliade), el psicoanálisis (C.G. Jung), la reflexología (M.Bekhterev), la física y las matemáticas modernas (R.Tohm, V.Pauli etc.). Esto abrió una visión completamente diferente de la esencia, contenido, significado, naturaleza y calidad de los procesos sociales. La sociología clásica, que había detectado numerosos fracasos del logos en la sociedad (por ejemplo, el principio de «heterotelia», una ley sociológica que afirma que los procesos sociales casi siempre alcanzan objetivos distintos de los que se establecieron para empezar, anulando la lógica causa-efecto en la que tan firmemente creyeron los padres fundadores de la sociología -los positivistas Kant y Durkheim), llegó a través de la sociología profunda a formar un sistema coherente y semánticamente completo. El enorme material metodológico y documental acumulado por los sociólogos clásicos empezó a ser interpretado de una manera totalmente nueva.

Así, a fines del siglo XX, se estableció una «sociología de dos niveles» en la que la investigación sobre el logos social fue paralela a los estudios del «subterráneo social» (la «mazmorra social») y del «mito social». En otras palabras, se descubrió el «inconsciente social».

El Logos social

Por su profesión, un sociólogo está llamado a mirar más allá de la «opinión pública», de las «ideas comunes» y el «sentido común», es decir, aquellas creencias e ideas que circulan entre las masas en su «mayoría» y constituyen el marco de la «sabiduría convencional». La «opinión pública» nunca refleja el cuadro completo. Su lugar natural está situado en el espacio entre la verdad científica y lo que es una quimera pura, o nada. Incluso Platón, en su República, definió la «opinión» (δόξα) como mostrándonos algo al mismo tiempo que nos oculta algo más, revelándonos en todos los casos no lo que está en la superficie a transmitir, sino en algún otro lugar, engañándonos siempre. Los expertos estadounidenses más francos en especulación financiera y mercados de valores han formulado la misma ley en los términos más ásperos: «la mayoría siempre está equivocada».

Al analizar la «opinión», los sociólogos derivan de tal la verdad semimanifestada y semioculta, explicando así el mecanismo y, a su vez, la estructura semántica de las mentiras (silencio, eufemismos, proyecciones, transposición y otros tropos retóricos). Por lo tanto, es la suma de verdades científicas, aclaraciones y etiologías de conceptos erróneos y mentiras extraída -el contenido del logos social- que constituye el objeto de la sociología clásica.


El pesimismo de los sociólogos clásicos: el logos al borde de la catástrofe

La mayoría de las grandes reconstrucciones de los sociólogos clásicos (las «grandes teorías») fueron marcadas por la naturaleza perturbadora de los procesos sociales en el siglo XX. La misma idea de «progreso», que se ha convertido en algo que se da por sentado en la «opinión pública», fue aceptada en un momento dado como un eufemismo diseñado para iluminar las premoniciones de un desastre inminente.

La mayoría de los sociólogos, y Pitirim Sorokin en particular, enfatizaron unánimemente la naturaleza hedonista, material, sensual y sensata de la moderna civilización occidental, y esta cualidad afectó al «logos social» aún más en profundidad a lo largo del siglo XX. Los valores materiales, entrañando una «obsesión por la economía», la búsqueda de la libertad material y egoista y del placer, vinieron a la vanguardia y socavaron y erosionaron la estructura de la organización racional de la sociedad. Casi todos los sociólogos predijeron de una manera u otra que el logos social de Occidente y de toda la civilización mundial, habiendo estado bajo influencia decisiva de Occidente, amenazaba el desastre.

Este sentimiento se intensificó especialmente en la era posmoderna, cuando muchos comenzaron a hablar de la «sociedad del espectáculo» (G. Debord), el «orden del simulacro» (J. Baudrillard), o el «fin de la historia» (F. Fukuyama). De hecho, Fukuyama habló de una «sociedad de brechas», aumentando la «fragmentación de los lazos sociales», etc. El logos social se había desintegrado frente a nuestros propios ojos transformándose en algo más constatado con gran dificultad y exigiendo nuevos métodos sociológicos para comprenderlo y explicarlo.

Algunos, como Castells, han sugerido tímidamente que el logos no muere, sino que pasa a una nueva forma de existencia como una red. Pero esto no sonó y no suena muy convincente. En cualquier caso, a partir de finales del siglo XX, la sociedad clásica se encontraba en el umbral de, como dicen los optimistas, una metamorfosis fundamental cualitativa o, como sospechaban los pesimistas (como Spengler), del colapso.

El momento social a través de los ojos de los sociólogos de la profundidad: deslizándose en la noche.

Aún más alertados por el agotamiento de la modernidad están los sociólogos de la profundidad, quienes en principio han creído que la revalorización del logos a la vista del mito equivale a un desastre que, por definición y desde el principio, está cargado con el colapso y la inflación colosal del logos. No siendo oponentes del logos, simplemente señalan que el gigantesco esfuerzo de reevaluar una mitad de la sociedad (la mitad diurna), está cargado con la posibilidad de una rápida regresión y de caer en el extremo opuesto, las regiones del inconsciente, sin alivios o etapas intermedias. Consideraron acertadamente que los totalitarismos europeos del siglo XX fueron una caída rápida hacia el mito, por ejemplo, el régimen nazi (con su «Mito del siglo XX» que, ciertamente, es más bien una pálida y lamentable parodia del mito en sí mismo) y la URSS con su intento milenarista de construir un «paraíso en la tierra» (el mito diacrónico-trinitario de Joaquín de Fiore salteado por Hegel y el específicamente ruso mesianismo cultural).

Pero la inflación del logos no cesó con la victoria sobre el fascismo o después del fin del comunismo. En la década de 1990 surgió la ilusión temporal de que el logos social había encontrado finalmente su encarnación final en el paradigma estadounidense liberal-democrático (de ahí el globalismo y el «fin de la historia»), que duraría para siempre (como los neoconservadores estadounidenses intentaron inaugurar con el «Proyecto para un Nuevo Siglo Americano» y las teorías de la «hegemonía benevolente» y el «imperio benévolo»). En los años 2000, todo esto se hizo cada vez más dudoso. Cuando golpeó la crisis financiera de 2008 y el demócrata negro Barack Obama llegó al poder en Estados Unidos, quedó claro que la ronda precedente no fue el establecimiento de un «nuevo orden mundial», sino la agonía final del logos occidentalocéntrico.

Desde el punto de vista de los sociólogos de la profundidad, se trataba de la colisión de dos mitos que habían actuado durante tres siglos en la “mazmorra” de las sociedades europeas occidentales (y los que estaban bajo su influencia).

La era moderna y la Ilustración reflejaron el surgimiento del mito de Prometeo, que inspiró tanto a los racionalistas como a los románticos, al pueblo del día y a los poetas de la noche. El titán, embaucador, impostor de los dioses (la noche), Prometeo, actuando como Fausto y Lucifer, trae a la gente el fuego y el conocimiento (el día). Schelling, Hugo, Hegel, Marx, y tanto los liberales como los socialistas se inspiraron en el mito de Prometeo. Incluso en el fascismo, a través de la lente nietzscheana del «Superhombre» y del wagnerianismo, Prometeo encontró una expresión peculiar.

Pero con el final del siglo XIX, Prometeo comenzó a ceder el paso al mito de Dionisio. Emanado de los salones decadentes, penetró en la cultura y posteriormente se convirtió en el principal mito de la gente dedicada a los medios de comunicación (y, por regla general, de los marginados, los borrachos, los pervertidos y los drogadictos, como señaló Durand acertadamente), el cine y más tarde la televisión, los intelectuales y los artistas – la típica gente de la noche en prácticamente todas las sociedades. Gradualmente imbuidos del estilo individualista-hedonista de los «periodistas», escépticos inveterados, y los opositores de toda organización racional (enemigos del logos social), la sociedad se convirtió en una sociedad del entretenimiento y del disfrute, la «sociedad del espectáculo».

Dionisio desplazó a Prometeo, el final de cuyo mito se describe en el espléndido e irónico libro de André Gide, Prometeo mal encadenado. Pero el propio Dioniso perdió poco a poco su atractivo, su impulso y su energía, como las perversiones decadentes de la élite, teniendo algo estilísticamente atractivo, se convirtieron en la asquerosa putrefacción de las masas en decadencia que se deslizaban en la noche. Los plebeyos desfiles gay convirtieron el ambiente refinado de los salones de Oscar Wilde, la insanidad solar de Arthur Rimbaud y el gesto poético del Apollon de Kuzmín, en un kitsch plebeyo (otro ejemplo del significado de la expresión «no arrojar perlas a los cerdos»). El mito de Dioniso, a su vez, alcanzó el punto de saturación y se convirtió en una de las fuentes de frescura del estancado pantano estinfaliano.

El ciclo de la cultura occidental ha llegado a su fin. La posmodernidad con sus epifenómenos es un ejemplo convincente de esto.

De todos modos, los sociólogos de las profundidades están a la espera de un nuevo mito (tal vez esperan que este sea el mito equilibrado e integrador de Hermes – como el grupo Eranos, que incluyó a Jung, Eliade, Bachelard, Corbin, Dumezil, Scholem y Durand), pero comprenden claramente que el logos europeo está a punto de deslizarse en la noche. Francamente hablando, me parece bastante dudoso que estas maravillosas personas, estos neo-hermetistas, logren detener lo que está cayendo, mucho menos cambiar esta caída…


La topología de Jung

Las observaciones precedentes eran necesarias para llegar al tema principal, es decir, nuestro intento de concebir lo que espera a la humanidad una vez que la posmodernidad finalmente adquiera todo su sentido y el logos social finalmente perezca en la noche del mito. En otras palabras, estamos interesados en reconstruir el cuadro de la inminente dimensión sociológica teniendo en cuenta aquellos significados estructurales y semánticos que nosotros (o no) debemos sobrevivir (o no). Sobre la base de una reconstrucción sociológica de las teorías clásicas y no clásicas, podemos construir diferentes modelos del futuro, basándonos en la topología psicoanalítica de Jung, que se preocupó por el destino del hombre y trató de describir lo más imparcialmente posible la plenitud del factor humano en sus diversas dimensiones en diferentes etapas. Antes de «pintar» la «sociología del Apocalipsis» con «la pintura de Jung», recordemos los principales parámetros de su topología.

Según Jung, un ser humano es un sistema complejo que consiste en varios polos, los principales de los cuales son el «ego», la «persona», el «ánima / ánimus», la «sombra» y el Selbst (el «Sí-mismo»). Agreguemos el «superego» de Freud en aras de la exhaustividad.


Mi «yo» y mi máscara

El hombre es considerado como un individuo racional que se llama a sí mismo «yo». En el psicoanálisis, esta función se denomina mediante el término latino «ego», cuyas propiedades son el intelecto, la capacidad para las operaciones mentales, la posesión de estructuras lógicas (o «proto-lógicas», como las llamadas «tribus primitivas» y «salvajes»), la capacidad de autorreflexión y la separación clara de uno mismo («ego») del mundo exterior, los «otros», y «el otro».

El logos social generalizado es la proyección colectiva del «ego», lo que Freud llamó «superego» o «super-yó». El «ego» siempre se relaciona con el «superyó», que da lugar así a un sistema de normas sociales y determina una gran parte del ser del «yo».

En cuanto al otro «yo» social y al logos social agregado (superego), el ego actúa como el personaje, la personalidad, o la máscara. Existe una brecha entre el ego y la personalidad, que consiste en que el «ego» tiene otra dimensión, invertida en sí misma, que la distingue de la personalidad o «personaje» a través de una función sociológica completamente exhaustiva. El ego tiene una psique, mientras que un personaje no (tal es cuidadosamente ocultado e ignorado). La psique del ego se da a conocer sólo cuando un personaje comienza a comportarse o a sentir inadecuadamente dentro de la sociedad o frente al superego dado como un estándar en la moral y las reglas del pensamiento (un trastorno mental).

El «Yo» por lo general parece estar solo como resultado de la reflexión del logos sobre la separación física del cuerpo humano. Pero esto no es necesario, enfatiza Jung. La deformación de las estructuras lógicas, una disminución del nivel mental (abaissement du niveau mental), o simplemente el soñar pueden fácilmente desdibujar la singularidad del yo, su identidad, y dispersar en varias fracciones el «alter ego». En algunos casos de psicosis, esto se manifiesta a través de voces, a través de la vista, o incluso a través de visiones de uno mismo. En algunos casos, varios «egos» pueden formar una forma bastante estable de identidad (como el Stevenson del Dr. Jekyll y Mr. Hyde).

El «yo» de Jung no es una constante de una vez y para siempre, sino que es plural. A veces Jung habla del ego como una parte de una psique compleja junto con otros «complejos».

El reino del inconsciente colectivo y el Selbst

Dentro del «ego» comienza el espacio de la psique que contiene diferentes capas, algunas cercanas al «ego» (como la memoria, la evaluación subjetiva de las acciones y la «invasión» desde el exterior) y aquellas más alejadas, como el inconsciente.

Freud llamó al inconsciente «es» o «id». Él mismo restringió el inconsciente a sentimientos e instintos individuales formados por lo general durante la infancia e incluso en el período prenatal. En el famoso sueño de Jung de 1909, en el cual viajó a través del Atlántico por barco con su maestro, vio que en el inconsciente hay un nivel aún más profundo que deja de ser individual y se convierte en colectivo. El reino del inconsciente colectivo es el centro de la topología conceptualizada de Jung.

El inconsciente colectivo, según Jung, es el mismo para todos y está habitado por mitos y arquetipos eternos. Este inconsciente colectivo se explica por argumentos estables de ciertos sueños (grandes sueños), mitos, cuentos, cuentos de hadas, visiones religiosas y obras artísticas. El inconsciente colectivo, bien recibido, comprendido, aceptado y sagradamente exaltado, dirigido hacia la luz, es lo que Jung llama Selbst o «yo».


El ánimus / ánima y el doble oscuro

Además, entre el ego y el inconsciente colectivo existen dos de las principales instancias intermedias: el ánimus / ánima (el alma que Jung divide por género) y la “sombra” (umbra, die Schatten).

El ánimus / ánima (como el Séraphitus-Séraphita de Balzac), es una imagen del inconsciente colectivo como aparece en forma pura en el ego masculino o femenino. A lo largo de su investigación (incluyendo estudios clínicos), Jung señaló que los hombres constantemente imaginan que el «inconsciente» («es» e «id») es femenino (de ahí el «ánima», el alma femenina), mientras que las mujeres lo imaginan masculino (de ahí el «ánimus», el alma masculina). En ruso, sería tentador utilizar las palabras afines dusha («alma») y dukh («espíritu»), pero tienen un significado regularmente diferente (aunque uno podría preguntarse: ¿tiene cualquiera de ellas algún sentido hoy en absoluto?).

Tenemos también la «sombra», que representa el gemelo oscuro del ego, que consiste en productos negativos del diálogo entre el ego y el inconsciente colectivo. Todo lo que la mente diurna reprime, elimina, expulsa, censura y no reconoce en los impulsos surgidos desde las profundidades inconscientes, configura la «sombra», formando su estructura y una especie de «anti-persona» (simétricamente opuesto a un persona). El diablo es la forma generalizada de la sombra.


La individuación como realización del Selbst

De gran importancia en las obras de Jung es el tema de la «individuación». La individuación es la transferencia armoniosa, equilibrada, incremental y mesurada de las estructuras del inconscente colectivo al nivel del logos. Una vida humana correctamente orientada es la realización del Selbst, es decir, la individuación. Sólo en este caso, el ego sirve al propósito de dejar caer lo que está en el nivel del mito en el reino del logos.

Jung clarificó la relación entre determinados casos en su topología, suministró matices, explicó detalles y resolvió los rompecabezas de sus relaciones dialécticas. Delineó la dialéctica de esta estructura en sus pacientes y en obras de arte, doctrinas religiosas, teorías filosóficas, biografías famosas y en los prejuicios de los ciudadanos comunes. Prácticamente todo su trabajo creativo se dedicó a este fin.

La sociología de la imaginación

La aplicación de la topología de Jung a la sociedad (con ciertos ajustes) produce la sociología profunda o la sociología de la imaginación, desarrollada principalmente por R. Bastide y G. Durand. El logos social (la «conciencia pública» de Durkheim) es el ego generalizado (superego). En el otro extremo está el inconsciente colectivo (o inconsciente social). Entre ellos está el ego humano frente a la sociedad a través de su personalidad (persona), y frente al inconsciente colectivo (el reino nocturno de los mitos) a través de su psique y sus figuras (el ánima, el ánimus y la sombra).
Entre la conciencia colectiva y el inconsciente colectivo existe una dinámica en la medida en que resuenan en ciertas cuestiones y son homólogos, mientras que en algunos casos entran en discordia y conflicto. Esto se debe a la cinética social (incluida la movilidad) y al contenido profundo de los procesos sociales. El individuo o el humano son un punto en esta compleja dialéctica de dos tiempos de la noche y el día, o diurna y nocturna.

El modelo tripartito de la topología social de Pitirim Sorokin, que distingue entre tres tipos de sociedades y estructuras sociales (ideales, idealistas y sensuales), sobre la base de un enfoque puramente heurístico, se da base firme en las tres estructuras arquetípicas de Durand: «heroica» «cíclica» y «mística», que son un homólogo mitológico directo de los constructos sociológicos de Sorokin. La escuela de Durand, el Centro de Investigación sobre el Imaginario, ha producido en sus 50 años de existencia una enorme cantidad de trabajo hermenéutico en el «mito-análisis» de los sistemas sociológicos y la «mito-crítica» de las obras literarias o de los registros históricos.


Soñando el mundo

Ahora sobre la crisis económica. Antes hemos dicho que es muy probable que la actual crisis financiera sea una expresión de un proceso mucho más profundo, es decir, el declive del logos social borroso o saturado de momentos sensuales (a la Sorokin), o del mito dionisíaco que ha sido superado por las masas osculadoras (a la Durand). En el sistema de Jung, este proceso puede ser visto como el «descenso del nivel mental» (abaissement du niveau mental). Supongamos que las estructuras lógicas del ego y del superego se desmoronan en un umbral crítico -y esto es muy probable si tenemos en cuenta las observaciones sobre la sociedad rusa, que se ha degradado rápidamente en el sentido intelectual y moral, así como los procesos que tienen lugar en la cultura y la política occidentales. En este caso, debemos esperar que la humanidad sumerja la cabeza primero en el régimen nocturno.
En la topología junguiana, esto significa que hemos descendido al inconsciente colectivo. Esto no es simplemente nihilismo. El mismo concepto de nada, o nihil, pertenece al orden de las estructuras lógicas capaces de representar abstractamente la negatividad pura en contraste con la presencia pura. Pero en la medida en que la lógica se erosiona, la nada cristalina del nihilismo lógico nos aparece no como vacía, sino llena de significados evasivos, imágenes incoherentes y sonidos cacofónicos arreglados discordantemente. El nihilismo de la noche está lleno de sonidos, colores y formas, pero sólo desde el punto de vista del día. Esto es la nada.

Comenzaremos a ver los puntos críticos enumerados debajo en la oscuridad. Después de todo, siempre hay unos objetos que son más oscuros que otros. Es en este punto que hemos llegado a la versión junguiana de la futurología poscrisis.

El logos social ha caído. A pesar de haber derrotado con éxito a todos sus competidores lógicos e ideológicos (teocracia, monarquía, fascismo y comunismo), el liberalismo no ha lidiado con la carga del logos social, es decir, es incapaz de defender el orden del día todo por sí solo contra la noche acercándose desde todos los lados y desde dentro. El último de esos intentos fue la aventura imperial de los neocons estadounidenses. Mientras tanto, los logoi anteriores son abandonados irremediablemente repudiados y destrozados.

El carácter diurno del liberalismo es relativo. Tal vez ganó precisamente porque ofrecía el más suave de todos las órdenes, el logos más discreto, el instrumento más comprometedor y tolerante de la represión diurna del inconsciente nocturno. Pero ahora, por fuerza, ha sido dejado cara a cara frente al caos, el mismo caos en el que se apoyó anteriormente.

Si la actual crisis económica (para la civilización liberal, la economía es un sustituto del orden y del logos) resulta ser la última, entonces se producirá un «descenso fundamental del nivel mental de la humanidad». El mundo se sumergirá en un sueño.

¿Qué tipo de sueño será este?

Los nuevos actores de la posantropología

La eliminación del «ego» y del «superego», su vuelco en la neblina oscura de la psicosis, conduce a la aparición de nuevos actores en la vanguardia. Estos actores no serán ni las clases (como en el comunismo), ni las razas (como en el nacionalsocialismo), ni incluso el individuo (como en el liberalismo) – todas estas ideologías sociales se fundaron sobre sistemas lógicos específicos y, paralelamente a tales, sobre mitos nocturnamente estructurados bastante distinguiblemente. Estos actores serán las formas del inconsciente que quedan de la época de la dominación luminosa del logos. Este será un orden poslogos que conducirá a la introducción de la posantropología.
Las principales figuras de la relación entre el ego y el inconsciente adquirirán autonomía y se convertirán en el sustituto del ego. La humanidad oirá «voces».

El hecho de que el ego del hombre moderno se vuelva dinámico, plural, parecido a un juego y aleatorio puede verse ya en todas partes: en el constante cambio de profesiones, en el movimiento (el nuevo nomadismo), cambiando de género, en los nicks, en la aparición de dobles y clones (primero en la literatura, las películas y los juegos de computadora, pero mañana en la práctica). Esto se convertirá en algo corriente según la vida adquiera una naturaleza más irónica y parecida a un juego. El ciclo se contraerá a medida que las familias, los socios, los amigos, los países y las ocupaciones cambien con una velocidad caleidoscópica. La gente cambiará su género con mayor frecuencia, y las operaciones de cambio de sexo llegarán a ser algo que suceda más de una vez: una es mujer, tiene suficiente, se convierte en un hombre, luego en una mujer de nuevo, y así sucesivamente. Pero después de cierto punto – apenas lo notaremos – la noción de identidad individual se disolverá y el principio de libertad corroerá los «grilletes totalitarios» de la individualidad. En el átomo humano se descubrirán componentes separados: electrones, protones, cuark, que demandarán por sí mismos «nuevas libertades» (como el escritor belga Jean Ray anticipó en su obra La mano de Götz von Berlichingen).

Y es en este momento que nos enfrentaremos a una serie de fenómenos y de avances muy interesantes que definirán el panorama del paisaje posantropológico.

El advenimiento de la sombra

La «sombra» será uno de los actores principales del «apocalipsis junguiano». Las fantasías de las sombras vivas (en las obras de Anderson y el folklore popular) son un cuento famoso que aparece repetidamente en la literatura, el teatro y la ópera. La «sombra» es un sinónimo del diablo, y podemos decir que esta imagen coincide con las amplias y variadas descripciones del Anticristo o de la «venida de Satanás». La perspectiva de Jung difiere de las visiones religiosas y teológicas sobre este tema en que él examina la figura del diablo – en el espíritu del «Apocatástasis» de Orígenes – como relativamente negativa. De acuerdo con Jung, en la «sombra-diablo» se acumula todo lo que ha sido descartado por el ego en el curso de una individuación sin éxito, es decir, en el curso de la traducción del inconsciente colectivo y sus arquetipos en la esfera del logos. Así, el diablo no es independiente ni primordial, sino que simplemente simboliza la totalidad de los fracasos humanos y los resultados de la fricción con el «superego», que a su vez no está asociado tanto con los errores individuales como con la disonancia y el conflicto del logos social (incluyendo los aspectos religiosos y morales) con el complejo mitológico situado bajo los cimientos de la sociedad. La sombra es el Selbst fallido. Después de todo, el diablo fue una vez un ángel de luz que cayó…

La sombra que se revelará en un futuro próximo no debe ser considerada necesariamente como el «diablo» de la religión cristiana. En términos sociales y psicoanalíticos, esto será simplemente un «residuo», una especie de sustituto de un «Yo» que desaparece, y frente al inconsciente colectivo indiferenciado, esta figura parecerá como «paja salvadora» que, como corresponde a su identificación, será más alta que el caos mitológico que nada por debajo. Por lo tanto, para la poshumanidad, la «sombra», como imagen preservada del «ego» perdido, se presentará como una especie de tentación. La sombra no actuará como un enemigo de la humanidad (especialmente porque el hombre por ese tiempo dará paso al poshombre). Más bien, actuará como un enemigo del abismo indiferenciado de sueños indistinguibles.

¿Qué será esta «sombra» en su venida? Esto es difícil de imaginar, ya que el panorama social cambiará significativamente. El colapso del logos no cancelará la ciencia, o más precisamente la tecnología, por lo que la disolución del individuo podría muy bien combinarse con la continuación del progreso tecnológico por inercia. Por lo tanto, la sombra vendrá con el séquito de máquinas y dispositivos. Pero no será un ser humano singular o un grupo de seres. Será algo parecido a una nube, una niebla, una nebulosa pensante que puede asumir varias identidades, nombres y tipos. Estas imágenes serán algo vagas, como si estuvieran cubiertas de niebla. La sombra difícilmente aparecerá en forma de monstruos, sino más bien en forma de recuerdos y sueños lánguidos y densos.
Este es un polo.

Operación Alraune

Otra figura del apocalipsis junguiano será el ánima femenina desencarnada. Esta no será una hembra humana, sino la feminidad en su aspecto colectivo, de aparición.

Aquí vale la pena insistir con más detalle en la idea del ánima en las obras de Jung. El ánima de Jung no es una imagen de una mujer basada en el instinto animal o la observación lasciva del sexo femenino, y ni siquiera en la memoria genética como lo presentan el freudismo y la psicología materialista. Es la creación de un ego puramente masculino que, a través del ánima, se estructura tanto a sí mismo como las relaciones con el otro interno (que es el mismo), procediendo a proyectar esta relación hacia afuera sobre el otro y sobre sí mismo, ahora dentro del marco de la forma – es la mujer en un sentido social-de género.

El ego masculino no sabe nada sobre el ego femenino, y no quiere ni puede saber nada al respecto. Simplemente proyecta una imagen viva, en la que es apelado por el inconsciente colectivo («es»), sobre la materia socio-biológica circundante. El ánima interno y la mujer externa son para el ego masculino (logos) estrictamente uno y lo mismo. El ánima es primaria y aquello que no coincide con el ánima en una mujer tampoco es notado, rechazado, censurado u odiado por el ego masculino. Todo esto ha sido rastreado por los psicoanalistas en millones de ejemplos.

Si el ánima masculino es atraído por la figura de la Melusina (el habitante acuático mágico, mujer pez con cola y sin genitales), entonces un desajuste en la mujer externa en relación con este estándar será presentado como su culpa, y no como la culpa de la imagen (en la cual, de hecho, no hay nada patológico – después de todo, está armoniosa y fuertemente tejida en el sagrado léxico de los grandes sueños).

Una investigación paralela ha sido llevada a cabo por Levi-Strauss en el estudio de la estructura del parentesco. En los mitos de muchas tribus americanas, así como otros pueblos de África y Melanesia o, más ampliamente, del mundo entero, es recurrente el tema de una “escala apropiada del matrimonio”. Con el fin de mostrar lo que es correcto, un mito muestra lo que es incorrecto. Hay un sinnúmero de motivos estables que conciernen al matrimonio con animales (Masha y el oso, etc.), espíritus, demonios y ángeles (el Libro de Enoch), objetos, monstruos, y así sucesivamente. Estos están demasiado distantes de las relaciones, lo que significa que el ego ha ido demasiado lejos a través de los horizontes del conocimiento y, por regla general, las leyendas advierten que nada bueno sale de esto.

Lo demasiado cerca de un parentesco está representado por el incesto, un tabú que descansa en el corazón de todas las estructuras sociales conocidas con sólo raras excepciones (como el zoroastrismo, que legalizó e incluso proscribió el incesto; y en la práctica de sectas judías sabateas en Turquía, ver M. Maffesoli). En relación con el ánima, esto significa que el ego ha llegado demasiado cerca del inconsciente colectivo, que está cargado de disolución o podría en lugar de tal introducir sus propias proyecciones “egoístas” conduciendo a la esterilidad o a la generación de monstruos, es decir, desembocar en el reino de las sombras. La sombra es la totalidad de aquellos tabúes que el hombre ha sentido la tentación de violar.

Aquí surge una pregunta: ¿de dónde viene el ego masculino? Diferentes sociólogos, filósofos y psicólogos han ofrecido diferentes respuestas. El sociólogo marxista Bourdieu, por ejemplo, cree que el género es un fenómeno puramente social, es decir, el ego es dotado de una cualidad masculina exclusivamente por la sociedad – la dictadura del «superego» – y en la práctica mediante la educación y la estructuración de las relaciones familiares. Según Bourdieu, si un niño es criado y tratado como una niña, será una niña, y su ego y su personalidad serán plenamente femeninas en la personalidad. Sobre esto está basada la «tolerancia de género» contemporánea y la interpretación occidental de los derechos humanos, en los que el hombre (como afirmó el clásico del liberalismo, Locke) es una tabula rasa sobre la cual la sociedad escribe todo lo que le plazca. Marx también lo creía así.

En cualquier caso, se puede suponer que no es del género de un alma (el ánima-ánimus) de lo que depende si el ego es masculino o femenino, sino por el contrario, el género de un alma a través de una lógica inversa determina la identidad de género del ego. El ánima conduce al ego que es masculino con el fin de hacer armónico el proceso de individuación, es decir, su entrada a la luz del logos. A la inversa, el ánimus se extrapola a sí mismo en la región de la lógica a través del ego femenino con el fin de ejercer toda la misma individuación. Tengamos en cuenta que todas estas consideraciones se aplican sólo a la teoría de Jung, según la cual el alma tiene un género.

En cualquier caso, comprender la autonomía particular del alma imbuida de género nos permite visualizar la figura del ánima que probablemente nos encontraremos en el transcurso de la crisis financiera global. Esta feminidad «sin mujeres» o «aparte de las mujeres» podría muy bien aparecer a través de una serie de arquetipos que se manifestarán, bien diacrónica o sincrónicamente, en la forma de figuras femeninas gigantes, mujeres oscuras, feas y viejas, hadas, ondinas, ninfas y salamandras, o en la forma de elementos femeninos directamente tales como el agua y la tierra. La fantasía plástica del logos social en descomposición produce formas técnicas o virtuales. Sin embargo, es poco importante si estas figuras del ánima aparecerán por medio de un mal funcionamiento en el proceso de clonación, o como resultado del desarrollo de las ilusiones visuales de la pantalla totalitaria. Lo más importante en esto no es la tecnología del fenómeno del ánima, sino su significado filosófico. El logos social ha sido en el último milenio predominantemente masculino. En descomposición, se derramará la fantasía femenina definitiva al igual que, según la leyenda, de la semilla procedente del ahorcado se obtiene la mandrágora o alraune (ver la maravillosa novela de Hanns Heinz Ewers, Alraune).

Cuando pensamos en la feminidad sin mujeres, queremos hacer hincapié en cómo el ánima está asociado con el ego masculino, y esto significa que el polo posantropológico del ánima probablemente estará ligado al hombre en desaparición y a su “Yo” hundido más que a las mujeres que, desde el punto de vista lógico, será relegado a un nicho específico existencial. Ahora vamos a considerar qué tipo de nicho será.

El ánimus

Si el ánima es el producto del ego puro masculino, entonces el ánimus es el producto de lo puramente femenino. El hombre que constituye el sueño de la mujer, es decir, la forma masculina del «es», nunca ha existido y no existirá. Este no es el ego masculino, sino algo bastante diferente. El Príncipe azul, el noble caballero, el héroe: la mujer da a luz y puebla la cultura con ellos. La mujer creó al hombre. En el sentido literal, ella le dio a luz. En sentido figurado, lo inventó. El hombre fue ideado por la mujer en tres formas: como el bebé, como el héroe, y como el profesor viejo y sabio. Estas son los tres instancias del inconsciente. El puer ludens, el homúnculo, el liliputiense, el niño jugando y riendo – estas son insinuaciones de lo inconsciente, que el ego femenino es capaz de abrazar, comprender y abarcar. El marido heroico es el inconsciente en la forma con la que la batalla existencial se puede librar para jugarse su existencia (ya que los hombres de verdad que merecerían esto simplemente no existen). Finalmente, el anciano profesor es el inconsciente en forma de muerte, que captura la dinámica del ego femenino y lo congela en el hielo de la eternidad. Tales hombres viven solamente en la psique de la mujer y de allí aparecen en las obras de arte. Los artistas con talento feminizados leen los finos pliegues de los sueños de las mujeres y los traen a la cultura. Y sólo a partir de ahí, como patrones, asumen su ego masculino, totalmente diferente en estructura y estilo, conforme a las normas sociales, la dictadura del “superego” y mantienen el estado del personaje.

El debilitamiento de la presión de la cultura conduce a los hombres a convertirse en lo que vemos hoy a nuestro alrededor, de lo cual el ego femenino retrocede con disgusto. Estos son los bebés mocosos y gritones de hoy, los hombres puercos, sucios (en el mejor de los casos), cobardes, y codiciosos, y los viejos y groseros que han acumulado a lo largo de toda su vida útil sólo conflictos y malos hábitos. Las proyecciones sociales del espíritu femenino tejieron anteriormente unidas las imágenes de los hombres heroicos y las impusieron como el estándar. Cuando este trabajo se debilitó en un segmento del logos social del que las personalidades femeninas fueron responsables en la era del patriarcado, entonces todo se derrumbó. Sólo los seres extraños y desordenados de orientaciones no tradicionales permanecen – bichos raros y friquis. El patriarcado fue un producto de la extrapolación de la fantasía femenina.

Entonces, ¿quién será el ánimus sin hombres?
Esta será la figura de la versión final de la energía femenina, el héroe solar, el “superhombre” – inocente como un niño, cruel como un hombre, y sabio como un anciano. El diálogo femenino con el inconsciente producirá la descarga final de energía erótica en una figura dorada voladora. Será efímera y se disolverá rápidamente, ya que, dada la ausencia de orden social (sobre la superficie de la cual el residuo sobrante nadará al igual que la policía de tráfico, que sobrevivirá fácilmente a la desaparición del sentido y de la lógica de las cosas), el ánimus no tendrá nada a través de lo cual asegurar su voluntad de poder. Este será el destello de la aurora absoluta del «fascismo» metafísico, que se manifestará en el horizonte sólo para derretirse lejos en la noche inminente en un instante.

Sin embargo, quién sabe, tal vez incluso la contemplación momentánea del nacimiento y la desaparición del ánimus será un espectáculo que, de una manera ilusoria, satisfará grandes expectativas femeninas.


El Sujeto radical

Todavía otra figura tendrá su lugar en la (anti) utopía poscrisis. Esta vez, este personaje no es del arsenal de la topología junguiana, sino de las intuiciones posfilosóficas de la «nueva metafísica». Es el Sujeto radical descrito esquemáticamente en mis libros The Philosophy of Traditionalism, Post-Philosophy, y The Radical Subject and its Double. Aunque no sea una figura junguiana, no obstante, puede ser descrito en los términos del «apocalipsis junguiano».

El Sujeto radical es la realización de la erupción de los arquetipos del inconsciente colectivo a la luz del día siguiendo un modelo distinto de los del logos social y cultural que dominaron en el ciclo de la civilización humana conocida. El Sujeto radical es el logos alternativo (o más precisamente, el logos en potencialidad llevando un número de logoi), que comparte con los logos conocidos hasta ahora su naturaleza diurna, pero que pertenece al inconsciente colectivo y a la fundación mitológica de la sociedad (cultura, civilización) de una manera diferente. En comparación con esto, la génesis de los primeros (viejos) logos fuera de los mitos era cuestionable en el mismo principio, si no fatalmente equivocada.

Desde el punto de vista filosófico, la teoría más cercana a este modelo es el «Ereignis» de Heidegger, que desarrolló de 1936 a 1944.

El Sujeto radical es capaz de individuación bajo cualquier circunstancia en la medida en que opera con el logos no como una realidad, sino con el logos como una potencialidad, es decir, en la esfera que se encuentra entre el inconsciente colectivo (el mito) y su concentración en la actualidad del logos, antes de que esta concentración se vuelva irreversible.

Este es el logos disuelto, el proto-logos. El Sujeto radical es la realización del Selbst en su forma incondicional libre de todas las circunstancias, y la psique no participa en tal realización ya que estamos tratando (según Jung y Otto) con los horizontes numinosos del espíritu en forma pura más allá de las aguas psíquicas, una especie de “vía seca”.

La composición final

El escritor Mamleev escribió una vez en el título de una de sus historias: «Estamos listos para la Segunda Venida». Eso es correcto.

¿Cuál será la combinación de los polos de la posantropología.
En teoría, y siguiendo las simetrías formales, habrá cuatro posidentidades dinámicas que son relativamente autónomas – la sombra, el ánima, el ánimus, y el Sujeto radical. Se puede suponer que la “sombra-diablo” tratará de ampliar su campo en la máxima medida disponible, es decir, contra el ánima, el ánimus, y el Sujeto radical.

Hasta qué punto ocurrirá la re-duplicación del Sujeto radical , es decir, el establecimiento de su simulacro diabólico, lo he tratado de describir en mi libro The Radical Subject and its Double, en el que el “doble” que tenemos en mente es estrictamente al que Jung se refiere como la “sombra”, sólo en la perspectiva apocalíptica y sociológica que estamos examinando ahora – la sombra del macrocosmos, no de la micro-psicología. Para resumir este libro en una sola frase: distinguir el Sujeto radical de su doble será difícil, y en esto reside el nervio metafísico de todo el drama del mundo (el mundo fue creado a la luz del telos de este discernimiento final).

La valencia de la relación entre la sombra y el Sujeto radical, entre otras cosas, presta a la sombra un valor metafísico, y fuera de este residuo inercial del logos que se dispersa, lo convertirá en una figura “socialmente” significativa. Aquí, por cierto, es muy pertinente el modelo teológico de la comprensión del diablo que, a diferencia del pragmatismo psicológico de Jung (y de su dependencia de los gnósticos), forma en relación con este carácter las proporciones adecuadas de reacción, lucha, y vuelo (si en tal punto alguien está todavía «formando su mente», entonces por ahora su mente no es simplemente «no la suya», sino que desaparece por completo como el humo).

El ánimus dorado, saliendo de la periferia del horizonte del sexo femenino en el resplandor del (nunca antiguo) fascismo absoluto, probablemente no tendrá relación alguna con el ánima o con la sombra. A la sombra es inaccesible porque en ella el ego femenino se libera de sí mismo, de su propio pecado, de su propia sombra. El ego femenino es la sombra. Pero, ¿qué es, entonces, el ego masculino? ¿Tal vez sólo un malentendido? Cómo se relaciona el Sujeto radical con el ánimus desencarnado aún no está claro. ¿Y alguna vez tendrá algún significado? …

Ahora la sombra está sin duda tratando de apoderarse del ánima líquido, incluirlo en su estructura, tal vez por la inercia de la memoria. Como sabe la física moderna, incluso las sustancias materiales tienen memoria. La sombra verá la simetría posantropológica con su ego femenino desapareciendo en la nada.

Sin embargo otro elemento, el quinto, será el telón de fondo, el cual sólo puede ser descrito como el «retorno de los dioses antiguos» (la fórmula de Heidegger), el ascenso del inconsciente colectivo o del infierno en su forma etimológica, como lo invisible (el Hades) se convierte en visible (la idea, la forma). En ausencia de un logos que reprimir, todos los mitos se levantarán juntos sin ningún tipo de control diacrónico o de cualquier orden (Ordnung). La conciencia cristiana también puede seguramente relacionar esto como demandas de religión. En un sentido moral, estrictamente religioso, la tentación no debe tener ningún poder o fuerza sobre el hombre salvado si el mal no asume en un momento rasgos ambiguos que forman una elección espiritual y moral – para el discernimiento de los espíritus es un reto verdaderamente heroico y una gran hazaña -, y no dándose por sentado como una banalidad sociocultural. Cuando el mal viene bajo la apariencia del mal, no es tan difícil de rechazar. Cuando surge como algo incomprensible y sobrecogedor a la vez, entonces, tomar una posición estricta es mucho más difícil. Todo gira y cae fuera de lugar, y es imposible distinguir una cosa de la otra. Este es el mal vigoroso y eficaz.

¿Sucederá esto?

Necesariamente, ya que, por una parte, este escenario en términos generales ha sido escrito en los textos sagrados de la humanidad, mientras que por otro lado, la sociología moderna, los estudios culturales, la filosofía y la psicología analítica, en sus propios idiomas y terminologías, han llegado a una visión más o menos similar. Sin duda será, y precisamente como se ha descrito. La pregunta es ¿cuándo exactamente?

Cada fracaso en la historia de la civilización, cada gran guerra, desastre natural, revolución sangrienta, y ciclo furioso de desarrollo cultural, político, social, económico y tecnológico, puede significar potencialmente el colapso del logos social, que clara y suficientemente hace tiempo ha alcanzado su saturación y ha pasado por las principales etapas de su viaje. El logos social ya ha «nacido, se ha casado, y ha muerto». Esto era evidente en el tiempo de Nietzsche. Heidegger, Spengler, y en un sentido más amplio la mayor parte de los revolucionarios conservadores de Alemania en los años 1920 y 1930, vivían exclusivamente con el sentimiento de este final.

La revolución rusa cabalgó esta misma ola, al menos como lo entendieron los poetas, filósofos y artistas de la Edad de Plata (y fueron los únicos en entenderlo correctamente). La propuesta de que el proletariado se reconozca a sí mismo como una identidad de clase (sobre todo en la década de 1920), la literatura de A. Planatov y la poesía de Klyuev, Blok, y Maiakovski, ya había anticipado el movimiento posantropológico de energías sin cuerpo, deshumanizadas. La Rus-Sofía de Blok es el ánima. Klyuev describe en detalle la geografía del inconsciente colectivo con la minuciosidad de un zoólogo o topógrafo alemán. Maiakovski creó una ontología poética de los seres de clase. Platonov explicó cómo estar vivo y trabajar a través de las comunas luminosas, como sus héroes comen la tierra (como el personaje Chevengur que se hace llamar “Dios”), se transforman en Dostoievski, y lujosa y voluptuosamente dañan la realidad de Rosa Luxemburgo y la revolución mundial.

Si nos asomamos más profundamente en la historia, entonces que Rus viviera en la época del cisma y Europa durante la Reforma muy bien puede atribuirse a la misma categoría. El mundo se terminó, el logos social se agrietó y derribó, y de debajo de los escombros se arrastraron las figuras gigantes del subconsciente indomable.

Ha habido no pocas repeticiones de la crisis actual, y la humanidad está culturalmente preparada para ello. La estafa que llamamos «modernidad», con sus quimeras y vacío, terminará tarde o temprano. Por lo tanto, todo sucederá, sucederá pronto, y sucederá precisamente. Por supuesto, no hemos descrito cómo, porque vemos todo como abierto y nos preparamos para participar.

Y todavía existe la posibilidad de que este estallido de la burbuja no sea el último (o el penúltimo). Heidegger consideró metafísicamente: «Vivimos cerca del punto de la medianoche – no, no parece sin embargo – siempre el eterno ‘todavía no’»…

Pero no importa cómo podrían ser frustradas las expectativas de un resultado rápido, esto no significa que no haya nunca un fin. Podría retrasarse, pero mire a su alrededor. Todo lleva sus signos. Tal vez sea pospuesto una vez más, se olvidará, y la escoria una vez más se alegrará y agitará, sintiendo que que esta vez no es «todavía aún…». Podríamos permitir esto, pero, de nuevo, quizá no sea pospuesto. Incluso si lo fuera, hay que vivir – ya hoy – como si no fuera a ser pospuesto. Y cuando realmente vivamos, fijos sobre el desenlace posantropológico, viviendo en su mismo interior y tal vez anticipando sus acontecimientos, entonces todo sucederá.

Será, necesariamente será.

fuente:
paginatransversal.wordpress.com/2017/07/28/posantropologia/#more-11567

EL PAÍS

¿Es buena la introducción de la  tecnología en la educación?

viernes, 26 de enero de 2018

Sun Tzu

Frase del Día

Juan Pablo Duarte

205 aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte


Hoy conmemoramos el 205 aniversario del padre de la patria Juan Pablo Duarte quien se sentiría amargado al saber que todavía existen hombres sin honor que siguen conspirando contra la patria. Esos mismos que suelen aparentar ser mas patriotas, pero que suelen ser los mas perversos en ocasiones.

lunes, 15 de enero de 2018

Conocimiento Antiguo

Porque el silencio y la quietud son los requisitos de la sabiduría

Alejandro Martinez Gallardo 
COINCIDEN FILÓSOFOS Y MÍSTICOS DE TODAS LAS ERAS EN QUE EL SILENCIO ES EL PRINCIPIO DEL MÁS ALTO CONOCIMIENTO

El silencio es el recogimiento del Ser en el retorno a su verdad.
(Heidegger)

El silencio es el sueño que nutre la sabiduría.
(Francis Bacon)

La mente recubre la realidad sin darse cuenta. Para conocer la naturaleza de la mente necesitas inteligencia, la capacidad de observar a la mente en silencio con conciencia desapegada.

(Nisargadatta Maharaja)

Sé tan silencioso como un pez y sumérgete en el océano de la dicha.
(Rumi)

Permanezcamos en silencio para que así podamos escuchar el murmullo de los dioses.
(Emerson)

El que habla no sabe; el que sabe no habla.
(Lao-Tse)

El silencio en todas las tradiciones místicas y gnósticas tiene un lugar central. Filósofos y místicos de todas las eras han reconocido que para que la mente logre acceder a los aspectos más sutiles de la existencia y pueda realmente conocer lo que es, es necesario silenciar el pensamiento discursivo, conceptual o representacional. Un símil utilizado en las tradiciones de la India puede servir para entender esto: si tenemos una imagen (por ejemplo, la Luna) reflejada en un cuerpo de agua, podremos verla con mayor claridad si la superficie está quieta; si en cambio existen agitaciones, ya sea por el viento o por una roca que al caer genera ondas en el agua, no podremos ver con la misma claridad la imagen.

El matemático y filósofo francés Blaise Pacal escribió: "La infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación". Una frase que hay que leer a la luz del silencio, tanto en su aspecto gnóstico como en su aspecto más secular como un remedio para el estrés. En este artículo intentaremos explicar por qué el silencio y la quietud son las llaves que llevan no sólo a la felicidad sino, más aún, a la sabiduría, que es al final de cuentas una felicidad serena y duradera que conquista la mutabilidad del ánimo y de las circunstancias. Es sólo el hombre que es capaz de aquietar su mente y sus emociones quien puede ver la realidad. Podemos parafrasear: "Quédate quieto y te conocerás a ti mismo y a los dioses".

La frase de Pascal también puede entenderse en relación al concepto de Heidegger del "pensamiento meditativo" que piensa al Ser, a diferencia del pensamiento superficial, representacional o calculador. Heidegger sugiere que para para alcanzar este pensamiento meditativo es necesario "esperar". Este esperar es estar receptivo a la apertura del Misterio, al claro del Ser (que a su vez también nos espera); se trata de un esperar que no espera nada en específico, una espera sin objeto o meta, una espera pura y totalmente abierta, una espera meditativa. "No debemos hacer nada en absoluto, sólo esperar", dice Heidegger en el texto Diálogos en un camino de campo. Hay que aprender a no hacer nada, como dice Pascal, y hay que aprender a esperar, que es también algo así como saber estar en una habitación quietos (lo cual no significa no pensar; al contrario, significa pensar y contemplar lo más cercano e íntimo que es el Ser). Al hacer esto, dice Heidegger, nos volvemos sensibles a la voz del Ser, y si la seguimos nos podemos transformar de tal forma que todo pensamiento (Denken) se vuelve agradecimiento (Danken). Aquí Heidegger cobra una dimensión mística similar a la de Meister Eckhart, quien sugirió que si nuestra única oración es "dar las gracias" eso es suficiente para el conocimiento de Dios. Aunque este esperar, este pensamiento meditativo no es exactamente lo mismo que el silencio, sí es claramente un estado místico similar al wu-wei taoísta, un hacer sin hacer, una especie de concentración meditativa sin esfuerzo o voluntad. El concepto clave aquí es Gelassenheit, que ha sido traducido al español como "serenidad", "dejidad" o "ecuanimidad" y que alude a dejar ser, a una liberación, a una soltura; se trata, según el mismo Heidegger, de una disponibilidad ante el Ser que deja que las cosas sean en sí mismas, "en su misterio e incertidumbre". Heidegger llama a esto una forma "superior de acción", emparentada con la espera, que es a la vez "un acto superior que sin embargo no es ninguna actividad". Así el Gelassenheit "yace más allá de la distinción entre actividad y pasividad" y del "dominio de la voluntad", algo que suena justamente a una paradoja taoísta. En el Tao Te Ching leemos: "el sabio actúa sin hacer nada", "El Sendero es siempre inacción, y sin embargo nada queda sin hacerse", o "La más alta virtud es no hacer nada. Y, sin embargo, nada necesita hacerse. La más baja virtud hace todo. Y, sin embargo, mucho queda por hacerse".

El silencio en las tradiciones contemplativas de la India y el Tíbet

La India es un país que quizás no haya aportado tanto a la evolución de la tecnología y de la ciencia que permiten, entre otras cosas, que sondeemos la profundidad del espacio cósmico con poderosos aparatos. Sin embargo, su aportación al nivel de lo que podemos llamar ciencia interna o de una disciplina del conocimiento de la naturaleza de la mente es difícil de igualar. Particularmente le debemos a las tradiciones que se derivan del pensamiento védico el desarrollo del "samadhi", un término que tiene numerosas acepciones, pero que a grandes rasgos podemos traducir como "calma" y "concentración", y que etimológicamente hace alusión a "unir" o "perfeccionar" (en relación a la mente) --una acepción más que viene de los Yoga-sutras de Patanjali es la de éxtasis o logro espiritual, equivalente al nirvana. Podemos decir que el verdadero éxtasis es la calma, la constante quietud de la cual emerge la dicha, que es una especie de luminosidad creativa --esta es la imagen védica de la creación, una luz que empieza a relumbrar en las aguas calmas de la mente. El maestro de meditación y físico Alan Wallace sugiere que el samadhi es el telescopio Hubble de la mente y que lograr amaestrar lo que la tradición contemplativa budista ha mapeado como diferentes etapas de absorción meditativa (de generación de samadhi) es el requisito esencial para alcanzar los estados más altos de sabiduría. En el budismo esto se lleva a cabo a través de la meditación shamata, la cual al producir samadhi da pie al vipassana (la visión clara introspectiva). "Una vez que la estabilidad se logra, entonces el misterio puede ser revelado", escribe Wallace.

El gran maestro budista tibetano Longchen Rabjam explica esta misma idea de cómo son la quietud y la ecuanimidad lo que permite que alcancemos el conocimiento de la verdad, algo que en el budismo mahayana es representado como la diosa Prajnaparamita ("la diosa de la perfección de la sabiduría trascendente"). Lo que descubre el practicante que logra el silencio de la mente es la vacuidad (la interdependencia de todos los fenómenos) que tiene una cualidad radiante, una cualidad cognitiva pese a que no es una cosa:

entiende que los fenómenos [dharmas] del samsara y el nirvana no tienen naturaleza propia y descansa ecuánimemente sobre eso. Asienta la mente sin elaboración externa hacia las cosas sólidas ni interna en retraimiento concentrativo. Entonces, al no referenciar ningún fenómeno que sea otro que eso, la mente dualista racional se subsume en un estado igual al espacio, el cual se expande hacia todos los confines, y es llamado "prajna-paramita".
[Traducción de Tony Duff]

Aquí Longchenpa hace referencia a una meditación sin esfuerzo, a un estado ciertamente avanzado pero a la vez completamente natural en el que la mente se ha aquietado y deja de colorear con sus propias elaboraciones tanto los fenómenos externos que percibe como los internos. Al descansar en este estado la mente se torna naturalmente amplia y luminosa como el espacio mismo, una expansión que contiene todos los fenómenos pero que no se agarra de ninguno. Este estado, que en realidad es la naturaleza prístina de la mente, es conocido como rigpa en la tradición tibetana. Longchenpa ahonda:

Dentro de la brillante vacuidad de rigpa, mientras descansamos en la suprema claridad natural sin involucrarnos con nada, la luminosidad de las apariencias externas no tiene límites y los sentidos yacen relajados y libres, y ya que no hay nada de qué asirse, los objetos en el campo de las apariencias no se reifican. En el vasto silencio existencial de la luz clara innata, en la ininterrumpida matriz radiante que no tiene principio, las apariencias son como reflejos en un lago pelúcido.

[traducción Keith Dowman, Natural Perfection].

Esta misma idea en cierta forma se encuentra también en los Yoga-sutras de Patanjali, quizás el texto más traducido en la historia de la filosofía mística de la India. La frase sánscrita más conocida es esta: yoga nirodha chitta vritti. Una traducción novedosa de Christopher Wallis la vierte así: "yoga es el estado en el que las fluctuaciones mentales y emocionales se han aquietado". Aquí Wallis define yoga (que podemos referir como la unión con lo divino) como un estado y no como una práctica per se: el estado que resulta de aquietar las fluctuaciones de la mente que impiden contemplar la naturaleza esencial del ser, que para la tradición de Patanjali tiene una identidad con lo divino, es decir, el ser individual tiene una existencia temporal mayormente ilusoria, su naturaleza verdadera es el Ser intemporal, inmutable e inefable. De nuevo podemos evocar la imagen del lago tranquilo en el cual podemos ver la realidad: lo que somos, más que la imagen que se refleja, es el agua que puede acomodar toda imagen sin perturbarse. 

El silencio en el zen

No hay duda de que la tradición del budismo zen tiene una de las relaciones más ricas e íntimas con el silencio. De hecho, el silencio es su fundación a la vez que su último florecimiento: el principio y el final se encuentran en el silencio de la transmisión del Buda y en el silencio de la realización del contemplativo, que reconoce al practicar zazen que siempre ha sido Buda (se dice en el zen que el silencio que se bebe cuando uno medita, incluso en la mente de un principiante, es ya Buda).

En uno de los textos clásicos del zen, Denkoroku (Crónicas de la transmisión de la luz), el maestro Keizan narra:

Ante una asamblea de 80 mil monjes en el monte Grdhrakuta [monte Buitre], el Buda sostuvo una flor en su mano y guiñó el ojo. Nadie en la asamblea entendió lo que estaba haciendo, y permanecieron en silencio. Mahakashyapa sonrió... El Buda sostuvo una flor y mostró que no estaba cambiando. Mahakashyapa sonrió para mostrar que era eterna. De esta forma Shakyamuni y Mahakashyapa se conocieron y sus pulsos se entremezclaron. El entendimiento perfecto y puro no involucra la mente que discrimina, así Mahakashyapa se sentó en meditación y cortó la raíz del pensamiento. 

Esta historia narra el origen del zen, una transmisión de la luz de la sabiduría budista que ocurre en silencio, y continúa 2 mil 500 años después, en un linaje ininterrumpido de maestros y discípulos que fundamentalmente se dedican a cultivar el silencio. El silencio es el secreto que al entenderse germina como la flor de la iluminación, pero aquello mismo que se entiende no es más que silencio.

El silencio de la mente meditativa en la obra de Krishnamurti

Aunque Jiddu Krishnamurti buscó separarse de las antiguas tradiciones contemplativas de la India y forjó su propio camino, es indudable que sus enseñanzas están fincadas profundamente en el dharma del país donde nació. El silencio es fundamental en la visión de Krishnamurti, incluso podemos decir que en Krishnamurti el silencio toma el rol del gurú que es tan vital en el budismo y en el hinduismo (y del cual Krishnamurti quiso distanciarse). La propia mente, cuando logra entrar en silencio, se vuelve el maestro que muestra lo divino inmanentemente. A continuación, un hermoso pasaje del libro La mente meditativa:

La meditación implica un completo y radical cambio en la mente y el corazón. Esto sólo es posible cuando existe un extraordinario sentido de silencio interno, y con eso solamente surge la mente religiosa. Esa mente sabe lo que es sagrado…

Una mente meditativa es silenciosa. No es este el silencio el cual el pensamiento puede concebir; no es el silencio de una tarde calmada; es el silencio en el cual el pensamiento –con todas sus imágenes, palabras y percepciones– ha cesado. Esta mente meditativa es la mente religiosa –la religión que permanece intocada por la Iglesia, los templos o los cantos. La mente religiosa es una explosión de amor. Es este amor que no conoce separación. Para él, lejos es cerca. No es lo uno o lo múltiple, sino el estado de amor en el que no existe división. Como la belleza, no es la medida de las palabras. Sólo desde este silencio la mente meditativa actúa.  
...

Esa noche, particularmente en ese valle distante de antiguas colinas que esculpían finamente las peñas, el silencio era tan real como el muro que tocabas. Y veías las estrellas brillantes por la ventana. No era el silencio autogenerado; no era que la tierra estaba quieta y los pobladores se habían ido a dormir, sino que venía de todas partes –de las estrellas distantes, de esas colinas oscuras, y de tu propia mente y corazón. Este silencio parecía cubrir todas las cosas desde el más pequeño grano de arena en el estero –que sólo conoció el agua corriente cuando llovió– hasta el alto y expansivo baniano y una ligera brisa que ahora soplaba. Hay un silencio de la mente que nunca es tocado por ningún ruido, por ningún pensamiento o por el viento pasajero de la experiencia. Es este silencio que es inocente, y tan interminable. Cuando hay este silencio de la mente, la acción brota de él, y esta acción no causa confusión ni miseria.

La meditación de una mente que es completamente silenciosa es la bendición del hombre que siempre está buscando. En este silencio toda cualidad de silencio es.  Hay ese extraño silencio que existe en un templo o en una iglesia vacía en un pueblo remoto, sin el ruido de turistas o fieles; y el silencio oneroso que yace en la superficie del agua que es parte de aquello que está afuera del silencio de la mente.    
La mente meditativa contiene todas estas variedades, cambios y movimientos del silencio. Este silencio de la mente es la verdadera mente religiosa y el silencio de los dioses es el silencio de la Tierra.

La mente meditativa fluye en ese silencio, y el amor es la vía de esta mente. En este silencio hay dicha y alegría.

La voz del silencio en la cábala

El místico y cabalista  David Chaim Smith nos introduce al papel del silencio en la vida contemplativa en su libro de cábala no-emacionista The Awakening Ground:

La práctica contemplativa empieza con el amor al silencio. Silencio en este caso no se refiere a la mera ausencia de sonidos audibles, aunque este es uno de los aspectos que invitan a la mente a la gran expansión de su naturaleza esencial. El gran silencio es pleno, resonante y habla a través de todas las cosas. Puedes empezar llamándolo en tu interior, donde reside sin interrupción.

El amor al silencio es una especie de hambre o sed. Cala profundamente hondo. La urgencia de unirse a él es como el fuego que intensifica la aspiración gnóstica.

Smith habla de este amor al silencio como un fuego, un fuego que se enciende en el corazón de un practicante con la aspiración gnóstica, que es fundamentalmente el deseo de encontrar la libertad a través de la sabiduría, una sed de lo absoluto, de contemplar siempre la fuente. Este fuego, el cual es descrito también como un fuego fluido o un fuego líquido, va purificando la mente en una especie de baño lustral en el cual el contemplativo va eliminando lo inesencial, todo el ruido mundanal de conceptos y distracciones. El silencio además de purificar, de hacer la mente como el espacio primordial sin mácula, es también para Smith el método más alto de conocimiento, ya que la verdad no puede decirse, aunque sí puede saberse: un saber que es un ser, un silencio, una oscuridad luminosa. Así el tzadik, el equivalente al bodhisattva de la tradición mística judía, es aquel que se despersonaliza, aquel que "no tiene una psique individual, esto en el sentido de que ya no hay más apego al significado de los fenómenos relativos" y se convierte en una expresión viviente de ese silencio luminoso: "El tzadik no es más que esta centella del silencio asumiendo forma, la cual anula la separación entre su singularidad y su infinita variación".

En la cábala, la mente en su estado primordial de sabiduría indiferenciada es representada por la imagen de las aguas y la letra mem (que representa la sefira chokmah, según el Sefer Yetzirah). Esta es el agua en la cual sopla el espíritu de Dios su hálito de deseo gnóstico (Ruach Elohim), unas aguas que son una sabiduría tan profunda que no puede expresarse: el silencio. Y sin embargo esta totalidad indiferenciada, siempre pura, aparece como mundos y cuerpos. Este es el sonido del silencio (el mundo en su manifestación), expresado por la letra shin, un fuego crepitante (equivalente a binah). Pero, aunque el mundo se manifiesta, aunque las letras divinas se inscriben en el espacio con toda su serie de correspondencias y emanaciones, la gnosis más profunda revela que aquello que se manifiesta no es más que lo absoluto en su infinito juego creativo. Cada una de las esferas del árbol de la vida cabalístico y cada una de las apariencias no son más que Ein Sof (lo Infinito, lo Absoluto). "¿Cómo puede el infinito vaciarse o dividirse? ¿Estas acciones sólo aplican a sustancias materiales finitas, así que cómo pueden aplicarse a Ein Sof?... El infinito se refleja a sí mismo en cada detalle de sus apariciones", dice Smith.

La forma en la que el infinito irradia y se manifiesta como energía en el mundo toma en la cábala un término sumamente sugerente: "chasmal", literalmente "la voz del silencio", y que es traducido a veces como ámbar o electrum, una referencia a una cualidad eléctrica o radiante. Este término es utilizado por el profeta Ezequiel para describir su famosa visión mística de una carroza o rueda flamante compuesta de cuatro bestias angelicales con los rostros de un buey, un águila, un león y un hombre (asociados con signos astrológicos, las cuatro direcciones y los cuatro mundos cabalísticos), que se mueve de manera coordinada, centelleando con el espíritu de Dios. Esta visión es el origen del misticismo del merkabah y el carro flamante es descrito a veces como el trono de Dios, como un vehículo luminoso, como la figura misma del hombre en su estado superno de iluminación. David Chaim Smith sugiere que el merkabah representa el vuelo gnóstico de una mente libre de fijaciones conceptuales que asciende hacia la contemplación mística de lo divino. Poéticamente, escribe que "el merkabah debe seguir volando hasta que se convierte en el cielo", esto es, eliminar toda dualidad entre un sujeto que percibe y lo que se percibe. 

Smith explica que chasmal, la voz del silencio, es la energía espiritual que profiere a aleph, la primera letra del alfabeto hebreo, y la cual simboliza la totalidad, una identidad con Ein Sof. En otras palabras, el mundo surge como una corriente eléctrica en las aguas indiferenciadas del silencio y aunque se manifiesta como diversidad no es nunca más que ese fondo silencioso, una fuente ubicua.

De alguna manera, la contemplación silenciosa lleva a contemplar esta paradoja primordial de la manifestación divina (también conocida como el tzimtzum, una manifestación que es a la vez un ocultamiento de lo absoluto en lo relativo). La mente es como esa agua cuya sustancia no es otra que la gnosis. La mente que no se aferra a sus propios constructos, presencia la voz del silencio que es la luminosidad creativa que escribe mundos como hologramas sobre el lienzo del espacio.

La disciplina del silencio en la escuela pitagórica

Se dice que Pitágoras, el gran sabio que conjugó el conocimiento científico con el conocimiento místico, en su escuela de Crotona, requería que sus candidatos pasaran algo así como 5 años en silencio antes de ser admitidos a sus misterios. Esto ejemplifica de manera explícita la tesis de este artículo de que el silencio y el aquietamiento de las oscilaciones mentales es la base sobre la cual se establece el más alto conocimiento.

Dice Thomas Stanley, uno de los más grandes biógrafos de Pitágoras, que los 5 años de silencio eran una prueba de conducta por la cual "el alma podía convertirse en ella misma lejos de las cosas externas, de las pasiones irracionales del cuerpo para asumir su propia vida que es la vida eterna". Sobre esta disciplina del silencio, Clemente de Alejandría explica que "al abstraerse del mundo sensible, el discípulo podía buscar a Dios con una mente pura". Luciano agrega sobre este método que tenía la virtud de producir la reminiscencia. Lo que parece razonable, ya que el silencio parece hacernos olvidar nuestros pensamientos superficiales para abandonarnos en la profundidad de la mente, accediendo tal vez a capas más profundas del ser; siguiendo la máxima platónica del conocimiento como recuerdo, podemos decir que el silencio es una ciencia de la reminiscencia. 

La vida pitagórica requería numerosos sacrificios además del silencio, siempre moderación y frugalidad. Pitágoras pedía a sus discípulos que no bebieran vino, que comieran y durmieran poco, se abstuvieran de la carne y en general de cualquier alimento de difícil digestión. La idea general que se esboza aquí es que sus hábitos estuvieran orientados siempre a no gastar energía en otra cosa que no fuera el estudio de la filosofía y el cultivo de sus facultades. Thomas Stanley dice que Pitágoras "procuraba a sus discípulos una conversación con los dioses en visiones y sueños" --lo que no podía ocurrir a un alma perturbada por el placer o la ira, o cualquier otro transporte inadecuado, o con la impureza o la ignorancia. Stanley precisa que no todos los alumnos eran sometidos a 5 años de silencio; al parecer Pitágoras personalizaba su instrucción y algunos de espíritu naturalmente más tranquilo no tenían que pasar el lustro (a veces 2 años eran suficientes). Una vez que los pupilos cruzaban este umbral de silencio se les llamaba Mathematici, antes eran Acoustici. "Si no has sido cambiado, estás muerto para mí", era el lema que se aplicaba a aquellos que no lograban superar el período de prueba.

El silencio es lo que hace al mago y al chamán

En un artículo anterior escribí sobre la relación entre el chamanismo y el silencio, basándome en una edición de la revista Artes de México en la que se concluye por diversas fuentes que “La habilidad chamánica consiste en percibir y mirar lo ausente y escuchar lo que el silencio revela”. Esta misma idea puede aplicarse también a los magos (siendo la más alta magia el misticismo y el conocimiento de lo divino). La mejor elucidación de esta relación es la que hace el místico hermético cristiano Valentin Tomberg en su libro Los arcanos mayores del tarot. Para concluir con este acercamiento al silencio, que está impulsado por la inflamación misma de la mente que desea el silencio como se desea a un amante, como el alma desea a Dios, como los ojos desean contemplar el cielo o como el fuego desea el aire, descansamos en el ardor poético de estas palabras cuya riqueza de matices lo mismo glosa los Yoga-sutras de Patanjali que del wu-wei taoista o de "la noche del alma" de San Juan de la Cruz:

La concentración sin esfuerzo –es decir, ese lugar en el que no hay nada que suprimir y en donde la contemplación se vuelve tan natural como la respiración y el latido del corazón– es el estado de conciencia (i. e., pensamiento, imaginación, sensación y voluntad) de calma perfecta, acompañada de la completa relajación de los nervios y los músculos del cuerpo. Es el profundo silencio de los deseos, las preocupaciones, de la imaginación, de la memoria y el pensamiento discursivo. Uno podría decir que todo el ser se vuelve como la superficie quieta del agua, reflejando la inmensa presencia del cielo estrellado y su armonía inefable. ¡Y las aguas son profundas, tan profundas! Y el silencio crece, perpetuamente… ¡qué silencio! Su crecimiento se lleva a cabo a través de ondas regulares que pasan, una tras otra, a través de tu ser: una onda de silencio seguida por otra onda de silencio más profundo y luego otra vez una onda de silencio aún más profundo… ¿Alguna vez has bebido silencio? Si tu respuesta es afirmativa, entonces ya sabes lo que es la concentración sin esfuerzo. 

Con el tiempo, el silencio o la concentración sin esfuerzo se vuelve un elemento fundamental siempre presente en la vida del alma. Es como el servicio perpetuo en la iglesia del Sagrado Corazón en Montmartre que se realiza en París mientras uno trabaja, uno interactúa, uno se divierte, uno sueña, uno muere… De la misma forma que “un servicio perpetuo” de silencio se establece en el alma, esto continua siempre aunque uno esté trabajando o cuando uno está conversando. Esta “zona de silencio”, una vez establecida, es un manantial del cual uno puede tomar tanto para el trabajo como para el descanso. Entonces tendrás no sólo concentración sin esfuerzo, también actividad sin esfuerzo. Es precisamente aquí que encontramos la expresión de la segunda parte de nuestra fórmula:

Transformar el trabajo en juego

La transformación del trabajo, que es obligación, en juego, ocurre como consecuencia de la presencia de la “zona de silencio perpetuo”, de la que uno extrae una especie de secreta e íntima respiración, cuya dulzura logra ungir el trabajo y convertirlo en juego. Y es que la “zona de silencio” no sólo significa que el alma está, fundamentalmente, en reposo, sino, sobre todo, que existe un contacto con el mundo celestial o espiritual, el cual colabora con el alma. Aquel que encuentra silencio en la soledad de la concentración sin esfuerzo, nunca está solo. Nunca carga solo el peso que debe llevar; las fuerzas celestes, las fuerzas superiores, están ahí participando de ahora en adelante. Así en verdad se cumple la tercera parte de la fórmula:

haz que todo yugo que hayas aceptado sea sencillo y cada peso que cargas sea ligero, se vuelve experiencia en sí misma. Puesto que el silencio es el signo del contacto real con el mundo espiritual y este contacto, a su vez, siempre engendra el influjo de las fuerzas. Este es el cimiento de todo misticismo, toda gnosis, toda magia y todo esoterismo práctico en general.

Todo esoterismo práctico está fundado en la siguiente regla: es necesario ser uno en uno mismo (concentración sin esfuerzo) y uno con el mundo espiritual (tener una zona de silencio en el alma) para que pueda ocurrir una verdadera experiencia espiritual o revelatoria. En otras palabras, si uno quiere practicar algún tipo de esoterismo auténtico –ya sea misticismo, magia o gnosis– es necesario ser el Mago, i.e., concentrado sin esfuerzo, operando con soltura como si uno estuviera jugando, y actuando en perfecta calma. Esta es, entonces, la enseñanza práctica del primer arcano del tarot. Es el primer consejo, mandamiento o advertencia en lo que concierne a la práctica espiritual; es el aleph del “alfabeto” de las reglas prácticas del esoterismo. Y de la misma forma que los números son sólo aspectos (múltiplos) de la unidad, así también todas las otras reglas prácticas comunicadas por los otros arcanos del tarot son sólo aspectos y modalidades de esta regla básica.

 http://pijamasurf.com/2017/07/por_que_el_silencio_y_la_quietud_son_los_requisitos_de_la_sabiduria/

lunes, 1 de enero de 2018

Perdidos en la mediocridad

Frase del Día

La tierra es de todos

Proverbios de Nativos Americanos

¡¡¡Lo politicamente correcto!!!

Jordan Peterson, el profesor que enfrenta sin temor a las hordas defensoras de la ideología de género


Jordan Peterson está en la primera línea de batalla de la "guerra cultural" que vive el mundo actual. Este profesor canadiense se ha convertido en un referente de un movimiento que se rebela contra ideologías que cercenan la libertad de expresión y que pasan por encima de las verdades científicas.

Y lo hace con conferencias o directamente echándose a la calle. 

Un auténtico héroe de nuestros tiempos...

Su alineamiento contra la "dictadura de lo políticamente correcto" le está granjeando grandes problemas personales y laborales pero gracias a su implicación se ha convertido en la voz de millones de personas que se sienten silenciados y atacados por la ideología de género y el neomarxismo cultural. 

Sus planteamientos están teniendo gran repercusión 

Prácticamente sin buscarlo, sus vídeos en Youtube superan los 150 millones de visionados, en un canal en el que tiene más de 400.000 suscriptores. Y todo ello a pesar de que ha tenido que vencer la censura que ha sufrido este canal de vídeos de Google. 

Aunque no tiene miedo y está presente en grandes frentes, el más grande es el del género, en el que además es su "enemigo" más fuerte. Peterson es licenciado en Ciencias Políticas y doctor en Psicología. Tras ser profesor asociado en Harvard ahora es titular en la Universidad de Toronto. 

En esta universidad está en la actualidad en la cuerda floja. Ha sido dos veces advertido por escrito de que sería despedido tras anunciar que se negaría a usar los pronombres de género (lo que ahora es obligatorio por la reciente C-16 aprobada en Canadá) para dirigirse a estudiantes y profesores que no se identifican con su sexo biológico.

No hay que ceder a los "neomarxistas posmodernistas" 

Él defiende su libertad de expresión y no teme las consecuencias: "No voy a ceder el territorio lingüístico a los neomarxistas posmodernistas", afirma en una entrevista en The Spectator. 

De hecho, él no está en contra de los transgénero, tal y como le acusan, sino de la imposición de una ideología que vulnera sus derechos. El propio Peterson asegura que él no tendría problemas en utilizar el pronombre de una persona en particular, pero si se lo pide esa persona, no por imposición del Estado. 

Hombres y mujeres son diferentes 

Grupos de izquierda, feministas y LGTB le tienen en su punto de mira precisamente porque afirma en primer lugar que hombre y mujer son diferentes. Y por otro lado por su oposición al principal argumento de la ideología de género, de que el "sexo" es una construcción social que no tiene nada que ver con la biología. 

Este mediático experto asegura que las mujeres difieren sistemáticamente de los hombres en la mayoría de los cinco grandes rasgos de personalidad identificados por los investigadores psicométricos, que son apertura, neuroticismo, conciencia, extraversión y tolerancia. 

Estos rasgos tienen definiciones técnicas más precisas que el significado que se suele dar a ellos ocasionalmente. Para Peterson, "estos rasgos no son socioculturales, la evidencia es muy clara". Además afirma que las mujeres destacan más en la tolerancia, intentar que todos se lleven bien, evitar el conflicto, la compasión, la educación y el auto-sacrificio así como en el neuroticismo. 

Defender estas tesis le ha causado grandes problemas, también en el mundo académico. "Las humanidades en las universidades se han vuelto incomprensiblemente superficiales y corruptas de múltiples maneras", afirma. 

En su opinión, en la sociología "enmascaran su completa ignorancia de la ciencia al afirmar que la ciencia es sólo otro modo de conocer y que es privilegiada dentro de la estructura del patriarcado eurocéntrico opresor. Es espantoso, no estamos teniendo una discusión inteligente, estamos teniendo una discusión ideológica". 

La locura de lo políticamente correcto 

"Los estudiantes, en vez de ser ennoblecidos por los últimos vestigios de estructura que quedan en nuestra sociedad, son despojados de ellos por el postmodernismo y el neomarxismo, que lo define todo en términos de relativismo y poder", agrega.

"Las universidades en los Estados Unidos incluso organizan policía del pensamiento bajo la forma de Bias Response Teams [Equipos de respuesta a denuncias de discriminación] que informan y llevan a cabo evaluaciones de impacto cuando hay un incidente discriminatorio (que puede ser intencionado o no intencionado). Esto ha ido demasiado lejos. Hay que pararlo antes de que sea imposible hacerlo", afirmaba en otra entrevista. 

Y en su opinión, lo que está ocurriendo es parte "de la locura de lo políticamente correcto que amenaza con engullir nuestra cultura".

Su defensa de la libertad tiene un precio. Insultos, grandes discusiones, amenazas de activistas trans. "Estoy muy disgustado por las críticas, muy, muy molesto. Pero sé cuáles son las consecuencias de no involucrarme en el conflicto y esas consecuencias son peores". 

Viendo las estadísticas de su público en Youtube se entiende a quién está protegiendo de la ideología de género. El 90% de su audiencia son varones. "Los niveles de estrés de estos hombres son muy altos. Les estoy diciendo algo que necesitan desesperadamente escuchar".

fuente:
https://es.sott.net/article/57125-Jordan-Peterson-el-profesor-que-enfrenta-sin-temor-a-las-hordas-defensoras-de-la-ideologia-de-genero