jueves, 15 de febrero de 2024

Enajenados

 Byung-Chul Han: "Hoy nos vemos totalmente enajenados"


"El dinero es un mal transmisor de identidad. Sin embargo, puede reemplazarla, pues el dinero proporciona a quien lo posee al menos una sensación de seguridad y de tranquilidad. Por el contrario, quien ni siquiera tiene un poco de dinero no tiene nada: ni identidad ni seguridad. " Byung-Chul Han                            


  Artículo del filósofo surcoreano Byung Chul Han, titulado originalmente "Umbrales". 


 


Por: Byung Chul-Han


El miedo se produce también en el umbral. Es una típica sensación liminar. El umbral es el tránsito a lo desconocido. Más allá del umbral comienza un estado óntico totalmente distinto. Por eso, el umbral siempre lleva inscrita la muerte. En todos los ritos de paso, los rites de passage, se muere para renacer más allá del umbral. La muerte se experimenta aquí como transición. Quien traspasa el umbral se somete a una trasformación. El umbral como lugar de trasformación duele. Le es inherente la negatividad del dolor: «Si sientes el dolor de los umbrales no eres un turista: puede producirse la transición». Hoy, el tránsito esencialmente marcado por el umbral deja paso al pasaje sin umbrales. Con internet nos hemos vuelto más turistas que nunca. Hemos dejado de ser el homo doloris que habita umbrales. Los turistas no tienen experiencias que impliquen una transformación y un dolor. Se quedan igual. Viajan por el infierno de lo igual.


Los umbrales pueden aterrar o amedrentar. Pero también pueden regocijarnos o encandilarnos. Estimulan la imaginación para crear fantasías referidas a otros. Ese imperativo de aceleración propio de las circulaciones globales de capital, comunicación e información desmantela umbrales y, con una rotación interior extremadamente acelerada, engendra un espacio sin umbrales y liso. Aquí surge un nuevo miedo que queda totalmente desvinculado de la negatividad de lo distinto.


La comunicación digital, en cuanto nueva forma de producción, elimina rigurosamente toda distancia para acelerarse. Con ello se pierde toda distancia protectora. En la hipercomunicación todo se mezcla con todo. También las fronteras entre dentro y fuera se vuelven cada vez más permeables. Hoy nos vemos totalmente enajenados y convertidos en una «pura superficie de absorción y reabsorción de las redes de influencia».


El imperativo de transparencia elimina toda falta de visión y todo hueco informativo, y deja todo a merced de una visibilidad total. Hace que desaparezcan todos los espacios de retirada y de protección. Con ello nos acerca todo hasta una proximidad amenazadora. Nada nos sirve de pantalla protectora. Nosotros mismos no somos más que pasajes en medio de la interconexión global.  La transparencia y la hipercomunicación nos despojan de toda intimidad protectora. Es más, renunciamos voluntariamente a ella y nos exponemos a redes digitales que nos penetran, nos dilucidan y nos perforan. La sobreexposición y la desprotección digitales generan un miedo latente que no se explica en función de la negatividad de lo distinto, sino del exceso de positividad. 


En el infierno transparente de lo igual no falta el miedo. Lo amedrentador es, justamente, esa embriaguez que causa lo igual y que se vuelve cada vez más intensa.


Cortesia de: Bloghemia


Alain de Benoist

 La hora de los Estados-Civilizaciones



Alain de Benoist

“No puede existir una civilización digna de tal nombre que no haya rechazado algo o no renunciara a algo”. (Fernand Braudel)

La naturaleza del Nomos de la Tierra que determinará el Nuevo Orden Mundial naciente es testigo actualmente de la lucha entre tres modelos distintos: el internacionalismo liberal, los Estados nacionales nacidos del orden westfaliano y los Estados-civilización.

El internacionalismo liberal es una continuación del pensamiento liberal clásico que establece la necesidad de que exista un Estado de Derecho, la protección de los derechos individuales garantizados por una Constitución, la primacía de las normas durante cualquier procedimiento, la democracia parlamentaria y la libertad de mercado, elementos considerados como universales y “humanos” que únicamente es posible establecer olvidando las historias particulares de cada pueblo, por lo que aquellos que rechazan lo que ritualmente se presenta como “libertad y democracia” son inmediatamente considerados como no humanos y convertidos en parte del “eje del mal”, debido a que el liberalismo considera que cualquiera que se resista a la expansión de su modo de vida basado en el individualismo y el capitalismo es una “agresor”. Todo lo anterior demuestra que el liberalismo tiene una gran contradicción interna: por un lado, defiende teóricamente el principio de tolerancia frente a las decisiones individuales de cada uno, lo que lo lleva a defender la “neutralidad de los poderes públicos” (este es el origen de la laicidad francesa) (1), pero, por otro lado, quiere extender la idea del individualismo por todo el mundo en detrimento de otros sistemas de valores, lo cual va en contra del principio mismo de la tolerancia. El liberalismo no se contenta con afirmar la superioridad universal absoluta de la democracia liberal, sino que busca imponerla en todo el mundo, con lo cual multiplica su injerencia en todas partes, pasando de una simple teoría a una coartada ideológica que promueve una forma de imperialismo brutal. Este fue el caso de los Estados Unidos que pasó de la Doctrina Monroe (1823) que negaba categóricamente cualquier forma de intervencionismo (principio de neutralidad) a una teoría que promueve el derecho ilimitado de intervenir en todas partes. Carl Schmitt escribía que “el principio de no intervención y el rechazo de todas las potencias extranjeras por parte de Estados Unidos terminó evolucionando hasta convertirse en la justificación para todas las intervenciones imperialistas estadounidenses”.

Por otro lado, tenemos a los Estados-nación los cuales se conciben a sí mismos como la unidad política primera del orden internacional consagrado por las Naciones Unidas y que cada país debe afirmar su soberanía. Además, los Estados-nación rechazan el pluralismo típico de los poderes imperiales en favor de que cada pueblo tenga un territorio habitado por una única comunidad política, siendo intolerantes frente a las diferencias y homogeneizando todos sus componentes internos. El internacionalismo liberal no es el principal enemigo de los Estados-nacionales en la medida en que estos últimos siempre pueden ser colonizados por los valores liberales: conocemos muy bien el éxito que ha tenido el liberalismo a la hora de imponer la legitimidad universal de la democracia liberal (la cual Hayek llamaba la “protección constitucional del capitalismo”) y el libre mercado en todo el mundo. El internacionalismo liberal no considera a los Estados-nacionales como un obstáculo para la expansión internacional del mercado mundial, mientras que en el plano político y militar los apoya siempre y cuando le permitan expandir su influencia. Este ha sido el caso de la guerra de Ucrania, donde Estados Unidos apoya abiertamente las pretensiones de Ucrania de convertirse en un Estado-nación con tal de que esta se pliegue a sus intereses.

Sin embargo, esto último no se aplica a los Estados-civilización, a los cuales el internacionalismo liberal considera como sus principales enemigos ya que estos se oponen, debido a su propia naturaleza, a la difusión de los valores liberales. Pero, ¿qué es este recién llegado al que varios autores (2) denominan actualmente con el nombre de “Estados-civilización”? Los Estados-civilización son potencias regionales cuya influencia se extiende más allá de sus fronteras y que consideran el Nomos de la Tierra como fundamentalmente multipolar. En particular, China y Rusia son considerados como Estados-civilización. Sin embargo, esta categoría puede aplicarse a muchos otros Estados que han organizado mediante una cultura que tiene una larga historia varias territorios y grupos etnolingüísticos diversos como son el caso de India, Turquía e Irán, por solo citar algunos ejemplos. Los Estados-civilización oponen al universalismo occidental un modelo en donde cada civilización debe tener su propia identidad, basada en sus propios valores culturales e instituciones políticas que no puede ser reducido a un modelo universal. Además, los Estados-civilización no sólo quieren conservar su soberanía sin someterse a la dictadura de las élites supranacionales, sino que también quieren frustrar cualquier proyecto “globalista” destinado a reinar sobre todo el planeta, pues son conscientes de que cada cultura no es idéntica a las otras y afirmando que no puede existir una cultura que se imponga sobre el resto. Una característica que tienen todos los Estados-civilización es que denuncian el universalismo occidental como una forma de etnocentrismo enmascarado y un sistema elegante para ocultar su imperialismo hegemónico. Antes que nada, los Estados-civilización se fundamentan en su historia y su cultura no solo con la intención de afirmar que su modelo político y social es diferente al que pretende imponer el internacionalismo liberal, sino también con la intención de considerarlo como una alternativa, una especie de “buen vivir” tanto política como religiosa. Es decir, estos valores se consideran como sustanciales y no negociables, ya que el Estado mismo debe encarnarlos y defenderlos. En otras palabras, el Estado-civilización pretende establecer una concepción del bien basada en valores concretos y una tradición específica. Y no importa si son gobernados por un nuevo Zar, un nuevo Emperador o un nuevo Califa, todos ellos rechazan en nombre de la idea confuciana de la “armonía”, la herencia de la “Santa Rusia” (“Moscú, la Tercera Roma”), el eurasianismo, el hinduismo o la memoria del califato el dominio occidental. Lo que tienen en común todos los Estados-civilización es su negativa a someterse a las normas occidentales, aun cuando en el pasado aceptaron algunas de ellas con la intención de “modernizarse”. Por lo que occidentalización y modernización no siempre van de la mano.

En su libro póstumo, Povedenie (“Comportamiento”), publicado en el 2021, el filósofo ruso Konstantin Krylov (1967-2020), sostiene que desde sus orígenes Rusia es un país ajeno al liberalismo. Rusia rechaza el liberalismo, pero no la democracia. A pesar de que Krylov se convirtió al zoroastrismo en uno de sus viajes a Uzbekistán, siempre subrayó en su trabajo la importancia de la religión ortodoxa. Por su parte Paul Grenier, que dirige el Centro de Filosofía Política Simone Weil de los Estados Unidos escribió hace poco un ensayo donde dice: “No conozco ningún intelectual ruso conservador que considere a Rusia como parte de la civilización occidental. Todos afirman que es algo completamente separado y distinto” (3). Tal opinión ya era sostenida por Nikolai Danilevski y Oswald Spengler que destacaban las especificidades del comportamiento social y los preceptos éticos de los rusos como, por ejemplo, la “nosotreseidad” de su lenguaje (en ruso no se dice “mi hermano y yo salimos a pasear” sino “nosotros y mi hermano salimos a pasear”). A la búsqueda del interés propio (self-interest) promovida por el liberalismo Rusia opone las prerrogativas de lo sagrado, negando relegarlas a la esfera de lo privado y rechazando la neutralidad del Estado a la hora de defender sus valores. Por lo tanto, en la guerra en Ucrania Rusia no solo busca evitar que la primera se convierta en un Estado-nación ajeno al espacio civilizatorio del mundo eslavo, sino que también rechaza la lógica misma del Estado-nación que busca imponer una visión puramente laica del mundo propia del liberalismo imperante en el “Occidente colectivo”, siendo este último percibido como una sociedad “decadente” respaldada por un sistema liberal hegemonizado por los Estados Unidos.

Otro proyecto es el planteado por la Escuela de Kiōto, la cual fue fundada en 1941 por Nishida Kitarō (1870-1945) y Tanabe Hajime, tal vez los primeros que, incluso antes de la aparición de los movimientos de descolonización, desarrollaron la idea de un mundo multipolar dividido en grandes espacios cada uno considerado como un crisol donde existían culturas y civilizaciones diversas. Estos filósofos japoneses fueron los primeros en criticar los principios abstractos del universalismo occidental, basados en el capitalismo y el cientificismo, en nombre de la pluralidad de culturas propia del “mundo real” (sekaiteki sekai). Los principales representantes de esta escuela filosófica fueron Kōsaka Masaaki, Kōyama Iwao, Nishitani Keiji y Suzuki Shigetaka. Los filósofos europeos que al parecer más los influyeron fueron Johann Gottfried von Herder y Leopold von Ranke. Además, la Escuela de Kiōto se ha visto muy influida en los últimos tiempos por las ideas de pensadores comunitaristas como Charles Taylor y Alasdair MacIntyre (4). Fue precisamente dentro de este grupo de filósofos que se propuso el proyecto de crear una “esfera de co-prosperidad para la Gran Asia Oriental”, la cual agruparía en su interior varios países de acuerdo a un sistema de valores compartidos y respetaría la autonomía de cada uno. Este proyecto no debe confundirse con el “japonocentrismo” de la derecha nacionalista ni con el imperialismo japonés de ese entonces, ya que tales ideas fueron censuradas oficialmente a partir de junio de 1943 por el Estado japonés que cerró todas las publicaciones de la Escuela de Kiōto, reprochándoles a estos autores el asignarle al gobierno japonés una misión que no fuera la mera expansión imperialista.

En la actual China también han aparecido pensadores parecidos, los fundadores de la Escuela Tianxia, como Zhao Tingyang, el historiador Xu Jilin, Xu Zhuoyun, Wang Gungwu y Liang Zhiping que abogan por “utilizar a China para explicar a la propia China” (yĭ zhōngguó jiěshì zhōngguó). A esta lista habría que agregar a Jiang Shigong, partidario del “socialismo con características chinas”. Todos estos teóricos hablan de la idea del Tianxia (“todo bajo el cielo”) (5), la cual es un principio espiritual de la China premoderna cuya manifestación concreta era el Imperio Celeste. El concepto de Tianxia es polisémico y ya desde los tiempos de Lao-Tse y Confucio hacía referencia al ideal de un orden civilizatorio donde China constituía el núcleo de un imaginario espacial donde existía un orden jerarquizado en el que cada uno de sus miembros ocupada su lugar de acuerdo a su propia “virtud” y donde el objetivo de todo el sistema político era garantizar la armonía del conjunto. Según Zhao Tingyang, se trata de un “concepto complicado en el que la metafísica como filosofía política sustituye a la metafísica como ontología de la filosofía primera” (6), afirmando con ello que las culturas orientales son incompatibles con otros sistemas de valores y que China debe escapar del eurocentrismo con tal de volver a asumir su papel como el Reino Medio. Xu Jilin considera que “el origen de la [actual] crisis no es más que la mentalidad que otorga la supremacía absoluta a la nación, por lo que para abordar realmente la raíz del problema”, escribe, “necesitamos una forma de pensamiento contrapuesta al nacionalismo. Llamo a esta forma de pensamiento un ‘nuevo Tianxia’, una perla de sabiduría axial propia de la civilización premoderna china que debe ser reinterpretada según los criterios modernos”.

Por su parte, los liberales siempre han afirmado “defender la civilización” que, a sus ojos, equivale a la imposición de los derechos individuales y el libre mercado sobre el resto… Cualquiera que se desvíe de esa interpretación deja de ser parte del “mundo civilizado” y quienes se niegan a ajustarse a tal modelo son inmediatamente deslegitimados y denunciados como “poderes autoritarios y antidemocráticos” como si la democracia liberal fuera la única forma de democracia posible. Resulta significativo que desde la década de 1990 las autoridades chinas hayan comenzado a rechazar cualquier crítica en su contra, especialmente en nombre de los derechos humanos, mientras afirman sus “valores asiáticos”. Xi Jinping dijo en enero de 2021 en el Foro de Davos que “la igual que no existen dos hojas iguales en el mundo tampoco existen dos historias, dos culturas o dos sistemas sociales iguales. Cada país es único en todos los sentidos y ninguno es superior a otro. No debemos atacar las diferencias, sino… los intentos de imponer una jerarquía entre las civilizaciones u obligar a alguna de ellas a alinearse con la historia, la cultura y el sistema social de otra”.

Este reconocimiento de la crisis tanto del universalismo como de la hegemonía occidental va de la mano de la sensación de que el orden internacional basado en el equilibrio y conflicto entre Estados-nación se ha acabado tal y como lo previó en la década de 1930 Carl Schmitt (7). El auge de los Estados-civilización implica el inicio de un nuevo orden mundial que ya no puede reducirse al equilibrio inestable entre Estados-nación. A medida que las civilizaciones se conviertan en el eje geopolítico de las futuras confrontaciones esto significará que el nuevo marco de lucha dejará de ser los Estados-nación tradicionales que serán reemplazados por los Estados-civilización. Los Estados-civilización darán lugar a un nuevo concepto de la soberanía que ya no tendrá nada que ver con los Estados-nación. Conviene hacer aquí una observación conceptual, ya que la palabra “civilización” no está exenta de ambigüedades ni mucho menos. Samuel P. Huntington comprendió que el significado de tal palabra varia ya sea que se utilice en singular o plural. No es una casualidad que el libro de Huntington The Clash of Civilizations (1996) fuera traducido al alemán como Kampf der Kulturen, ya que en Alemania Kultur es lo opuesto a Zivilisation y autores como Spengler, por poner un ejemplo, consideraban que la “civilización” era el estadio de decadencia final propio de las grandes culturas. Como ya hemos dicho, los liberales se presentan como los “defensores por excelencia de la civilización”, la cual entienden únicamente en singular, siendo este argumento el que legitimó en el pasado la colonización y que posteriormente llevó a Fukuyama a hablar del “fin de la historia” en el sentido de un mundo totalmente libre de las relaciones de poder. Los Estados-civilización, por el contrario, hablan de civilizaciones (o culturas) en plural, por lo que no defienden a la “civilización” como tal, sino únicamente a su propia civilización.

Ahora bien, valdría la pena preguntarnos hasta que punto los Estados-civilización han tomado el lugar de los imperios, tradicionalmente definidos como Estados multinacionales o incluso multiculturales que gobiernan vastos territorios y pueblos cuya autonomía local era respetada siempre y cuando se atacará la ley común creada por el poder central. El concepto de Estado-civilización se parece mucho al de “Gran Espacio” (Großraum) teorizado por Carl Schmitt, quien lo usó para repensar las relaciones internacionales e ir mucho más allá del sistema creado por los Estados-nacionales. Un “Gran Espacio”, según Schmitt, requiere de un “gran pueblo”, un vasto territorio y una voluntad de mantener su autónoma política. “Los imperios”, escribió, “son aquellas potencias dominantes cuya idea política irradia mucho más allá de sus fronteras y que, por principio, excluye la intervención de poderes extranjeros en su territorio”. Y continua: “El imperio es más que un Estado grande del mismo modo que un Gran Espacio no es únicamente un micro-espacio grande. La lógica que siguen los Grandes Espacios no tiene un alcance universal, únicamente busca integrar dentro de su territorio a terceros países sobre los que ejerce su influencia. Por lo tanto, se trata de un paradigma espacial y no nacional” (8). Finalmente diré que Europa, ese Gran Espacio de hibridación cultural e ideológica que existe desde hace dos mil años, es al día de hoy un lugar neutralizado donde chocan dos concepciones opuestas de la civilización.


Notas:

Trans: La laïcité (laicidad) es un concepto francés que aboga por la separación de la religión y el Estado, garantizando la igualdad de trato y la libertad de creencias para todos los individuos.

Christopher Coker, The Rise of the Civilizational State. Londres: Polity, 2019.

“Konstantin Krylov’s Ethical Theory and What It Reveals about the Propensity for Conflict between Russia and the West”, en Telos 201 (invierno de 2022), p. 112.

Kenn Steffensen, “The Political Thought of the Kyoto School”, en Michiko Yusa (ed.), The Bloomsbury Research Handbook of Contemporary Japanese Philosophy, Nueva York: Bloomsbury, 2017. Véase también John W. M. Krummel, !The Kyoto School’s Wartime Philosophy of a Multipolar World!, en Telos 201 (invierno de 2022), pp. 63-83.

Se dice que el Tianxia alcanzó su época dorada en tiempos del duque de Zhou, un líder militar y escritor que vivió en el siglo XI a. C. y que a veces es considerado como el fundador del confucianismo, aunque vivió varios siglos antes que Confucio.

“La philosophie du tianxia", en Diogène, 2008, 1, pp. 4-25. Véase también Zhao Tingyang, Tianxia, tout sous le même ciel [2016], París: Cerf, 2018.

Amitav Acharya, The End of American World Order, Cambridge: Polity, 2014; Oliver Stuenkel, Post-Western World: How Emerging Powers Are Remaking Global Order, Cambridge: Polity, 2016. Véase también Martin Jacques, When China Rules the World: The End of the Western World and the Birth of a New Global Order, Nueva York: Penguin Press, 2009; Charles Horner, Rising China and Its Postmodern Fate, Athens: University of Georgia Press, 2009.

Karl Peyrade, “Le droit des peuples réglé sur le grand espace de Carl Schmitt”, texto en línea, 23 de mayo de 2017.


Cortesia de: Geostrategia.es

Entrevista historica

 Entrevista de Tucker Carlson al Presidente Vladimir Putin


miércoles, 31 de enero de 2024

@cinevibs

Foreigner- I want to know what love is

¡No lo sabías!

 ¿Sabías que ...


Las trenzas fueron utilizadas  para escapar de la esclavitud.

A finales del siglo XVI en Colombia, un esclavo africano  llamado Benkos Biobo creo la idea de que sus mujeres dibujaran mapas plasmados en las trenzas de su cabeza, para localizar los sitios estrategicos de sus amos. Dado a que los esclavos negros no se les permitia aprender a leer ni escribir. Esto provoco el ingenio de los subyugados para trazar trenzas curvas en sus cabezas para orientarlos en los caminos de escape, a su vez escondieron oro, arroz y otras semillas  en sus peinados para poder sobrevivir durante su travesía. 



En la nueva capital administrativa de Egipto existe un ministerio de defensa semejante al pentagono estadounidense llamado: El octagono.



 Alberto Santos Dumont es considerado para muchos el padre de la aviación por hacer la primera demostración pública de un vehículo levantando el vuelo por sus propios medios, en París (1906). Solamente fue antecedido por los hermanos Wright por hacer la hazaña en un vehículo aereo más ligero en EE.UU (1903)



Igor Sikorsky nacido en 1899 Kiev, Imperio ruso, luego nacionalizado estadounidende. Fue el artifice inventor del helicoptero como producto terminado y fabricado en cadena. Aunque el español Juan De La Cierva habia construido el autogiro en 1920 que fue el precursor del helicoptero, Igor sikorsky fue quién ejecuto su fabricación de manera más sofisticada para 1940.


Cuentos

Don Jorge se casa con Doña Ana

 

A los 85 años de edad, Don Jorge se casó con Ana, de 25 años.

Debido a que su marido es tan viejo, Ana decide que después de su boda, ella y don Jorge deben tener dormitorios separados.

Luego de las festividades de la boda, Ana se prepara para la cama y de pronto se escuchan golpes en la puerta y al abrir está don Jorge, con sus 95 años... listo para la acción!

Concluido el acto Don Jorge le da un beso de buenas noches y vuelve a su dormitorio.

Después de algunos minutos, Ana oye otros golpes en la puerta del dormitorio y es don Jorge, listo para la segunda vuelta!

Sorprendida, Ana acepta, y al final Don Jorge le da un cariñoso beso de buenas noches y se va.

Más tarde, don Jorge está otra vez tocando la puerta, y tan fresco como un muchacho de 25 años... listo una vez más !!!

Y asi sucede dos veces más, Don Jorge regresa con Ana y después de la acción, le da un beso de buenas noches a su esposa y regresa a su cuarto.

Después de una hora, regresa don Jorge por sexta vez y como si nada!

Termina y le da un beso de buenas noches a Ana; en esta ocasión Ana lo detiene y le pide que se no se vaya; está sorprendida y le dice a Don Jorge:

- Me impresiona que a tu edad puedas repetir ésto tantas veces Jorge, en verdad eres un gran amante. He estado con hombres con un tercio de tu edad y son totalmente incapaces de seguirte el paso.

Don Jorge, voltea desconcertado, le pregunta a Ana:

- ¿Cómo!!! ya habia venido antes?


Moraleja:

El Alzheimer tiene sus ventajas!!!!

Que la vida les sonría a todos!

 Frase del Día

Mitología griega

 ✨PEGASO✨

EL CABALLO ALADO


Pegaso era un caballo alado de la mitología griega. Un animal hermoso y bello que se codeaba con dioses y héroes; y es que Pegaso era el caballo de Zeus, dios soberano sobre todos los dioses, algo que sin duda alguna le otorgaba cierta fama ante los fieles. Por tanto era un caballo de lo más famoso y representado en obras artísticas de la época, siendo durante toda la historia del hombre una figura recurrente junto a otros caballos mágicos como el unicronio.


Su nacimiento tiene algunas dudas. Lo cierto es que todas las versiones parecen coincidir que nació a raíz de la muerte de una de las Gorgonas, Medusa, la cual terminó abrazando el sueño eterno gracias a Perseo. No obstante, mientras que en unas versiones se asegura que nació del cuello de la Gorgona cuando Perseo la mató en el mar, otros defienden que nació de la tierra, cuando la sangre de Medusa llegó a la misma.


Muchas veces se habla de que Perseo volaba montado en su lomo, pero lo cierto es que las fuentes nos enseñan que Perseo no necesitaba para ello a Pegaso, pues tenía ya sus sandalias aladas. Aun así, era frecuente verlos juntos representados en obras del renacimiento.


Tiene mucha más relación con Belerofonte, otro héroe clásico; y es que al parecer gracias a Pegaso, este héroe pudo finalmente aniquilar a la Quimera y lograr la victoria sobre las temibles Amazonas.


La mitología griega sigue dándole un papel importante cuando Belerofonte desaparece, así, Pegaso vuelve nuevamente a la morada de los dioses y se pone al servicio de Zeus.


Sin duda era un caballo de lo más apreciado por los dioses, sobre todo por Zeus, que finalmente quiso convertir a Pegaso en una Constelación para que fuera eterno.


Fuente: todogrecia.com




lunes, 8 de enero de 2024

Neoliberalismo Totalitario

 Fin de la Derecha y la Izquierda, triunfo del Turbocapitalismo



Diego Fusaro

Siguiendo las «aventuras de la dialéctica«, como las calificó Merleau-Ponty, la transición al turbocapitalismo (o capitalismo absoluto-totalitario) se puede interpretar como el tránsito histórico desde una forma de capitalismo caracterizada por la presencia de dos clases (la burguesa y la proletaria) a una forma sin precedentes de capitalismo “post-clases”, que ya no se distingue por la existencia de clases en sentido estricto (como subjetividad in se y per se) y, al mismo tiempo, se caracteriza por generar la máxima desigualdad. Este proceso evolutivo también ha determinado la razón profunda de la obsolescencia de la dicotomía derecha-izquierda, «dos palabras ahora inútiles».

Por capitalismo «posclasista«, es decir, literalmente «sin clases«, no debemos entender un modo de producción desprovisto de diferencias individuales y colectivas de saber, poder, renta y consumo. De hecho, estas diferencias aumentan exponencialmente en el contexto de la cosmopolitización neoliberal (cuyo motd´ordre es precisamente el lema «Desigualdad«). Pero no formando, in se y per se, «clases» como subjetividades conscientes y portadoras de diferencias culturales e ideales. Ya que como “clases”, in se y per se, no se pueden considerar ni al Siervo nacional-popular ni al Señor global-elitista. Por paradójico que pueda parecer, justo cuando -Berlín, 1989- el capital comienza a volverse más clasista que nunca y a dar lugar a desigualdades más radicales que las experimentadas anteriormente, se van a ver eclipsadas las clases entendidas como grupos dotados de “in-se-idad” y “per-se-idad”. Más concretamente, los proletarios no dejan de existir e incluso crecen en número, debido a la concentración cada vez más asimétrica del capital. Pero ya no poseen la «conciencia de clase» antagonista y, en rigor, el propio proletariado se convierte en «precariado«, condenado a la flexibilidad y al nomadismo, a la movilidad y a la ruptura de todo vínculo sólido, según las nuevas necesidades sistémicas del turbocapitalismo. La clase burguesa, por su parte, pierde su conciencia infeliz y, junto con ella, también su condición material de existencia. Se proletariza y, desde 1989, se precipita paulatinamente en el abismo de la precariedad.

Mientras el sistema capitalista, en su fase dialéctica, se caracterizó por la división en dos clases y dos áreas políticas opuestas era, ab intrinseco, frágil. De hecho, estaba atravesado por las contradicciones y por el conflicto, como se manifestaba en la conciencia infeliz burguesa, en las luchas proletarias por el reconocimiento del trabajo, en las utopías futuro-céntricas de reorganización del mundo y por último, pero no menos importante, en el programa «redentor» de la izquierda (ya fuera socialista-reformista, o comunista-revolucionaria). Hegelianamente, el capital se encontraba en su propio ser-otro-de-sí, en su propio auto-extrañamiento que debía «superar» dialécticamente para poder coincidir plenamente consigo mismo en la forma de superación de su propia negación.

El Capital, como la Sustancia sobre la que escribe Hegel, coincide con el movimiento de autoposición y con el proceso de convertirse en otro-de-sí–con-sí. Se trata, por tanto, de la igualdad autoconstitutiva después de la división. Para decirlo nuevamente con Hegel, es el volverse igual a sí a partir del propio ser-otro. Su esencia no es la abstracta Selbständigkeit, inmóvil igualdad consigo, sino «el hacerse igual a sí«: la identidad “con sí ” no es dada, sino que se logra como resultado del proceso. Por este motivo, como el Espíritu que teoriza Hegel, el Capital también puede entenderse como das Aufheben des seinesAndersseyn, «superación del propio ser otro». Al desarrollarse según el ritmo de su propio Begriff, es decir -siguiendo la Ciencia de la Lógica-, como realidad ontológica en desarrollo dialéctico, el capitalismo produce una superación tanto de las clases antagonistas, como de la dicotomía derecha-izquierda y, en perspectiva, de cualquier otro elemento dialéctico capaz de amenazar su reproducción.

In specie, este proceso, a lo largo de la pendiente que discurre de 1968 a 1989 y de ahí hasta nuestro presente, se desarrolla -como ha evidenciado Preve- subsumiendo bajo el capital toda la esfera de los antagonismos y de las contestaciones, tanto de la derecha (in primis el tradicionalismo cultural y las protestas de la pequeña burguesía contra la proletarización), como -sobre todo- de la izquierda, ya sea democrática, socialista o comunista (reformismo keynesiano, prácticas redistributivas, welfarismo, praxis revolucionaria, utopía de reorganización igualitaria de la sociedad). Derecha e izquierda son dialécticamente «superadas» (aufgehoben), en sentido hegeliano. Y se transforman en partes abstractamente opuestas y concretamente intercambiables de la reproducción capitalista. Figuran como polos que, alternándose en la gestión del status quo, niegan la alternativa. Y engañan a las masas sobre la existencia de una pluralidad que, en realidad, ya ha sido resuelta para siempre en el triunfo predeterminado del partido único articulado del turbocapitalismo.

Por esta razón, la superación de la pareja adversaria derecha-izquierda no debe entenderse ni como el simple resultado de una «traición» de los dirigentes de la izquierda, ni como un sutil intento contemporáneo de la derecha radical de infiltrarse en el «mundo de los buenos«. Es, por el contrario, un proceso in actu coesencial a la lógica dialéctica de desarrollo del capital. Y en síntesis, la incapacidad para interpretar correctamente el contexto real constituye el error de las aun generosas e ingenuas tentativas hermenéuticas del viejo-marxismo superviviente, guiado todavía de la ilusoria pretensión de superponer al turbocapitalismo los esquemas del anterior marco dialéctico ahora disuelto, cayendo así en el teatro del absurdo; un teatro del absurdo en cuyo escenario se seguiría representando el conflicto entre la burguesía y el proletariado, y en consecuencia, la izquierda podría ser “refundada” mediante un retorno al pasado injustamente olvidado (cuando la cruda verdad es que el conflicto realmente existente, a día de hoy, es el que tiene lugar entre “arriba” y “abajo”, entre “el alto” de la oligarquía financiera y “el bajo” de las clases medias y los trabajadores, cada vez más reducidos a la miseria).

La izquierda no puede refundarse principalmente por dos razones: a) ha mutado el marco histórico (lo que, por tanto, requiere nuevos paradigmas filosófico-políticos que comprendan y contesten operativamente la globalización capitalista y el neoliberalismo progresista); b) alberga desde su origen en una parte de sí -como ha mostrado Michéa- un doble vulnus fundamental: 1) la concepción del progreso como necesaria ruptura con las tradiciones y con los vínculos precedentes, es decir, el elemento decisivo que la llevará indefectiblemente a adherirse al ritmo del progreso neoliberal; y 2) el individualismo iluminista heredado de la Ilustración, que desemboca necesariamente en la monadología competitiva neoliberal. La defensa del valor individual contra la sociedad del AncienRègime se invierte en el individualismo capitalista y en su antropología monadológica, del mismo modo que el derrocamiento en bloque de las tradiciones genera la integración del individuo no ya en la comunidad igualitaria, sino en el mercado global de los bienes de consumo.

El fundamento del capitalismo absoluto-totalitario, en el contexto socioeconómico, ya no es la división entre la burguesía a la derecha y el proletariado a la izquierda. Y ni tan siquiera es, políticamente, la antítesis entre derecha e izquierda. El nuevo fundamentum del global-capitalismo es la generalización no clasista y onnihomologante de la forma mercancía en todas las esferas de lo simbólico y de lo real. Precisamente porque es absoluto y totalitario, el capitalismo supera y resuelve -en sentido capitalista, se entiende- las divisiones que amenazan de diversas maneras su reproducción. Por esta causa, el turbocapitalismo no es ni burgués ni proletario. Y tampoco es de derechas o de izquierdas. De hecho, ha superado y resuelto estas antítesis, válidas y operativas en su previa fase dialéctica .

Con el advenimiento del turbocapitalismo el proletariado y la burguesía son «superados» y «disueltos» -no «in se” y “per se«, se diría con Hegel- en una nueva plebe posmoderna de consumidores individualizados y resilientes, que consumen mercancías con estúpida euforia y soportan con resignación desencantada el mundo subsumido bajo el capital, esto es, un mundo cada vez más ecológicamente inhabitable y antropológicamente deshumanizado. De ahí deriva la sociedad de Narciso, el posmoderno dios de los selfies, de los «autorretratos» de gente triste que se inmortaliza sonriendo.

De manera similar, derecha e izquierda son «superadas» y «disueltas» en una homogeneidad bipolar, articulada según la ahora traicionera alternancia sin alternativa de una derecha neoliberal teñida de azulina y una izquierda neoliberal teñida de fucsia. No luchan por una diferente y quizás opuesta idea de realidad, basada en órdenes de valores distintos y en sus Weltanschauungen entre sí irreconciliables. Muy al contrario, compiten para realizar la misma idea de realidad, aquella decidida soberanamente por el mercado y el bloque oligárquico neoliberal, respecto a los cuales desempeñan ahora el papel de simples mayordomos, aunque con librea de diferente color. En lo alto, sobre el puente de mando, hay una nueva clase posburguesa y posproletaria, que no es de derecha ni de izquierda, ni burguesa ni proletaria. Es la clase del patriciado financiero cosmopolita que, más precisamente, es de derecha en la economía (competitivismo sansfrontières y mercantilización integral del mundo), de centro en la política (alternancia sin alternativa del centroderecha y del centroizquierda igualmente neoliberales), y de izquierda en la cultura (openness, desregulación antropológica y progresismo como philosophie du plus jamaisça).

En resumen, el tránsito hacia la nueva figura del capitalismo absoluto-totalitario se desarrolla a lo largo de una trayectoria que nos acompaña desde 1968 hasta el nuevo Milenio, atravesando la fecha epochemachend de 1989. De hecho, desde 1968 hasta hoy, el capitalismo ha «superado» (aufgehoben) dialécticamente la contradicción que él mismo había provocado en la fase antitético-dialéctica, representada por el doble nexo de oposición entre burguesía y proletariado, y entre derecha e izquierda. Así, el hodierno capitalismo absoluto-totalitario se caracteriza: por un lado, por el eclipse del vínculo simbiótico entre las dos instancias de la «conciencia infeliz» burguesa y las «luchas por el reconocimiento del trabajo servil» proletarias; y por el otro, por la eliminación de la polaridad entre derecha e izquierda, ahora convertidas en las dos alas del águila neoliberal. El turbocapital ha «superado» aquellas antítesis, propias del momento del «inmenso poder de lo negativo» (o sea, del ser-otro-de-sí), y las ha «subsumido» bajo sí mismo, reconquistando la propia identidad con-sí en un nivel superior respecto al de la fase tética, en cuanto fruto del tránsito por el propio autoextrañamiento.


Cortesia de: Geoestrategia.es



CAR-T

 DESCUBREN "INTERRUPTOR" DE MUERTE CELULAR CONTRA EL CÁNCER



POR: AGATHA CAPOTE 


REVOLUCIÓN EN ONCOLOGÍA: CIENTÍFICOS DESCUBREN UN 'INTERRUPTOR DE MUERTE' EN CÉLULAS CANCEROSAS, ABRIENDO UN NUEVO CAMINO EN LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER


Recientemente, científicos de la Universidad de California, Davis (UCD) y la Universidad de Indiana han descubierto un método revolucionario en la lucha contra el cáncer. Su estrategia se centra en activar un "interruptor de muerte" en las células que recubren los vasos sanguíneos asociados a los tumores cancerosos. Estos vasos controlan el acceso al tejido tumoral, y su apertura es crucial para que las células inmunes diseñadas puedan combatir el cáncer​​.


El "interruptor de muerte" es un receptor llamado Fas (o CD95). Al ser activado por el anticuerpo adecuado, induce la muerte programada de la célula​​. Hasta la fecha, ningún anticuerpo Fas había llegado a ensayos clínicos. Sin embargo, los experimentos recientes con modelos de ratones y líneas celulares humanas han identificado anticuerpos específicos que, al unirse a los receptores Fas, desencadenan una autodestrucción efectiva​​.


Esta técnica abre nuevas posibilidades para terapias contra el cáncer como la terapia CAR-T, que utiliza células T del propio paciente programadas para atacar células cancerosas específicas. Estas células inmunes a menudo no pueden superar las células "espectadoras" que carecen de los antígenos reconocibles utilizados para atacar las células tumorales. Como resultado, la terapia CAR-T solo ha sido aprobada para tratar cánceres de sangre o leucemias, y no ha tenido éxito constante contra tumores sólidos​​.


Los investigadores desarrollaron dos anticuerpos ingenierados que fueron extremadamente efectivos al unirse a los receptores Fas y causar la autodestrucción de las células espectadoras. Esto se observó en modelos de cáncer de ovario y en muchas otras líneas celulares tumorales probadas en el laboratorio. Además, los ligandos Fas desarrollados por los investigadores pudieron interactuar con dos partes críticas del receptor Fas, lo que sugiere un gran potencial como futuros objetivos farmacológicos​​.


Esta investigación marca un hito importante, ya que establece las bases para desarrollar anticuerpos que activen Fas, maten selectivamente las células tumorales y potencialmente apoyen la terapia CAR-T en tumores sólidos​​. Este avance representa una nueva esperanza en la lucha contra el cáncer, prometiendo tratamientos más efectivos y dirigidos en el futuro.


El artículo con estos resultados se publicó en la revista Cell Death & Differentiation.



Cortesia de: Pijama Surf